Monday, December 10, 2012

LA INEVITABLE NAVIDAD


 
 
Por Eduardo Barrios, S.J.
 
 
            No se puede llegar al 26 de diciembre sin pasar por el veinticinco. Guste o no, el recién nacido en Belén de Judá hace 21 siglos se hace presente en la vida pública cuando llega el día de Navidad.
            El Señor Jesús no fundamenta la fe religiosa de todos los habitantes del planeta, pero todos sí tienen que contar con él como personaje imprescindible de la cultura mundial.
            En tiempos de fiestas enraizadas en la religión, algunos se sienten mortificados. Sucede que no sólo hay agnósticos o personas que no creen en Dios, sino que también existen aquellos que se le oponen. Andan molestos durante los días navideños, pues no pueden impedir que salten a la calle algunos testimonios de fe. Los contestatarios se caracterizan por su amargura y militante oposición a las expresiones religiosas. Lo hacen con sospechoso fervor “religioso”.
            En una ocasión, comenzando las decoraciones navideñas, hubo controversia en Miami por un letrero que apareció en un parque público que expresaba en inglés una contundente verdad: “Jesus is the reason for the season” (Jesús es la razón de la estación). Se encolerizaron los contestatarios y los anti-cristianos.
            Lo más curioso es que el influjo religioso en la cultura universal obliga a los que no creen en Dios a valerse inadvertidamente del lenguaje devocional. En la Cuba marxista pueden leerse cartelones como éste: “Gloria inmortal a los mártires del Moncada”. El letrero toma prestadas tres palabras del mundo religioso: gloria, inmortal y mártires. También se reportó que un día Fidel Castro habló en una escuela sobre problemas educativos, señalando que para resolverlos se imponía hacer “un serio examen de conciencia”. Al célebre autócrata se le escapó una reminiscencia de cuando estudiaba en colegio católico. En su memoria afloró la frase “examen de conciencia”, el primer paso, según le enseñaron los jesuitas,  para la confesión sacramental.
            El mes pasado, también en Miami, un contestatario defendía la separación Iglesia-Estado (algo justo, si se entiende bien), llegando a llamar “sagrada” a la primera enmienda de la Constitución norteamericana. No pudo escoger una palabra más religiosa, “sagrada”.
            Pues bien, la Navidad continuará celebrándose el 25 de diciembre. Duélale a quien le duela, existen millones de seres humanos impactados por la natividad, vida, pasión, muerte y resurrección de quien origina la fiesta de Navidad.
            No se puede tapar el sol con un dedo. Aunque no han faltado débiles discípulos de Jesús que han tiznado el buen nombre del Cristianismo, siempre ha existido un gran número de cristianos coherentes. Éstos han hecho de nuestro globo terráqueo un mundo mejor.
            Quienes se quejan de lo mal que va la humanidad, no se imaginan lo mucho peor que estaría si hubiese faltado la luz que trajo Jesucristo.
            El balance es archipositivo. En el mundo nunca ha sucedido nada mejor que el evento-Jesús. Su nacimiento, por tanto, merece celebrarse por todo lo alto. Por encima de los anodinos muñecos de nieve y de los insulsos trineos de las decoraciones seculares, en muchas conciencias siempre emerge cada vez más majestuoso y relevante el nombre de Jesús, el Logos de Dios hecho hombre, el Salvador del mundo. ¡Que siempre disfrutemos de una Feliz Navidad en nombre del Señor!
 
 
Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en Gesu Catholic Church y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald. (ebarriossj@gmail.com)
 

Friday, December 7, 2012

A THANK-YOU NOTE



 



Dear Preaching Angel,
 

Craig Brian Larson once wrote, “Going the extra mile doesn’t usually make good business sense, but it makes great spiritual sense.” What you do for your/our community is very valuable: you preach kindness. We must preach kindness, with our words and attitudes, to those around us at all times, regardless of what we are called to do for living. When I catch myself forgetting or refusing to act in kind ways, I think of a very special person who preaches goodness by simply being who he is. Goodness is so natural in him that people can’t help but love him. Any person would want to spend hours and hours near him. Like many others, my world became more beautiful and filled with hope because of him. Knowing he is alive and well is all that matters!
Your ongoing kindnesses are also dearly appreciated. “Unlikely” or not, you’re a good, resilient angel. But even angels sometimes may feel lonely, blue or misunderstood though they seem to have a million friends, put on pride every morning and keep preaching their hearts out. When I receive email newsletters, I automatically hit the Delete button, except for yours. I couldn’t say whether I am too childish, too spiritual, or too arrogant for, as strange as it may sound, I personally believe Jesus “preaches” to me that “it’s not always going to be this gray” through your writings. I have been refreshed and inspired by every story.

Thank you,
TGW


 
 

Saturday, December 1, 2012

DEL VERBO IR


 

 
 
Por Nara Mansur


Voy a romper el hechizo.
Voy a fingir.
Voy a llorar como llora un niño.
Voy a decir que sí.
Voy a estar viva, voy a morir.
Voy a intoxicarme.
Voy a quedarme en silencio.
Voy a acatar las órdenes.
Voy a obedecer.
Voy a llevarte café a la cama imperial.
Voy a Buenos Aires, siempre.
Voy a ser maestra.
Voy montada en un burrito, sí señor.


Esas ganas tan inmensas que tenía Leonardo de volar
con alas de pájaro
con alas de hombre.
Esas ganas genéticas de hacer la revolución a cualquier precio
(un dólar a veinte pesos)
esas ganas, ese odio de amar, para amar.


Voy a fingir.
Voy a hacer que me voy. Voy a irme. Voy a hacer algo.
Voy a hacer las maletas. Voy a levar anclas.
Voy a hinchar las velas. Voy a zarpar.
Voy a prender los motores. Voy a volar. Voy a volar.
Voy a huir. Voy a escapar.


“Voy a romper el hechizo
  voy a llorar como llora un niño
  no llora porque esté triste
  llora para informar
  tranquilamente.”

 

Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Friday, November 23, 2012

ESTABA NEVANDO MUCHO



 
 
 
(Un cuento cargado de buenos deseos para los amigos)
 
Por Eduardo Rodríguez Solís


       Estaba nevando mucho, casi no se veía a dos metros… Pero el Santa Claus iba caminando con energía. Quería repartir sus regalos. Estaba todo bien resbaloso.
      De pronto, la nieve hizo que Santa diera una vuelta en el aire. Y perdió una bota… Pero se levantó, como buen soldado.
      Más adelante, volvió a resbalarse el Santa, y perdió su otra bota. Pero había que seguir adelante. La labor tenía que continuarse.
      Otro resbalón y Santa se quedó sin su sombrero. Luego volvió a perder el equilibrio y perdió su barba y sus lentes.
      Más adelante, se fue rodando por la calle, entre la nieve, y perdió Santa sus pantalones. Pero se volvió a incorporar. Había que repartir sus regalos.
      Ya casi llegaba a su destino cuando vino otro resbalón y, después de tres vueltas, perdió su saco.
      Entonces, todo mundo se dio cuenta que Santa era Superman disfrazado. Sí. Era el hombre de acero. El Salvador de todos. El que nos protege de los malos.
      El Santa Claus ya sin disfraz, medio tambaleante, se fue caminando con cuidado hasta su último destino. La casa de Mr. Mitt, donde tenía que dejar varios regalos.
      Caminó entonces el Santa, ya sin disfraz, con cuidado, para no caerse. Pero, vino un resbalón y se pegó en la nariz, sangrando un poco.
      Con trabajo, ya rendido, se fue movilizando con su traje de Superman, pero se volvió a resbalar, y casi se le sale su dentadura postiza.
      Subió con extremo cuidado los últimos escalones, que eran treinta, y estaban con una capa de hielo. Y se volvió a caer y se golpeó las rodillas.
      Llegó al final a la puerta de la casa de Mr. Mitt, y tocó el timbre… A poco, una viejita, que se llamaba Hillary, abrió la puerta.
      Santa preguntó por Mr. Mitt, porque le traía unos regalos, y la viejita dijo que ahí ya no vivía Mr. Mitt, que todos se habían ido a vivir a Washington.
      Entonces, Superman, que era Santa Claus, se enojó y brincó de rabia y se resbaló y se fue rodando por los escalones.
      Al final, con lágrimas en los ojos, le deseó a la viejita Hillary feliz navidad, y comentó en voz alta:
      --No mameyes, que son de piña.


Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)           

Sunday, November 18, 2012

CARTAS




Por Nara Mansur

De su poemario Un ejercicio al aire libre (2004)


Querida tía:

Tía tía tía tía tía tía tic tac tic tac
podrías vivir debajo del puente del río Almendares
helado de almendra, ponte al día
alánimo

Querida Rosa Ileana, felicidades por el premio.
Querida Julia, no encontré el dinero para el pasaje.
Queridos Ignacio y María, no he escrito más poemas.

No me he despedido, no me he decidido, no he buscado.
No he mentido, no he querido, no he entendido.
No he considerado, no he notado ningún error en la limpieza.
No he avisado a nadie, no he besado.
No he olvidado, no he empezado, no he encontrado.
No he perdido, no he comprado.
No he acusado, no me he refugiado.
No he sabido más nada, no he sucedido.
No he vuelto, no he llamado, no he escrito.
No he besado, no he votado, no he bailado.
No he llorado menos.
No he arreglado mi vestido más.
Más, más, más.
Menos, menos, menos.
Nada, nada, nada.

Te quiero mucho.

 
Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Wednesday, November 14, 2012

UN RINCONCITO PARA VIVIR


Foto: Isabel Pérez Lago
 
 
 
Por Eduardo Rodríguez Solís


La muchacha va caminando por el borde del precipicio. A veces mira hacia abajo, hacia el fondo de esa barranca y ve muy pequeños los animales que pasan por ahí. Una ardilla parece una hormiga y un pájaro azul que vuela hacia abajo semeja a un insecto cualquiera. Ella se desliza con algo de miedo, pero no deja de moverse al borde de ese accidente topográfico.
            Ha tenido problemas en su casa, y le han dicho que se vaya por el mundo a buscar sus propios horizontes. Va con lágrimas en los ojos y sus suspiros son muy prolongados. Y todo lo que sufre es por un amor. Nadie, absolutamente nadie, está de acuerdo con esa relación. Ella, hija de un leñador, no puede ser esposa de un leñador. Hay que cambiar los panoramas. Bueno, ése es el pensamiento de toda la familia.
            Natalia se llama la mujer sufrida. Casi llega a los veinte años. Es muy platicadora y le gusta hacer dibujos, que luego regala. En esos papeles expresa muchas cosas. Sus trazos, sus siluetas, sus paisajes y sus pájaros que siempre vuelan, “hablan” de sus sentimientos. Quien recibe uno de esos dibujos tiene que sentirse señalado por los dioses.
            Una vez, uno de sus papeles sagrados (como ella los denomina) llega a manos del hombre más viejo del pueblo, quien enmarca el bello trazo, colocándolo en el frente de su casa. La imagen tiene a una extraña mujer levantando las manos, como pidiendo algo al creador.
            La gran mayoría de los que pasan por ahí, consideran el dibujo como algo divino, y muchos hasta dicen que se trata de una virgen. “La virgen del precipicio”, le llaman unos.
            Cansada, quizás aburrida, Natalia detiene su marcha, y se sienta en una gran piedra. Saca de una bolsa que lleva a las espaldas unos papeles y un lápiz. Y se pone a dibujar.
            Dibuja una paloma que está suspendida en el aire. Y alrededor de ésta escribe un texto. “Ser que vuelas entre las flores y que te acaricias en las nubes. Quiero ser como tú.” El dibujo lo vuelve una bola de papel, que aprieta con fuerzas. Y luego, por allá va a arrojar la suave pelota.
            En otro papel traza la imagen de un caracol que va subiendo una pendiente. Dando la vuelta redacta “caracol que cargas tu casa, dame un rinconcito para vivir”. Luego hace pedazos el papel y allá se va una especie de confeti.
            El cielo que era azul claro, con varios rayos se torna gris. Entonces la linda muchacha Natalia se aleja del borde del precipicio, y da vuelta hacia el sur por una vereda que parece muy caminada.
            Con la caída de la lluvia el llanto de Natalia se disimula. Como que el dolor de su alma se vuelve polvo. Nace entonces en su rostro una sonrisa. Y sabe que el amor de su leñador permanece suspendido en algún lugar. Sí. Ella lo sabe. Se hicieron promesas de amor y las dejaron inscritas en un viejo roble.
            Al terminar de bajar una pendiente floreada sale a lo lejos un arcoíris, y Natalia piensa que en el lugar donde nace o muere el arcoíris encontrará  un cofre. Ahí están todos los deseos acumulados. Todo lo que ha crecido con ese amor que se tiene.
            A la mitad de un puente de madera, por donde vuelan mariposas azules, la muchacha enamorada cierra los ojos y se imagina muy cerca de su leñador. Él le dice unos versos muy lindos. Pero el amable espejismo se viene abajo. Todo es una mentira triste.
            Cuando llega la noche se puede ver a la linda Natalia recostada en el heno, dentro de una cueva, cerca de la orilla de un arroyo. Desesperadamente, la muchacha quiere atrapar un bonito sueño. Pero no es posible. La humedad y el intenso canto de los grillos hacen esto imposible.
            Con las primeras luces del nuevo día, se tiene que iniciar el camino de regreso. Es absurdo seguir adelante. Natalia lo sabe. Hay que caminar senderos conocidos. Y cuando empieza a ver las primeras casas de su pueblo, alguien le arroja una rosa roja. Pero ella sigue adelante, sin voltear los ojos.
            Cuando la rosa número cuatro cae, Natalia mira.
            --¿Quieres más lluvia de rosas rojas? –pregunta el joven leñador.
            --Quiero –dice la muchacha Natalia.
            Y cuenta la leyenda que la pareja se fue a vivir sobre una montaña. Poco a poco construyeron una cabaña de dos pisos. Edificaron su vivienda con mucho trabajo y amor. Y trajeron semillas de muchos lugares y cultivaron un hermoso jardín. Ella siguió haciendo sus dibujos y él supo cortar con inteligencia árboles muy altos.
            Con el tiempo creció la familia, y todos supieron trazar bellos dibujos. Y un día el rey de la comarca quiso que Natalia hiciera el nuevo escudo real del palacio. El rey quedó muy complacido, y hasta quiso que el esposo de Natalia fabricara un nuevo portón para su castillo. Y después, otros reyes de otras comarcas quisieron escudos y portones nuevos.        
                       

Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)           

Saturday, November 10, 2012

ORIENTALISM BY EDWARD SAID






Though Orientalism by Edward Said has been severely criticized by some scholars, it is a very influential and enlightening book. In Orientalism, Edward Said analyzes what it means for the “colonists” and the “colonized” the act of building up cultural structures in reference to their economies, ideologies, geographies, academic understandings, values, and positions in the world. He explores the extent to which the Orient is perceived as a European invention, due to the representational character of “Orientalism.” In this regard, Said emphasizes “the Orient is an integral part of European material civilization and culture” while orientalism assumes a mode of discourse with “supporting institutions, vocabulary, scholarship, imagery and doctrines” (1-2).
Said defines a number of interdependent thoughts concerning Orientalism. One of them has to do with showing Orientalism as a Western style of belief “based upon an ontological and epistemological distinction made between the Orient and the Occident” (Said 2). As a cultural discourse, Orientalism has been a “corporate institution for dealing with the Orient” by making statements about it, describing it, and ruling over it since the late 18th century (Said 3). Said argues that, in speaking about Orientalism, we must refer to a British and French cultural enterprise, a project of disparately imaginary dimensions that includes the whole India and the Levant, the Biblical texts and lands, the spice trade, colonial armies and other complex arrays of ideas derived from the British and French’s experiences of the Orient (4). Said questions issues such as the lack of consistency between Orientalism and its ideas about the Orient, the configurations of power, the verisimilitude in the created bodies of theory and practice, and the systems of knowledge in relation to hegemonic endeavors as well as the “detailed logic governed not by empirical reality but by a battery of desires, repressions, investments, and projections” (8).
Said uses Orientalism, mainly, as an excuse to expose other topics, including the use of knowledge to manipulate and intervene in neighboring cultures. Knowledge may be used for imperialist purposes, serving Empires to distinguish what is of economic, sociological, or historical value, and what is not worth keeping. In talking about the Western imperialist plot with regards to the “Oriental” world, Said says that “it is a distribution of geopolitical awareness into aesthetic, scholarly (…) and philological texts; it is an elaboration and a whole series of ‘interests’; it is a certain will or intention to understand, control, manipulate and incorporate what is different, alternative or novel; it is a discourse produced by various kinds of power” (12). As part of a greater entity called knowledge, Orientalism also provides the points of departure, an established path of thought, cannons of taste and value, “so as to enable what follows from them” (16-19).
In his study of the authoritarian character of knowledge, Said employs two concepts. One of them is the strategic location, which refers to “the way of describing the author’s position in a text,” and the strategic formation that involves a method for analyzing the relationship between texts and the way in which they acquire “mass, density, and referential power among themselves and thereafter in the culture at large” (20). As Said affirms, “Orientalism responds more to the culture that produced it than to its putative object,” which, ironically, has been also produced by the West (22). From this perspective, the Oriental world gains intelligibility and identity after it has been manipulated, encapsulated and represented by the dominating frameworks of the West (Said 40). That is why, when travelling in the country of his specialization, the Orientalist was more interested in proving the validity of “musty truths” by applying them to the natives (Said 52) than in really learning from the people and their culture.

 

Wednesday, November 7, 2012

EL PATIO DE MI CASA ES PARTICULAR



 
 
Por Nara Mansur

De su poemario Un ejercicio al aire libre (2004)

 
Hoy es de esos días en que barro el patio
leo extrañas dedicatorias, etiquetas de galleticas dulces
restos de bugambilia se adhieren a los dedos de mis pies.
La noche se acerca como tanta gente
la sala se hace necesaria porque oculta a los anfitriones
y en las hebras de mi pelo se esconden las palabras amables
el café, los aderezos de la comida y el adiós perfecto.
Ellos sonríen: “Mañana tomaremos Berlín”, dicen
Y yo sueño el paisaje de las blancas noches, Alemania:
¿Tu mirada habrá descansado allí alguna vez?
¿Alguien llevará café en la mañana hasta tu cama?
Cualquiera está sobre el puente, entre la vida y la muerte
entre la casa y la calle, entre los padres y el desarraigo
entre la democracia y el fascismo, entre lo público y lo privado.
La patria ya no es derivación del padre
sino una almohada que te alcanza para no más de diez años
una funda de lienzo que te evapora las legañas, los mocos
la traición, las aguas menos turbulentas y grises.


Hoy padezco de ese estado inmovilizante de la melancolía
cuando mis ojos cansados de mirar se vuelven de vidrio.
Otra vez, en este año, me marchito junto a las flores del patio
los pétalos hacen un dibujo incomprensible sobre mi rostro
árabe, jeroglíficos, soldaditos de plomo, otros jardines.
¿Será esto envejecer? ¿Dejar de amar?
¿Renunciar a sentir algo, un error otra vez?
La sensación de la pregunta permanece como tu gesto
sobre todo en días sin nubes, cuando el cielo es azul todo el tiempo
y es más fácil construir amantes de algodón.
Mi mirada entonces incorpora nuevos bálsamos al otoño
nuevas flores sin espinas, tu perfume y fotos de mi niñez.

 
Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Sunday, November 4, 2012

EL HUMILLANTE CICLÓN SANDY




 
Por Eduardo Barrios, S. J.


            Que el reciente huracán arrasase una ciudad de envejecida infraestructura como Santiago de Cuba, se entiende.
            Pero que haya causado tantos estragos en zonas primermundistas como New York y New Jersey sorprende. El golpe constituye toda una humillación para el desarrollo, las altas tecnologías y las sólidas finanzas.
            Los desastres naturales dejan claro que el hombre no tiene pleno control del Cosmos. Muestran su vulnerabilidad y mortalidad.
            Las catástrofes obligan al ser humano de hogaño, igual que al de antaño, a responder a las grandes preguntas de siempre, las mismas que el Concilio Vaticano II lanzó al mundo hace 47 años:
            "¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué sentido último tiene la acción humana en el universo? ¿Qué hay después de esta vida temporal?" (GS n. 10)


Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en Gesu Catholic Church y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald. (ebarriossj@gmail.com)

Thursday, November 1, 2012

ERIKA RIVERA Y EL VAGONCITO VERDE






Por Eduardo Rodríguez Solís

 
      A Erika Rivera, que es Rivera por el apellido de su primer marido, le gustan mucho las flores, las plantas. A mí (que soy el segundo) me gustan también. Ella es alemana, pero cuando la guerra, la familia se tuvo que ir a Luxemburgo. Durante su niñez, corrió por campos y praderas, y pudo recoger zarzamoras para luego hacer mermelada. Era lo que se llama una amante de la naturaleza. Y esa pasión le ha seguido por todas partes.
      Le gustan tanto las actividades del jardín, que una nieta, recién le regaló un vagoncito para cargar cosas de un lado a otro. Ese obsequio llegó en una caja y había que armarlo. Siendo un producto chino, sus instrucciones venían en inglés y en español. Era un rompecabezas sensacional que casi se necesitaba un doctorado de la Universidad de Oxford para armarlo con éxito.
      Utilizando toda la capacidad de mi cerebro (ojo: uno usa muy poquito para las cosas de la vida), empecé con la tarea. Y ahí me fui, poco a poco, poniendo tornillos, fierros y tuercas… Pero tuve un accidente… Una tuerca se me fue rodando y cayó en la rendija que hay entre dos secciones del patio de cemento… Y me sentí perdido…
     Entonces me acordé que Johanna, la madre de Erika, tenía un anaquel con muchos cajoncitos, llenos de clavos, rondanas, tornillos y tuercas… Busqué y busqué, y lo encontré… Y en el segundo cajón encontré la tuerca que me faltaba… Grité varias veces “eureka”, y terminé de armar el vagoncito…
      Johanna Kohl, cuando se fue de este mundo, nos dejó su casita llena de recuerdos. Varias colecciones de revistas y catálogos que le llegaban de Alemania, muchos enanitos de plástico o de madera, de la buena suerte (vestidos a la usanza alemana), y muchos botes sin abrir de café muy bueno (cosa que nos duró varios años)… Y tantas y tantas cosas…
      Johanna Kohl, buena mujer alemana, mamá de Erika Geimer Rivera, me salvó la vida. Gracias a ese anaquel ordenado de clavos, rondanas, tornillos y tuercas, pude terminar de armar ese vagón verde…
      Algunos de los enanitos de la buena suerte se vinieron a nuestra casa. Son buenos compañeros y se puede –si uno tiene imaginación—platicar con ellos. Son como la gente de campo, sencillos y siempre están listos para ayudar… Sólo hay que gritarles… Y vienen luego luego…
      El vagoncito verde tiene su personalidad. ¿Por qué no?


Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)           

Sunday, October 28, 2012

AUSENCIA NO QUIERE DECIR OLVIDO


Foto: Isabel Pérez Lago

 

Por Nara Mansur

de su poemario Un ejercicio al aire libre (2004)


No memorizo nada.
Tengo que mitificar mi defecto para que me perdonen
para que se olviden de mi culpa
“Dicen que es mentira que te quiero
porque nunca me habían visto enamorada”.
Otros deciden lo que es un acontecimiento
en este corazón.
Sin embargo
me paso las horas culpando a los inocentes sin pasado
culpando al imperialismo, la neurosis, la falta de voluntad.
No memorizo ni siquiera mi temblor, el hipo
“el fuego que me hiela”.
Cada día de ilusiones me engaveta una certeza
mejor no explicar nada, saltarse el orden de los saludos
estar solitariamente solos en la soledad.

 
Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Thursday, October 25, 2012

UNA MUJER CONTRA EL TIEMPO



 


Por Eduardo Rodríguez Solís


      Alguien interpretaba la “Samba de una sola nota”, de Jobim. Pero los acordes sonaban como copas de cristal.
      Y por la ventana vi a una mujer joven, vestida de blanco, que estaba frente a un instrumento musical. Era una extraña marimba que yo ya había visto en algún circo… La pista estaba regada de aserrín dorado, y un payaso triste, pobrecito, con los pantalones remendados, daba sus golpes con unos palitos a muchas botellas colgadas, y llenas de agua.
      Pero esta mujer que yo veía por la ventana, golpeaba sus botellas de una manera muy suave. Y bailaba y disfrutaba de esa música brasileña.
      El payaso hacía su música con agresividad, muy dueño de la situación, y esa mujer que estaba del otro lado de la ventana, creaba su música con delicadeza, con sensualidad.
      Entonces me salí de la casa y me acerqué a la mujer.
      Vi entonces su rostro. Tenía la cara pintada de color aluminio y las sombras de sus ojos eran moradas.
      --¿Te gusta? Es lo único que me sé. Apenas si toco las botellas –me dijo.
      Al lado de su instrumento musical estaba una vasija de barro, que tenía tres patas. Estaba llena de agua y el líquido se le derramaba lentamente, por un agujerito que tenía abajo.
      Me puse a ver este objeto por todos lados.
      La mujer dejó de tocar su música.
      --Esto es una clepsidra. Un aparato fantástico. Mide el tiempo. Es un reloj. A donde quiera que voy, va conmigo –dijo la mujer de blanco.
      Dijo entonces que la clepsidra fue el primer reloj que hubo en el mundo, y que en Egipto todavía se usa. Su fabricación data de 1400 años antes de Cristo.
      --¿Y por qué viajas con la clepsidra? –le pregunté.
      Y dijo que siempre quería saber el tiempo. Y entonces me señaló unas marcas que tenía el aparato.
      Y como sus ojos se me hicieron conocidos, y ella lo notó, me dijo que el primer payaso que había visto tocando las botellas de agua, trabajaba en un pequeño circo, en el pueblo de Tacuba.
      --¿Se llamaba Zanahoria? –le pregunté.
      Todo comenzó a dar vueltas…Éramos niños y estaba yo mirándola, mientras el payaso Zanahoria tocaba su versión de la “Samba de una sola nota”.
      --Y me regalaste una flor –me dijo la mujer.
      --Era una pequeña rosa, color blanco –le dije.
      Cuando la niña llegó a su casa con la flor, la puso en agua, en un vasito que tenía forma de sirena. Y, luego, cuando se secó, la metió entre las páginas de un libro de un poeta llamado Leopoldo Ayala.
      Nos quedamos en silencio, pero en nuestros adentros se escuchaba la música de Jobim… Con una sola nota se alegraban los corazones.
      Luego, hablamos de relojes de cuerda y engranes, y ella, con una ramita, puso en la tierra el año en que esos nuevos mecanismos empezaron a medir el tiempo.
      --Año mil trescientos treinta y cinco, de nuestra era –le dije.
      Y cuando la bonita mujer dijo que alrededor de 1582, Galileo había estudiado la posibilidad de incorporar un péndulo al reloj, yo grité muy fuerte y le dije que dentro de la casa yo tenía uno de esos relojes.
      Entramos y nos pusimos a contemplar ese aparato que estaba colgado en la pared… Y dieron las doce de la noche y sonó el gong, repetidas veces.
      Las percusiones del gong se volvieron un vals muy suave, con la misma melodía de Jobim.
      Bailamos, llenos de felicidad. Caían las paredes y aparecían secciones del jardín… Entonces, sin soltarnos de las manos, nos fuimos hasta una fuente que tenía un gran número de ranas de cerámica por las cuales brotaba el agua.
      --Se parece a la clepsidra –dijo la mujer de blanco.
      Y sí, era nuestra clepsidra, un bello instrumento que nos habían regalado los dioses.
      Entonces, metimos los dos las manos a la frescura de la fuente, y mientras lo frío del agua nos inundaba, la aparición de la bella mujer, con su marimba de botellas y su fabulosa clepsidra, se esfumó… Lentamente…
      Y al final, afuera de mi ventana, sólo quedó el susurro del viento entonando la “Samba de una sola nota”.
 


 

Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)