Tuesday, October 2, 2012

EL GESTO POÉTICO DE NARA MANSUR


 
 

Por Dinorah Pérez-Rementería

 
“No te refugies en la inseguridad del mundo
no te refugies en tu cólera divina
no te sientas noble ni sabio ni correcto.
No soy correcta. No quiero ser una persona correcta.
A veces me voy y no me despido
no digo adiós ni esta boca es mía.
A veces vengo, ¿viniste?, ¿lo dijiste?”

Nara Mansur: “Muerte del poeta en la revolución”, Un ejercicio al aire libre


Cuando leo la obra de Nara Mansur, la noción que tengo sobre la poesía se enriquece. Una palabra apasionada, impulsiva, que escarba poco a poco en nuestra psiquis, nos remueve las vísceras, los sueños, la imaginación. Una palabra que ama y se filtra sin temores en lo que nadie quiere: sensibilidades rehusadas, minúsculas, incongruentes, escombros de lo que alguna vez fuera nuestra maravillosa humanidad. Una palabra llorosa, vulnerable, femenina, desprendida del papel. Una palabra que intenta recuperar perfiles “incorrectos”, figuraciones, términos, voces que no pueden alojarse conformemente en la representación verbal, ni en ningún otro tipo de representación, ni en las metodologías lingüísticas o gramaticales, ni en construcciones esquemáticas de redacción y estilo. Una palabra-aliento, añoranza, espíritu, energía, fibra mental, dispuesta a moldear los huesos áridos del pensamiento.
Y digo espíritu porque la poesía de Nara logra salirse de lo que pudiéramos comúnmente registrar, catalogar como “poema” para alimentar instancias cotidianas así como otros cuerpos y señales, utilizando la sustancia creativa. Su poesía rehabilita la dramaturgia y la crítica teatral, la ficción, diálogos casuales edificados a través del correo electrónico y muchos otros sucesos que arman el relato de su vida. Nara no sólo escribe, compone, estudia, diseña una arquitectura muy característica de lo poético sino que ella misma se ofrece a modelarlo, lo personifica. Se convierte en la configuración humana de su poesía. Dice la autora en su poema Disolución del método: “Posibilidad de crear mi propia representación. Posibilidad de convocar a los espectadores.” Nara se recrea en la mera entidad poética que probablemente la ha engendrado y que le suministra posibilidades infinitas de despertar, provocar una vocación intuitiva similar en sus lectores/espectadores/estudiantes/camaradas. Su poesía nos conduce a descubrir lo sensual y femenino en la belleza sin afeites, el anhelo de amar y ser amada, sensaciones que nos resultan familiares y, al mismo tiempo, tan foráneas, inaccesibles. ¿Será acaso porque la esencia femenina requiere, como la poesía, de una actitud heroica, arrojada, innovadora para florecer?
Nara asume lo poético como fundamento, soporte, médula en la que confluyen incidentes literarios y sucesos cotidianos, amigos, enemigos, personajes que se parecen a ella misma, o a individuos que conoce, olores, sabores, contradicciones, sentimientos. Lo poético asumido como acción, disposición, situación, sentido del humor. Nara se permite habitar la poesía mientras hace el café del desayuno, prepara a su pequeña hija Emilia para llevarla al jardín infantil, imparte un seminario, escribe una carta a sus padres o un ensayo, colabora en un proyecto, o simplemente, observa quietecita la figura (in)visible del hombre que ama. Su poesía se transforma en práctica diaria, maniobra vívida, anímica, estimulante, un ejercicio natural, o como la propia Nara dice, “al aire libre”, que atrae a todo aquel que se cruza en su camino. Se esfuma la mujer, su alma rebelde, en un rosario de imágenes “deshechas en menudos pedazos,” anota ella, despojos, residuos que sólo confirman la imposibilidad de condensar su dolor, de transcribir su dolor, que podría residir en el dolor de muchos, quizá de todo ser humano, en un verso que no la satisface, ¿cómo podrían las letras, las cifras, las representaciones remediar, fortalecer, tranquilizar el alma?, pero que la descubre espléndidamente ante nosotros.
“Quiero que me conozcan. Quiero ofrecer algo” -me parece oírla. Leo sus poemas, sus misivas electrónicas, y puedo reconocer su voz, su historia, que puede ser mi historia tal vez, con matices diferentes, o la de cualquier otra mujer. Su proyecto: ofrecerse en sacrificio, transfigurarse en la heroína-amante de una historia de amor fiero, verdadero, obstinado, imprescindible, redimir a los que sufren, resarcir mediante la palabra a los que tiene cerca y a los que viven lejos, en la dimensión de sus recuerdos, involucrarlos, recobrarlos, aunque la sangre corra y le cueste incluso su felicidad. Escribe Nara en Bridge Over Troubled Waters, “Le confieso a mi madre que en la imaginación/ es la felicidad perfecta/ aunque no sepa disfrutar casi nada ya/ y entre las hebras de mi pelo/ aparecen las palabras perdidas/ como los platos y las bebidas de un menú”. Recuperar la condición poética o “perdida” para aprender otra vez a saborearla. “¿Y eso en qué nos ayuda a vivir?”,  pregunta Nara, y yo, la verdad, no sé qué responder.
Preferimos soñar, intuir, idear, sabemos que ofrendarse implica un acto de fe,  “un gesto revolucionario”, diría ella; la otra opción sería hipnotizarse, adormecerse, esconderse, anestesiarse. “Avanzar se me hace necesario/ para dejar atrás los fragmentos de mí misma/ una serie de cuerpos, pequeñas cárceles/ los casuales sorbos de agua, las revoluciones abortadas/ las uñas coloreadas con sus lágrimas secas”, confiesa Nara. Avanzar, atravesar la tormenta de palabras, abstracciones, la nostalgia, una nota musical. Entonces logramos advertir la fusión de lo poético en deseo, un gesto íntimo, imperceptible, su ferviente voluntad.
 


 
 

2 comments:

  1. Este texto sobre la literatura de Mansur está escrito con mucha fuerza. Se siente la emoción de la escritora Dinorah. Se suelta el pelo la pensadora y juega con inteligencia. Y la nota que habla de la obra de una poeta se vuelve un texto muy personal, que se escribe con mucho equilibrio. La Dinorah sabe acomodar las palabras y todo ese resultado hasta parece un buen escrito poético... Qué bien escrito está el documento... Qué bien suena si uno lo lee en voz alta...

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  2. Eduardo, un millón de gracias por su comentario, sii, creo que es un documento escrito no tanto como crítica literaria sino como una persona que conoce más dcerca al objeto de estudio, que es en este caso Nara, conocí a Nara en 2001, cuando comencé a trabajar en la casa de las americas, en Cuba, y pues gracias a esta oportunidad he visto cómo lo que escribe y hace en la vida real impacta a las personas, lo mismo si son estudiantes oficiales, o estudiantes extra-oficiales como lo era yo. Ella fue una de las personas que tuvo que lidiar con miis primeros textos y corregirlos, darles forma y canalizar voz, tambien la directora del dpto Vivian, le puedo asegurar que esos textos no habrían recibido sus elogios hoy, :) creo que Nara no cabe en el papel, este texto fue inspirado por algo que ella dijo en una ocasión,
    quisiera que todos nuestros gestos sean poéticos, y luego escribió dos textos que aunque no menciono creo que nutrieron mucho la energía de este texto sobre ella, yo no podría decir si eran poesía, ficción, teatro, o todo junto, o algo más, o espíritu puro y el espíritu se transfiere. Something like that!
    Gracias otra vez!

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