Thursday, August 11, 2011

HÉCTOR AZAR Y SU TEATRO EN COAPA





Por Eduardo Rodríguez Solís


De la serie Carnets de Eduardo Rodríguez Solís
            (Número 97. 7-21-11)



Una vez Héctor Azar me comentó que su acercamiento a las artes escénicas fue “sin querer, queriendo”. Estaba dando clases de literatura en la Preparatoria Número Cinco, que se acababa de instalar en los estudios de cine localizados en la Hacienda de Coapa, cerca de Xochimilco.
Azar daba sus clases y al mismo tiempo reforzaba sus conocimientos de literatura. No era un sabelotodo en asuntos de letras y estaba aprendiendo a la par de sus conscientes alumnos.
Un día el director de la prepa lo mandó a llamar y le preguntó por qué no ponía a los muchachos a hacer teatro. Le dijo, “usted tiene muchos espacios abiertos, donde se puede improvisar un escenario… Si las cosas salen bien, lo que haga en el teatro nuestro, lo podemos llevar a otras escuelas…”
Héctor Azar, enseguida le respondió que él no sabía nada de teatro, que prefería seguir dando sus clases normales. Intrigado, el director le preguntó si él (Azar) era bueno como maestro de literatura… Y Azar dijo que no, pero que estaba aprendiendo para llegar a serlo. “Bueno, pues, haga lo mismo, póngase a hacer teatro para que aprenda sus mañas. Es como pintar paredes, sin ser pintor. Uno adquiere habilidades con el tiempo”, le dijo el director de la prepa.
Azar se entusiasmó entonces, y empezó a reclutar gente… Seleccionó textos poéticos españoles que los estudiantes declamaban mientras se movían abiertamente en el espacio. Al poco tiempo, él y sus muchachos se apropiaron de un “estudio” destechado que tenía las paredes altas. Cortaron la yerba y sentaron las bases para desarrollar el teatro en Coapa.
En otra ocasión Héctor Azar visitó Bellas Artes, y lo mandaron a un lugar donde había ropa de viejas producciones teatrales y operáticas. Le prestaron algunos trapos y muchas capas. Y los actores de Coapa comenzaron a sentirse como los artistas de Broadway. Empezaba la gran aventura.
Las puestas en escena de Coapa se hicieron famosas entre la gente de teatro. Y los críticos iban allá, a Coapa, donde daba vuelta el viento. Héctor Azar y el director de la prepa iniciaron un movimiento cultural que permitió a los propios actores, vestidos y maquillados, ir de pueblo en pueblo tocando tambores y juntando público para sus representaciones.
Pero el suceso más notorio no se hizo esperar. Héctor Azar decidió separarse de La Compañía Nacional de Teatro para fundar el Centro de Arte Dramático, en Coyoacán (CADAC) con el que realizó temporadas de teatro, mostrando siempre las variadas tendencias artísticas de la escena mundial. Azar nos dejó un legado excelente, que podemos descubrir en sus alumnos, su obra publicada, su alma cándida que recordamos y su ejemplar disposición para las letras y las artes escénicas de México.



Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)

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