Sunday, October 28, 2012

AUSENCIA NO QUIERE DECIR OLVIDO


Foto: Isabel Pérez Lago

 

Por Nara Mansur

de su poemario Un ejercicio al aire libre (2004)


No memorizo nada.
Tengo que mitificar mi defecto para que me perdonen
para que se olviden de mi culpa
“Dicen que es mentira que te quiero
porque nunca me habían visto enamorada”.
Otros deciden lo que es un acontecimiento
en este corazón.
Sin embargo
me paso las horas culpando a los inocentes sin pasado
culpando al imperialismo, la neurosis, la falta de voluntad.
No memorizo ni siquiera mi temblor, el hipo
“el fuego que me hiela”.
Cada día de ilusiones me engaveta una certeza
mejor no explicar nada, saltarse el orden de los saludos
estar solitariamente solos en la soledad.

 
Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Thursday, October 25, 2012

UNA MUJER CONTRA EL TIEMPO



 


Por Eduardo Rodríguez Solís


      Alguien interpretaba la “Samba de una sola nota”, de Jobim. Pero los acordes sonaban como copas de cristal.
      Y por la ventana vi a una mujer joven, vestida de blanco, que estaba frente a un instrumento musical. Era una extraña marimba que yo ya había visto en algún circo… La pista estaba regada de aserrín dorado, y un payaso triste, pobrecito, con los pantalones remendados, daba sus golpes con unos palitos a muchas botellas colgadas, y llenas de agua.
      Pero esta mujer que yo veía por la ventana, golpeaba sus botellas de una manera muy suave. Y bailaba y disfrutaba de esa música brasileña.
      El payaso hacía su música con agresividad, muy dueño de la situación, y esa mujer que estaba del otro lado de la ventana, creaba su música con delicadeza, con sensualidad.
      Entonces me salí de la casa y me acerqué a la mujer.
      Vi entonces su rostro. Tenía la cara pintada de color aluminio y las sombras de sus ojos eran moradas.
      --¿Te gusta? Es lo único que me sé. Apenas si toco las botellas –me dijo.
      Al lado de su instrumento musical estaba una vasija de barro, que tenía tres patas. Estaba llena de agua y el líquido se le derramaba lentamente, por un agujerito que tenía abajo.
      Me puse a ver este objeto por todos lados.
      La mujer dejó de tocar su música.
      --Esto es una clepsidra. Un aparato fantástico. Mide el tiempo. Es un reloj. A donde quiera que voy, va conmigo –dijo la mujer de blanco.
      Dijo entonces que la clepsidra fue el primer reloj que hubo en el mundo, y que en Egipto todavía se usa. Su fabricación data de 1400 años antes de Cristo.
      --¿Y por qué viajas con la clepsidra? –le pregunté.
      Y dijo que siempre quería saber el tiempo. Y entonces me señaló unas marcas que tenía el aparato.
      Y como sus ojos se me hicieron conocidos, y ella lo notó, me dijo que el primer payaso que había visto tocando las botellas de agua, trabajaba en un pequeño circo, en el pueblo de Tacuba.
      --¿Se llamaba Zanahoria? –le pregunté.
      Todo comenzó a dar vueltas…Éramos niños y estaba yo mirándola, mientras el payaso Zanahoria tocaba su versión de la “Samba de una sola nota”.
      --Y me regalaste una flor –me dijo la mujer.
      --Era una pequeña rosa, color blanco –le dije.
      Cuando la niña llegó a su casa con la flor, la puso en agua, en un vasito que tenía forma de sirena. Y, luego, cuando se secó, la metió entre las páginas de un libro de un poeta llamado Leopoldo Ayala.
      Nos quedamos en silencio, pero en nuestros adentros se escuchaba la música de Jobim… Con una sola nota se alegraban los corazones.
      Luego, hablamos de relojes de cuerda y engranes, y ella, con una ramita, puso en la tierra el año en que esos nuevos mecanismos empezaron a medir el tiempo.
      --Año mil trescientos treinta y cinco, de nuestra era –le dije.
      Y cuando la bonita mujer dijo que alrededor de 1582, Galileo había estudiado la posibilidad de incorporar un péndulo al reloj, yo grité muy fuerte y le dije que dentro de la casa yo tenía uno de esos relojes.
      Entramos y nos pusimos a contemplar ese aparato que estaba colgado en la pared… Y dieron las doce de la noche y sonó el gong, repetidas veces.
      Las percusiones del gong se volvieron un vals muy suave, con la misma melodía de Jobim.
      Bailamos, llenos de felicidad. Caían las paredes y aparecían secciones del jardín… Entonces, sin soltarnos de las manos, nos fuimos hasta una fuente que tenía un gran número de ranas de cerámica por las cuales brotaba el agua.
      --Se parece a la clepsidra –dijo la mujer de blanco.
      Y sí, era nuestra clepsidra, un bello instrumento que nos habían regalado los dioses.
      Entonces, metimos los dos las manos a la frescura de la fuente, y mientras lo frío del agua nos inundaba, la aparición de la bella mujer, con su marimba de botellas y su fabulosa clepsidra, se esfumó… Lentamente…
      Y al final, afuera de mi ventana, sólo quedó el susurro del viento entonando la “Samba de una sola nota”.
 


 

Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)           

Tuesday, October 23, 2012

DESHECHA EN MENUDOS PEDAZOS



 
Por Nara Mansur
 
 
¿Me siento despedazada?
¿Me siento descubierta?
¿Me siento decepcionada?
¿Me siento golpeada?
¿Me siento alterada?
¿Me siento humillada?
¿Me siento la bandera cubana?


¿Ser una artista o estar en el mailing del señor?
¿Ser una incunable o una firma paródica de la cortesana?
¿Ser la voz o el martillo?
¿Ser el original o el triplicado?
¿Idea o versión libre?


Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Sunday, October 21, 2012

A SPIRITUAL ADJUSTMENT


Foto: Marangeli Franco


By Dinorah Pérez-Rementería


“May the words of my mouth and the meditation of my heart be pleasing in your sight,” the Bible says. Wouldn’t it be healthful and freeing if our words and thoughts were aligned with God’s spirit? I am sure we would not have any trouble articulating and living out His much needed “message” for us, no matter where we come from or with what languages we communicate. I believe we would also understand each other perfectly, if only at a spiritual level. Unfortunately, indecision, deception, misunderstanding, vagueness, cynicism, brokenness and other similar issues affect us every day. So, it should not surprise us that very often we tend to look at people through a “broken” lens, projecting in ways that can undermine our experience of ourselves and others, including those whom we love and who know us best.
In chapter 6 of the book of Ephesians, the Apostle Paul recommends that we put on the armor of God, “for we are not fighting against flesh-and-blood enemies but against evil rulers and authorities of the unseen world (…)”. Sometimes the worst of enemies hides within us in the form of deceptive, vague and broken thinking. I don’t hold the opinion that people necessarily wish to develop or become a means for spreading deception, but they are susceptible to fall into a deceptively mental domain in the same way they may suffer from a spinal misalignment. That is why we need endless God adjustments all throughout our lives. A God adjustment can serve to correct, strengthen and activate our spiritual backbone, a beautiful and indispensable part of us. And sure, we may feel a little uncomfortable and naturally ashamed as God works on the scoliosis of our souls, but knowing him as our most committed friend, the chiropractor of our hearts, so to speak, makes each adjustment session a looked-for opportunity.
I love being adjusted by God, and I definitely prefer God’s diagnosis on me above any other account. God’s view of people is not in itself subject to the mediation of brokenness, deception and misunderstanding, but it originates from a spirit of faith, truth, love, compassion and an immeasurable knowledge of us -our strengths and weaknesses. Human beings make mistakes. We are susceptible to deception and misinterpretation. What are we to do when we have been deceived by our own imaginations? Should we allow us to imagine nothing else anymore? Should we ask others, especially our students or the younger people around us, to stop dreaming, to quit envisaging hopeful things in their minds? We all have failed so many times in so many different contexts that the thought of letting God’s spirit adjust and build us up again seems insane. Well, it is not. God knows us better than anybody else. When I think of giving up my dreams, I am always reminded -whether by looking at my phone clock, or a car tag, or the gas prices at the pump, or the duration of a YouTube video- of my favorite Bible verse: “And now, my daughter, don’t be afraid. I will do for you all you ask. All the people of my town know that you are a virtuous woman.”
I am not really sure what a “virtuous woman” is, but I have learned to take what God gives me simply because, as Billy Joel says, it is free. Needless to say, God may have health-giving, loving verses for you as well. Let him rehabilitate you. God’s adjustments allow us to keep pressing forward, no matter how many times we experience failure. As a friend of mine says, if we want to be happy, we must give up perfectionism and learn to accept our limitations so that we can go beyond them. We are not so proficient as to never commit a blunder in life. If we were, what would we need spiritual adjustments for? Plus, the more we acknowledge our own weaknesses, the more able we will be to look at others through a considerate, adjusted lens. We would also be more available to assimilate the unparalleled, restorative and assuring love of God: a love of unthinkable dimensions which, by its very nature, can transform our brokenness and failures into something marvelous.


           


Wednesday, October 17, 2012

A LA NOVIA QUE ME ESPERABA


Foto: Isabel Pérez Lago
 
 
 
Por José Manuel Domínguez


Soy el muerto que mira de lado
a todo lo que quedó por hacer
lo que se convirtió en colinas de amantes y abandono,
los jardines de una ciudad devastada


Qué mal me veo en este paisaje
rodeado por las sillas vacías y ocupadas de los que asisten a mi entierro,
las flores que me han puesto, las cintas, los pañuelos
todo lo que fue y los que fueron rodeando la vida de catafalcos,
de islas entre las que me muevo
de hibiscos, de cayenas, de flores de Jamaica, de pasión, de pacíficos mares
de nervios, de lo mismo con nombres diferentes


Qué ganas de aferrarme a algo que no existe, que no viene, que no llega
tal vez porque no salté el muro de la madrugada
porque tuve miedo de los perros que ladraban en la noche
de que los faros del auto se encendieran solos y me hablaran los fantasmas
por lo que haya sido, no lo hice
y he cargado para siempre ese dolor de las palabras, del susurro
y lo no dicho
el olor de los mangos florecidos que no puse en tu pelo
la miel embriagadora que prometí a tus labios
todo se quedó por dentro, y estalla a veces.
como la fiesta de un siglo que terminó en dos diciembres.



José Manuel Domínguez es director de teatro, poeta y narrador. Estudió dirección y actuación en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Se estableció en Miami, Florida, en el año 2000. Le acompañan en su vida dos mujeres extraordinarias: su esposa Marángeli y su mamá Loli, así como su perro Sombra.

Saturday, October 13, 2012

MAMBO, MAMBO


 

Una contribución de Martha Margarita Tamez

Nosotros, en Westbury, escuela preparatoria, impartimos un programa que incluye idiomas diferentes al inglés. Uno de esos idiomas es el español. Para mí, no existe delicia profesional más estimulante, que escuchar a mis alumnos cantar en español, sin demandarlo. Esto demuestra lo contagioso de la lengua que imparto. Si amas lo que haces, lo haces con entusiasmo, y el entusiasmo se contagia a tal grado que comienza a reflejarse en tu entorno. Mi entorno profesional está formado por mis alumnos.
Mambo es una canción del primer nivel del libro Realidades, editado por Pearson.

 

 
 
Martha Margarita Tamez nació en Chicago, Illinois, y creció en Saltillo, Coahuila. Es poeta, artista plástica e instructora de español. Sus poemas han sido incluidos en antologías como Mujeres Poetas de México, editada por Atemporia Poesía. Actualmente vive en Houston, Texas, donde participa con frecuencia en lecturas de poesía, seminarios académicos, y se desempeña como maestra en el programa Languages Other Than English (LOTE) en Westbury High School.

Wednesday, October 10, 2012

PAY IT FORWARD...


Photograph by Hannah Stonehouse-Hudson
 
 
These two articles have been borrowed from the In Good Hands Magazine Vol. 12 Issue 10

If readers would like to receive the In Good Hands Newsletter, with great articles about life and health, they are invited to go to http://www.ingoodhandsletter.com/ and use this doctor code: 33012SCHME.
 
Courtesy of Dr. Andrew Schmer

 
               John Unger Gives His 19 Year Old Arthritic Dog The Best Gift Of All… Love
 
If you are a dog lover, here’s a silly question... If your dog was in pain, what would you be willing to do to take away that pain? The answer (of course) is ANYTHING. You would do anything it takes to make your loving pet feel good. That’s why it was no surprise that this story went viral on the internet. The post about it on Facebook got over 207,000 likes and 116,000 shares almost instantly.
The story is about a Wisconsin man, John Unger, and his dog, Schoep. John rescued Schoep 19 years ago when he was only 8 months old. They instantly became best friends and went through almost two decades of ups and downs together.
In his old age, Schoep has become riddled with arthritis. It is so bad that he has a very hard time sleeping. John discovered that Schoep feels better in water, so he takes him into Lake Superior at night and holds Schoep up while he sleeps.
A photographer, Hannah Stonehouse-Hudson, is John’s friend and captured one of the “Schoep sleeping moments” with an incredible picture. In the picture, Schoep is out cold with his head resting on his owner’s chest. Partially submerged, the warm lake water soothes Schoep’s aches and pains enough so he can rest peacefully.
It is a picture of polar opposites; both heartbreaking and wonderful all at the same time. It’s heartbreaking to see Schoep in the final stages of his life, and wonderful to see such an incredible loving bond between a man and his dog. Because Schoep trusts John enough to fall asleep while his owner holds him up in the lake, you instantly know the love that was given during all those years to create that trust.
John Unger is reported as saying that he will do whatever he has to do to give Schoep relief from pain. He credits Schoep with saving his life 19 years ago when a relationship failed.
According to an interview with John Unger in the Huffington Post, after breaking up with his former fiancée, Unger had been having suicidal thoughts. “To be honest with you, I don’t think I’d be here if I didn’t have Schoep with me (that night)… He just snapped me out of it. I don’t know how to explain it. He just snapped me out of it… I just want to do whatever I can for this dog because he basically saved my [behind].”
Every night, John carries his dog into the waters of Lake Superior and holds him up while he sleeps. Yes, he stands in the lake water while his dog sleeps every single night.
Photographer Hannah Stonehouse-Hudson said, “I want people to identify with this photo, and remember a time when they felt safe, loved, and cared for… Then I want them to channel those feelings and pay it forward! There is way too much negativity in this world – maybe with this one photo we can start to change things just a tiny bit.”
We just “paid it forward.” You should, too.



Haley Joel Osment as Trevor McKinney in the movie Pay It Forward
 

PAY IT FORWARD…

Have you seen the movie Pay It Forward? If you haven’t, you probably should. Let me give you a very good reason why...In the movie, a little kid teaches the adults a very big lesson via a concept he calls “pay it forward.”
“Pay it forward” is used to describe the concept of asking that a good deed be repaid by performing one for someone else. In other words, if I did a good deed for you, you would not do a good deed for me in return. Instead, you would find someone else and do a good deed for them.
This concept is not new, the movie just made it popular. In fact, Ralph Waldo Emerson wrote about this concept in his essay, Compensation back in 1841: “In the order of nature, we cannot render benefits to those from whom we receive them, or only seldom. But the benefit we receive must be rendered again, line for line, deed for deed, cent for cent, to somebody.” In 1916, Lily Hammond wrote, “You don’t pay love back; you pay it forward.”
The list goes on...So, here’s our request to you: If you have gotten anything of value from visiting our office, we would like you to pay it forward. In other words, if you have gotten pain relief… or good advice about health… or friendship… or anything at all… go do something good for someone else.
It doesn’t have to be a big thing. It just has to be something. You never know how much of an impact just being nice to someone can have on their life. It can make all the difference in the world to that person.
So please, pay it forward.


Andrew Schmer, D. C. is the director of Hialeah Wellness & Rehab Center. He is a graduate of Cleveland Chiropractic College in Kansas City and has been practicing in a multi-specialty office since 1983. Dr. Schmer completed 100 hours of post-education in acupuncture and was one of the first 35 doctors in the country to be certified in Graston technique. He has published articles in prestigious journals such as the Journal of Today’s Chiropractic and A.C.A. Journal of Chiropractic. http://www.hialeahwellnessrehabcenter.com/

Saturday, October 6, 2012

PIONERA VANGUARDIA NACIONAL


 
 
 
 
Por Nara Mansur

 de su poemario Un ejercicio al aire libre (2004)


Era un sábado de 1982.
Atacamos simbólicamente el Palacio Presidencial.
Adentro no había un presidente, era sólo otro niño.
No tengo una buena foto de aquel momento
ni una postal antigua, más o menos amarilla.
Vamos a correr y a recoger cocuyos debajo de la concha.
Dicen que ha sido una gran idea, un gran hecho.
Mire mi cara
si salgo por esa puerta dígame qué debo esperar.
Puedo salir por esa puerta
aunque es algo que está más allá de mis fuerzas.
He tratado siempre de amarme, definitivamente
pero nunca he llegado
nadie nunca ha llegado a atravesar esa puerta.
Cuánto esfuerzo para nada, amarme
armarme hasta los dientes.
Mire mi rostro, dígame:
¿Qué ve? ¿Alguna preferencia especial?
¿Un dictamen de conciencia?
Debería saber que soy inofensiva.
Si supieran tú y tus compañeros que soy virgen
no se preocuparían tanto.
Todo lo excesivo en mí es resultado de la ansiedad
inofensiva, sí.
No mato ni a una mosca.
Tengo una erupción
tengo una nación
tengo una revolución si salgo por esa puerta.


Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Thursday, October 4, 2012

PISANDO NUBES DE ALGODÓN



 

     
 Por  Eduardo Rodríguez Solís


      Juan Pirulero vivía muy cerca de los territorios de Dios. Era propietario de una cueva con su entrada color rojo. Por eso algunos distraídos decían que quien vivía ahí era casi un pariente del diablo. Pero, no. Esa era una gran mentira. En su mundo no había lugar para el ángel malo, que era el diablo.
      Él, como hemos dicho, vivía cerca de Dios, porque su cueva estaba en un cerro que se llamaba Chiquihuite. En la cúspide de este pico geográfico que señalaba hacia el cielo descansaba una gran cruz de cemento, que alguna vez edificaron unos excursionistas para recordar a un amigo que se había desbarrancado en ese lugar del Norte de la ciudad de México.
      Ese cerro del Chiquihuite (vocablo náhuatl que quiere decir “canasto”) lo usaban todos los excursionistas cuando empezaban sus entrenamientos para subir, después, al volcán Popocatépetl. Por eso, alrededor de la gran cruz de cemento había muchos banderines con los escudos de los grupos de escaladores.
      Pero Juan Pirulero decía otra cosa. Y señalaba que cada bandera tenía los colores de un santo de fama.
      Había entonces presencia divina. Estaba San Baltazar, que era el patrón de los desposeídos. Sus colores eran azul y verde. También por ahí se veía a Santa Bárbara, que protegía a los guerreros. Sus colores eran el dorado y el negro.
      Tenía Juan Pirulero un amigo que se llamaba Pachito Eché. Este era muy moreno, por lo que en las noches casi no se le veía.
      Este Pachito Eché era de los ricos de la montaña. Él no habitaba una cueva. Vivía en una casa de cartón, papel y madera.
      Pero cuando llovía con ganas, tenía que abandonar su casita, y se iba a refugiar a la cueva roja de Juan Pirulero.
      Nuestros amigos montañeses (Juan y Pachito) andaban juntos y se les veía por todos lados. Eran como hermanos. Y si uno conseguía un buen plato de frijoles con tortillas, compartía los alimentos.
      Una vez ayudaron a un hombre viejo a cambiarse de casa. Anduvieron cargando cajas y muebles, y lo hicieron de sol a sol. Y obtuvieron como pago unas monedas, que casi no conocían.
      Con esos centavos se fueron a buscar a una mujer que se llamaba María la O. Ella era una excelente tamalera, que vendía su sabroso producto por todos lados. Y hasta uno que otro loco decía que los tamales de María la O, eran alimento divino, porque estaban envueltos con hojas de los elotes que crecían al lado del santuario de la virgen de la Soledad.
      Comieron sus sabrosos tamales (de mole con pollo y de carne de cerdo con salsa verde) y acompañaron su alimento con atole de fresa. (Se creían príncipes aztecas.)
      Trabajaban los amigos montañeses con mucha fuerza y dedicación, y pensaban siempre en los alimentos divinos de María la O.
      Un día soleado, caminando por el tianguis que se organizaba los domingos al pie del cerro del Chiquihuite, encontraron un puesto donde vendían discos viejos. Y ahí, se quedaron con la boca abierta cuando tuvieron en sus manos un disco de setenta y ocho revoluciones, con dos canciones interpretadas por la soprano María del Mar. De un lado estaba “Farolito”, de Agustín Lara. Del otro, se encontraba “María la O”, de Ernesto Lecuona.
      Pachito Eché sacó dos pesos, y Juan Pirulero aportó tres. Y se fueron felices con su tesoro.
      Hicieron trabajo de investigación y llegaron, después de varios días, a la casa de un prestamista de nombre Arturo Albarrán, quien era dueño de un tocadiscos viejo, marca Philco.
      Entonces negociaron.
      --Ustedes me barren bien el patio y yo los dejo escuchar dos veces su disco –dijo Arturo Albarrán.
      Después de su agotadora tarea, escucharon por primera vez “María la O”, cantada por la soprano María del Mar. Y se quedaron embrujados, y se fueron del lugar como si estuvieran pisando nubes de algodón.
      Desde ese día, juntaban sus centavos para los tamales de María la O. Pero guardaban fuerzas para barrer y luego escuchar dos veces la bella canción de Lecuona.
      Pasó el tiempo, los gobiernos se turnaban pero todo seguía igual. Pobres aquí, ricos allá.
      María la O, la tamalera, se enamoró de un teniente del ejército, y se fue a vivir al puerto de Veracruz. Ahí, lejos, siguió haciendo sus deliciosos manjares.
      Juan Pirulero y Pachito Eché continuaron con su rutina de juntar monedas para sus tortillas y sus frijoles.
      Ya no había tamales divinos, pero les quedaba la bella música de “María la O”.
      Semanalmente, el prestamista Arturo Albarrán tenía su patio barrido.
      No había tamales, pero el embrujo de la música los mantenía con una esperanza, lejos, detrás del horizonte.
      Cuando dinamitaron el cerro del Chiquihuite, ya que se había la idea de hacer una autopista muy ancha, los montañeses, todos, tuvieron que emigrar.
      Con el tiempo, cayó en el olvido el proyecto de la carretera y se construyó a medias una iglesia, que luego se volvió un asilo de ancianos, y una mujer vestida de rojo encontró, en los enormes basureros que se hicieron a la altura de la gran cruz de cemento, el dichoso disco de setenta y ocho revoluciones…
      --“Farolito” y “María la O” –dijo la mujer de rojo--. Canciones viejas que entonaban los abuelos.

 
 
Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)           

Tuesday, October 2, 2012

EL GESTO POÉTICO DE NARA MANSUR


 
 

Por Dinorah Pérez-Rementería

 
“No te refugies en la inseguridad del mundo
no te refugies en tu cólera divina
no te sientas noble ni sabio ni correcto.
No soy correcta. No quiero ser una persona correcta.
A veces me voy y no me despido
no digo adiós ni esta boca es mía.
A veces vengo, ¿viniste?, ¿lo dijiste?”

Nara Mansur: “Muerte del poeta en la revolución”, Un ejercicio al aire libre


Cuando leo la obra de Nara Mansur, la noción que tengo sobre la poesía se enriquece. Una palabra apasionada, impulsiva, que escarba poco a poco en nuestra psiquis, nos remueve las vísceras, los sueños, la imaginación. Una palabra que ama y se filtra sin temores en lo que nadie quiere: sensibilidades rehusadas, minúsculas, incongruentes, escombros de lo que alguna vez fuera nuestra maravillosa humanidad. Una palabra llorosa, vulnerable, femenina, desprendida del papel. Una palabra que intenta recuperar perfiles “incorrectos”, figuraciones, términos, voces que no pueden alojarse conformemente en la representación verbal, ni en ningún otro tipo de representación, ni en las metodologías lingüísticas o gramaticales, ni en construcciones esquemáticas de redacción y estilo. Una palabra-aliento, añoranza, espíritu, energía, fibra mental, dispuesta a moldear los huesos áridos del pensamiento.
Y digo espíritu porque la poesía de Nara logra salirse de lo que pudiéramos comúnmente registrar, catalogar como “poema” para alimentar instancias cotidianas así como otros cuerpos y señales, utilizando la sustancia creativa. Su poesía rehabilita la dramaturgia y la crítica teatral, la ficción, diálogos casuales edificados a través del correo electrónico y muchos otros sucesos que arman el relato de su vida. Nara no sólo escribe, compone, estudia, diseña una arquitectura muy característica de lo poético sino que ella misma se ofrece a modelarlo, lo personifica. Se convierte en la configuración humana de su poesía. Dice la autora en su poema Disolución del método: “Posibilidad de crear mi propia representación. Posibilidad de convocar a los espectadores.” Nara se recrea en la mera entidad poética que probablemente la ha engendrado y que le suministra posibilidades infinitas de despertar, provocar una vocación intuitiva similar en sus lectores/espectadores/estudiantes/camaradas. Su poesía nos conduce a descubrir lo sensual y femenino en la belleza sin afeites, el anhelo de amar y ser amada, sensaciones que nos resultan familiares y, al mismo tiempo, tan foráneas, inaccesibles. ¿Será acaso porque la esencia femenina requiere, como la poesía, de una actitud heroica, arrojada, innovadora para florecer?
Nara asume lo poético como fundamento, soporte, médula en la que confluyen incidentes literarios y sucesos cotidianos, amigos, enemigos, personajes que se parecen a ella misma, o a individuos que conoce, olores, sabores, contradicciones, sentimientos. Lo poético asumido como acción, disposición, situación, sentido del humor. Nara se permite habitar la poesía mientras hace el café del desayuno, prepara a su pequeña hija Emilia para llevarla al jardín infantil, imparte un seminario, escribe una carta a sus padres o un ensayo, colabora en un proyecto, o simplemente, observa quietecita la figura (in)visible del hombre que ama. Su poesía se transforma en práctica diaria, maniobra vívida, anímica, estimulante, un ejercicio natural, o como la propia Nara dice, “al aire libre”, que atrae a todo aquel que se cruza en su camino. Se esfuma la mujer, su alma rebelde, en un rosario de imágenes “deshechas en menudos pedazos,” anota ella, despojos, residuos que sólo confirman la imposibilidad de condensar su dolor, de transcribir su dolor, que podría residir en el dolor de muchos, quizá de todo ser humano, en un verso que no la satisface, ¿cómo podrían las letras, las cifras, las representaciones remediar, fortalecer, tranquilizar el alma?, pero que la descubre espléndidamente ante nosotros.
“Quiero que me conozcan. Quiero ofrecer algo” -me parece oírla. Leo sus poemas, sus misivas electrónicas, y puedo reconocer su voz, su historia, que puede ser mi historia tal vez, con matices diferentes, o la de cualquier otra mujer. Su proyecto: ofrecerse en sacrificio, transfigurarse en la heroína-amante de una historia de amor fiero, verdadero, obstinado, imprescindible, redimir a los que sufren, resarcir mediante la palabra a los que tiene cerca y a los que viven lejos, en la dimensión de sus recuerdos, involucrarlos, recobrarlos, aunque la sangre corra y le cueste incluso su felicidad. Escribe Nara en Bridge Over Troubled Waters, “Le confieso a mi madre que en la imaginación/ es la felicidad perfecta/ aunque no sepa disfrutar casi nada ya/ y entre las hebras de mi pelo/ aparecen las palabras perdidas/ como los platos y las bebidas de un menú”. Recuperar la condición poética o “perdida” para aprender otra vez a saborearla. “¿Y eso en qué nos ayuda a vivir?”,  pregunta Nara, y yo, la verdad, no sé qué responder.
Preferimos soñar, intuir, idear, sabemos que ofrendarse implica un acto de fe,  “un gesto revolucionario”, diría ella; la otra opción sería hipnotizarse, adormecerse, esconderse, anestesiarse. “Avanzar se me hace necesario/ para dejar atrás los fragmentos de mí misma/ una serie de cuerpos, pequeñas cárceles/ los casuales sorbos de agua, las revoluciones abortadas/ las uñas coloreadas con sus lágrimas secas”, confiesa Nara. Avanzar, atravesar la tormenta de palabras, abstracciones, la nostalgia, una nota musical. Entonces logramos advertir la fusión de lo poético en deseo, un gesto íntimo, imperceptible, su ferviente voluntad.