Friday, May 24, 2013

GARABATO No. 11



     

Por Eduardo Rodríguez Solís


      Un viejo ropavejero, que grita siempre “ropa vieja para regalar”, ha tenido la costumbre de tocar todos los días a mi puerta, para pedir un poco de agua de limón.
      Le gusta mucho mi limonada, y una vez me dijo que esa agüita como que parecía agua bendita de reyes y príncipes.
      Él viste de lo que recoge y trae en su cuello diez corbatas que algún día se usaron en fiestas y ceremonias religiosas.
      Una vez me enseñó la etiqueta de una de ellas. Tenía seda italiana y su diseñador era francés. Era esta prenda su gran orgullo.
      Cuando recogía una corbata “nueva”, si le gustaba, se la ponía al cuello, y con mucho dolor eliminaba una de las corbatas que tenía puestas. Pero la corbata italiana del diseñador francés siempre se quedaba en su sitio.
      Este hombre, que había nacido en la isla Culebra, de Puerto Rico, otra vez me contó parte de la historia de una doble coleccionista.
      Era una niña huérfana que siempre salía de su cueva (ah, porque, la verdad, vivía dentro de una cueva oscura y misteriosa), y se iba a caminar por donde fuera. Llevaba dentro de su morral, que es una bolsa tejida con varas secas, dos frascos.
      En uno echaba los oritos que encontraba. Esas cosas eran como pedazos de oro de muchos quilates… Pero no eran más que envolturas de chocolates y dulces.
      Buscaba estos tesoros en el suelo o en montones de basura, que la gente desordenada tiraba por las calles.
      Luego, ya en su cueva, aplanaba los oritos y los metía en un tomo viejo de poesía de un escritor español llamado Federico.
      En el otro frasco iba metiendo cucaras que le gustaban. Esas cucaras eran lo que conocemos como cucarachas.
      Si eran bonitas, se iban al frasco. Si no valían la pena, se les dejaba en libertad.
      Ya en su cueva, organizaba las nuevas cucaras. En cada caparazón les ponía, con tinta permanente, un número.
      Y cuando una cucara moría, hacía toda una ceremonia, como si se tratara de un ser humano. Hacía un agujero y ahí colocaba el cuerpecito y, luego, con una varita, ponía una inscripción… “Aquí yace mi amada cucara número 435. Descanse en paz.”
      Un día, cerca de la Navidad, me dijo el viejo ropavejero que la coleccionista había desaparecido, con todas sus cucaras y sus oritos.
      O se murió o se consiguió su príncipe azul. Sabrá Dios.



Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)

Wednesday, May 22, 2013

BRIDGE OVER TROUBLED WATERS




Por Nara Mansur

De su poemario Un ejercicio al aire libre (2004)


Avanzar no significa un movimiento hacia adelante
no está relacionado con el después.
Ahora tengo los zapatos puestos, ahora tengo sed
pero no exactamente ganas de tomar agua agua
me refiero a cierta abertura de la boca
una disponibilidad para la rebeldía
el conocimiento de mi cuerpo líquido
las torpezas posibles cotidianas
el crimen de la imprecisión porque me afecta.
Oler a ti.
Leer un apunte nocturno diluido
al público que dice la verdad en el intermedio
que no puede irse como quisiera
y mira las lámparas que no tiene dinero para comprar.
Avanzar se me hace necesario
para dejar atrás los fragmentos de mí misma
una serie de cuerpos, pequeñas cárceles
los casuales sorbos de agua, las revoluciones abortadas
las uñas coloreadas con sus lágrimas secas.
Le confieso a mi madre que en la imaginación
es la felicidad perfecta
aunque no sepa disfrutar casi nada ya
y entre las hebras de mi pelo
aparecen las palabras perdidas
como los platos y las bebidas de un menú.



Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Sunday, May 19, 2013

GARABATO No. 10






Por Eduardo Rodríguez Solís


      Se acerca a la ventana y trata de entender el paisaje que se ve. Entre los árboles hay muchos monos araña que brincan y llaman la atención. Se trata de changos que provienen del trópico, de lugares muy soleados y cercanos al mar.
      Se viste con rapidez y se moja la cara para bien despertar. La noche ha sido de muchos sueños, pero se ha dormido profundamente. Baja las escaleras de dos en dos y sale de su casa sin permiso. Quiere hacerse amigo de los monos araña.
      El capitán Mustafá, quien es el dueño de todos esos animales escandalosos, le ha dicho que sus changos son muy sociables. Por eso va corre y corre hasta donde están esos árboles.
      Él es un muchacho joven, pelirrojo, que le gusta la aventura. Siempre anda inventando qué hacer en los días aburridos, que son muchos en su vida.
      Cuando llega a su destino, los changos araña le hacen rueda, y brincan, como buscando pelea. Entonces el joven pelirrojo busca palabras para explicar su sano comportamiento, pero los changos no entienden su idioma.
      En las caras de los monos araña hay furia, pues piensan, si es que piensan estos animalitos, que el pelirrojo ha llegado a causarles daño. Es que de sobra saben, si es que saben los monos, que el hombre siempre los ha tratado mal.
      El pelirrojo se asusta y empieza a correr como un gamo. Va perseguido por una manada de changos y se imagina que su vida está acabando. Brinca piedras y salta arroyos y está lleno de desesperanza. Su corazón casi se le sale.
      Entra a un túnel oscuro y ahora parece que va solo en su carrera.
      Sale a la luz y camina con sus pies descalzos. Hay vidrios y tornillos y tuercas en el suelo, pero no se sienten. “La vida está cambiando”, piensa.
      Llega a su casa y se llena de tranquilidad. Ahí se puede respirar a gusto.
      Sube las escaleras y se encierra en su cuarto. Se mira las manos y no puede creer lo que le sucede.
      Va al baño y se planta frente al espejo que está del piso al techo. Ya no es el mismo. Ya es otro ser viviente.
      Ahora es un mono araña.


Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)

Thursday, May 16, 2013

GISELLE BEIGUELMAN -THE BOOK AFTER THE BOOK



$4.97 Hallmark Card (Detail)
 


The Book after the Book thrusts us into a new visual aesthetics, using technological devices. The Book after the Book is perhaps closer to the visual arts than to the field of literature. But, these two categories are nothing else than processes of experimentation, or what Italo Moriconi defines as “prácticas de experimentación que afectan o se moldean en diferentes circuitos de recepción.” The Book after the Book develops other zones of perception, in contrast to regular readings, through which content/form is channeled and networked via the virtual space. We can argue that in the Book after the Book era, we should refer to the reader as a user who performs not only a “reading” but also other actions in the process of approaching an online hypertext. As André Lemos affirms, “Today we have to take into account a new form of territory in contemporary societies: the digital, informational one” (4). This informational territory is defined by electronic flows (Lemos 4). The Book after the Book works in this informational territory generating active and interactive responses from the users.


In The Book after the Book, inspired by Jorge Luis Borges’s The Book of Sand, Giselle Beiguelman presents an installative collection of digital screens where mobile messages, letters, numbers, and options appear. She seems to be extending the notion of book in connection with the browsing tools and automatic text generators. The viewer/user is in charge of constructing a story throughout the process of navigating the site which offers a great number of possibilities (shelves, other books, poetry pages, codes, etc.), reminding us of what Borges calls the “infinite” book or monstrous object, without beginning or end. Borges suggests that the Book of Sand, in which no illustration was repeated, kept the main character of the story condemned to stay at home, fearing that it would be robbed. Borges also says that the book tainted reality itself. Something similar happens when people are connected to the internet. They inhabit those “informational” territories which have become “real life,” an engaging domain where virtually anything is possible: from the setting up of creative virtual relationships, to simultaneous readings of images and visual forms, layers of information, and other materials. As Moriconi argues, “la realidad de la producción literaria y de la dinámica cultural colocan hoy como problema la propia realidad: lo real en tanto tal, las relaciones entre creación y realidad, entre ficción y realidad” (179).


Beiguelman’s book brings to mind the optical effects of the interactive sculptures of Venezuelan artist Jesus Rafael Soto. Beiguelman, however, constructs her virtual installations without using three-dimensional objects, but an electronic “writing” that organizes formats, icons, illustrations, web sites, and ideas. Her project is based upon an aesthetic of transmission, dealing with “traffic speed, monitor quality, hardware makers,” and it imposes a reflection on “programming and publication strategies that make the work readable, decodable, and sensible” (Knight 1). She questions the notion of library, arguing that a library does not effectively contain content anymore, in a traditional sense (Knight 2). Kimberly Knight highlights that those bookshelves in Beiguelman’s project link to material held in other locations (2). And yes, indeed: in the process of moving from one location to another, the user experiences other animated resources and forms of reading that give a virtual volume to each section of the book.


Authors/Artists Consulted:

Giselle Beiguelman, Jorge Luis Borges, Kimberly Knight, André Lemos, Italo Moriconi


Monday, May 13, 2013

HELADO TROPICAL ISLAND


Soo Sunny Park: Unwoven Light  (Installation)
On view at the Rice University Art Gallery through August  30th, 2013


Por Nara Mansur

De su poemario Un ejercicio al aire libre (2004)


No huelo, no me duele el dolor.
Estamos tú y yo comiendo helado
lo más barato de lo más barato
el menos helado del menos helado.
Nos comemos la oscura mitad del otro.
Y el deseo es algo imaginado hacia el futuro.
En este momento sólo hay un sentido despierto
se trata de la isla en el trópico congelada, fija en un punto
hecha durofrío.
Como la lengua mordida que no sabe llorar
y se inventa una enfermedad
para que la tomen en cuenta
más allá del quejido y la mueca sexual.
Para que sepamos que dentro de ella
hay sangre, nervios, un dolor atroz
esperando por nosotros
para que paguemos lo más barato de lo más barato
el menos helado del menos helado.
Y sigamos con el deseo de morder al otro
un poco de conocimiento, de “sabor a mí”
de fe, de auto-stop en el decaimiento
por la boca helada aislada boca tropical boca.


Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Thursday, May 9, 2013

POETICS

Modern Poetics
Starring Eric de la Fe and Gabriela Rodríguez



The Greek Tragedy is one of the most controversial topics in literary criticism, and, as expected, Aristotle’s classic Poetics, a treatise that constitutes the first theoretical method for understanding the Greek Tragedy, has been supported or (most likely) confronted by modern and contemporary scholars.
Page Dubois affirms that Aristotle’s work corresponds to “a different regime of truth than that of the theater of Dionysus in the fifth century, and the intense engagement of the city in its invention of itself as a radical democracy” (132). The writer calls our attention to the fact that Aristotle’s alien status in Athens might have been connected to his uninterested position towards more challenging political repercussions of tragedy. Dubois criticizes Aristotle’s idea of tragedy as a prescriptive formula that has to have an appropriate dose of catharsis to make each member of the audience experience pity and fear. The exaltation of the cathartic element leads the reader toward the importance of individual attitudes and reactions in preference to collective ones, becoming a system that subtly refers to a disciplining of the social body. Aristotle’s reading of tragedy intentionally avoids any allusion to the citizens’ participation in the festivals of Dionysus, an active ingredient of the tragic performance.
Dubois herself explores how the tragic work is defined by other forms of communal representation. According to the author, the Greek Tragedy surpasses Aristotle’s focus on the individual in “its haunting by the slaves of ancient Greek society; its access to mourning, and its presentation of choral song that is necessarily collective, diverse, and heterogeneous” (136). References to the issue of slavery exist in many tragic plays through dialogue remarks or dramatic situations that make us think of “social death, anonymity and ethnic difference.” Mourning can be seen in the moments of lamentation and grief which tragedy “extends to eternity,” allowing the spectators to acknowledge their place in the world. Choruses in tragedy assimilate both citizens and the rest of the population with debatable social status. These features should be taken as indicators of people’s great involvement in the democratic processions and activities carried out during the drama festivals, promoting tragedy as a “political spectacle with political consequences.”
Dubois’s approach to tragedy certainly opens up a more “heterogeneous, unstable, and polymorphous” understanding that speaks to the postmodern world of “increasingly polarized power and powerlessness.” The portraits of despotic, presupposed democratic governments and drastic state laws that demolish even the most genuine family values are seen in the Greek Tragedy as serious causes of deaths, devastation and catastrophes. In Antigone, Creon, ruler of Thebes, demands that the dead body of Polynices should be kept without receiving proper burial. He informs the Elders about his decree “in honor of the city,” but he does not allow any further discussion or leave room for different opinions. The Theban Elders are not portrayed as a significant source of power, nor do they seem very useful as a counseling group or in counteracting Creon’s laws. From a postmodern perspective, the play can be seen as referring to gender struggle and the condition of being mentally and psychologically dominated (enslaved) by other people, the State, society.
Dubois mentions the O.J. Simpson case in her study, comparing it to the Greek Tragedy. She says, “The trial did indeed resemble a Greek Tragedy; it was a political spectacle with political consequences” (127). The sentence “it was a political spectacle with political consequences,” though, seems to purposely deny the artistic character of the Greek Tragedy. Was the Greek Tragedy a political spectacle, or, rather, a creative portrayal of it? One essential characteristic of the Greek Tragedy that sets it apart from the “regime of truth” of the celebrations of Dionysus consists of the presence of actors and the role-playing situation in which they were involved. Only three actors performed on stage in the time of Sophocles, and they wore masks and costumes to play the characters. Secondly, all actors were male, and they had to take up the female parts. Thirdly, none of the actions in which the actors were involved must have really happened in the space of representation. No actual documentation recording plagues, suicides, or murders of Greek actors playing tragic roles has been found to date. 
The features mentioned above made the Greek Tragedy’s regime of truth an artistic, mimetic* product in its very essence. Aristotle succeeded in recognizing that the Greek Tragedy was created to be a mimetic construction, having a nature different from any other sorts of (political?) events taking place in the ancient Athens. Although the Greek Tragedy happened to be part of the large processions celebrated in the fifth century, with an active involvement of citizens that seemed profitable to the city’s invention of itself as a radical democracy, it was conceived as an essentially creative piece. The Greek Tragedy might have offered some resemblance to –yet, it was not in itself- a political set of affairs. 
Dubois’s text on the Greek Tragedy makes us think of what David H. Richter calls a “discursive practice, a mode of power/knowledge that needs to be analyzed using the rules of New Historicism and cultural studies.” While Aristotle emphasizes the mimetic properties of the Greek Tragedy, Dubois underlines the cultural, historical, and political features of it. By reading Sophocles’s play Antigone from Aristotle’s standpoint, one notices that the idea of the “collective, diverse and heterogeneous” becomes somewhat inapplicable, for the Theban Elders behave as an individual -rather than a group of people with different points of view- during the whole development of the action. Even the city is personalized as a fragile individual (a woman?). Surprisingly, Dubois’s thesis of the “unruly, diverse, and disturbing” tragic elements may be found, not in the presence of the members of the chorus but the actions of very specific characters in the play; characters like Haemon and Antigone, who reveal against the extreme laws issued by the state.

*mimetic: As understood by Aristotle, it refers to the condition or process of imitating and consciously observing how one state of affairs metamorphoses into another, capturing the general principles of human action and involving the translation of reality into another medium. 



 References:

Aristotle. Poetics. Trans. S. H. Butcher. New York: Hill and Wang, 1961.

Dubois, Page. “Toppling the Hero: Polyphony in the Tragic City.” Rethinking Tragedy. Rita Felski (ed.) The Johns Hopkins University Press, 2008. 127-147.

Sophocles. Antigone. Trans. Nicholas Rudall, Ivan R. Dee, Publishers, 1998.

Sunday, May 5, 2013

NOSTALGIA DE FUTURO






Por Nara Mansur

De su poemario Un ejercicio al aire libre (2004)


Escribo una carta sobre mi piel, una especie de tatuaje inocuo por donde se filtra mi mejor mirada, la más tolerante, la más dulce, la de los ojos con vocación de aprendizaje.
Es raro tener tiempo sólo para mí, planchar en la blandura del almidón, en la afirmación, que sí, que sí, que sí, cuando es no: un no del tamaño de mi casa.
Es raro acceder a mis sueños y asumir esto como cotidianidad, el sexo como cotidianidad, la frutabomba-mamey, el sueño desolado.
Preparo una maleta, el equipaje para dos meses de lejanía, como si esperara el objeto sin nombre y el más deseado, como si la ropa, los zapatos, el talco, cambiaran de color, de sustancia. Y convirtieran mi viaje en otra autobiografía, menos decente, en la que subo una montaña y me araño las manos y sangro y nadie me espera, pero tampoco lloro.
Hablo con mi madre, la acaricio poco. Hablo con casi todos los que amo más en mi imaginación que en la realidad. Hablo lo que hablan, repito los timbres, edito las voces múltiples en una cinta verde, satinada, que uso como pañuelo, que cubre mi garganta. Siempre mi madre dirige el concierto; pienso en la palabra poder en la que casi nunca pienso.
Abro la boca, saco la lengua, recuerdo que Marcos me dijo: “boquita” y se sonrió. Miro los labios gruesos de mi familia materna y los casi invisibles de mi padre y sus hermanas. Boquita, sueñecito de mi abertura número uno, reír, reír, junto a mi madre.
Cruzo la calle y siempre siento miedo, la línea amarilla se difumina, la línea blanca se difumina, mis pies resbalan, los autos se elevan del pavimento, parecen papalotes desorientados, son como escudos en los pechos. Arrastro los pantalones, estoy más delgada, los sentimientos son ahora mi pelo limpio o rizado o lacio o castaño cruzando junto al perro de la vecina, en sentido contrario, con la luz verde, el pelo verde, el pelo que grita a los de la acera de enfrente, con los autos volando, el corazón papalote, carnecita flácida de los inviernos difíciles, sudor con olor a Edén de Cacharel y los labios más rojos que nunca, y los globos más inflados y rojos que nunca.
Compro una pipa y aunque nunca he fumado, respiro la madera, la caoba que parece rusa. Compro una pipa para el hombre que es más mi pura intuición que mi pura verdad.
Respiro el aroma y siento la nostalgia del futuro del aroma, del tabaco o la picadura. El aroma imposible es la visión que no tengo del hombre real que fuma. Pero hay algo en ese futuro que es nostalgia y olor, soplido. La pipa me improvisa a mí una nueva respiración.
Por qué siento el deseo de acompañar a las personas y ser pan, pomada, pescado, perrita rabiosa, puñalada.



Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Thursday, May 2, 2013

GARABATO No. 9


     


     
 Por Eduardo Rodríguez Solís


      Hoy en la mañana me fui a Walmart a comprar algunas chácharas (esta palabra del lenguaje coloquial de la ciudad de México quiere decir “cosas, cachivaches, baratijas”). Al final, busqué un CD de un grupo llamado Il Volo. Me ayudó una dependienta muy linda. Me fijé bien que el CD contuviera “Historia de un amor”, canción que alguna vez grabó Antonio Prieto.
      Il Volo es un trío de muchachos que está teniendo mucho éxito. La agradable dependienta me dijo “esos muchachos son preciosos”. En el grupo está un jovenzazo que estaba muy gordo y que parecía luchador japonés de Sumo. Este joven bajó ya muchas libras y ahora tiene perfil de bailarín de ballet.
      Cuando me salí del supermercado y ya casi me subía a mi truck rojo, observé a un hombre que fumaba un cigarillo. Disfrutaba profundamente del tabaco. Luego vino el final de ese deleite y puso la colilla del cigarillo entre su pulgar y el tercer dedo de su mano derecha. Y estando la catapulta lista, pum, arrojó el proyectil hacia la calle.
      Yo me puse a pensar en la montaña de colillas de cigarillo que se hace con la basura de los fumadores de la ciudad de Houston. (En un mes se puede levantar un volcán.)
      Luego pensé en un proyecto sabatino que hicieron los miembros de una asociación de colonos de esta ciudad. Todos con chaleco amarillo, se pusieron a recoger basura a lo largo de una avenida. Juntaron botes vacíos de refrescos, envolturas de dulces y otras chácharas. Laboraron varias horas y terminaron muy cansados, pero con la sonrisa plena por la labor realizada.
      Pensé también que primero se debe persuadir a la gente para no tirar basura.
      Y recordé bien que en California, si un policía te ve tirar a la calle la envoltura de unos dulces, o de lo que sea, te ponen una multa.
      Cuando llegué a la casa escuché el CD de esos jóvenes cantantes. Son muy buenos. Son como un oasis en un desierto inmenso donde los sonidos destrozan tímpanos.
      Mientras escuchaba esta bella música, imaginé que muchos fumadores de cigarillos del planeta entero, hacen muchas veces sus catapultas con sus dedos para arrojar los despojos de su vicio adorado.
      ¿Por qué no se los comen?
      Pero es difícil enseñar buenas maneras a estos amantes del tabaco. Mientras manejan, sus autos se consumen en el cigarrillo, y cuando la ceniza ha ocupado todo el espacio, abren la ventanilla para arrojarla. No la echan en el cenicero de su carro, porque el auto hay que cuidarlo, porque el auto es la vida, y la vida tiene que estar limpia.
      La ceniza hay que arrojarla a las calles. Dicen que es poquita basura, que apenas se nota en la contaminada ciudad. Bueno, eso dicen ellos.



Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)