Thursday, April 4, 2013

GARABATO No. 6


 
 
 
 
Por Eduardo Rodríguez Solís


      En las noticias del Internet leí una nota donde hablan de que Shakespeare no es tan glorioso como lo imaginamos. Dicen que él era un negociante no muy honrado y no pagaba impuestos.
      Aseguran que el dramaturgo y poeta tenía un granero, y en las épocas difíciles (el terrible invierno, con la nieve, y demás), vendía grano no muy legalmente.
      La verdad (la verdadera verdad) es que alguna vez compró un granero, porque quería hacer otro teatro. Pero nunca pudo realizar ese proyecto. Entonces el viejo granero recibió una buena  manita de gato, y ahí fue almacenando grano para las épocas difíciles, cuando la gente no iba al teatro. Y entonces se ponía a vender su grano a la mitad de precio de los graneros del área. Y con esos dineros resistían Shakespeare y algunos de sus actores esos tiempos malos.
      El gobierno y sus amigos no veían con buenos ojos las actividades escénicas de Shakespeare. Incluso, pensando que el teatro que hacía el poeta no era muy correcto, pues los actores vivían todos amontonados “y sabrá Dios lo que hacían en sus horas de ocio”, se lanzó un bando donde se prohibía que las mujeres participaran en los espectáculos teatrales.
      Ante esa prohibición, Shakespeare siguió representando su teatro y, por ejemplo, cuando se tenía que hacer “Romeo y Julieta”, el papel de Julieta y los otros roles femeninos eran desarrollados por actores y no por actrices.
      Si eras pobre y vivías casi de milagro, te cobraban impuestos por cada ventana que tenía tu casita. (Si no podías pagar, pues cancelabas con madera la ventana). Y si necesitabas agua, cuando las tinajas se te secaban, tenías que ir muy de noche al río, porque si lo hacías con la luz del sol, los dueños de los castillos próximos te cobraban un impuesto.
      Y no se diga si tenías que usar un río para transportar algo. Te cobraban impuestos porque decían que el río también pertenecía a los dueños de los castillos próximos.
      En el pueblo natal de Shakespeare hay una estatua del poeta. En una de sus manos lleva una bolsa con grano.
      Hay que ver el teatro de William Shakespeare, pero también hay que leer la extraordinaria poesía que escribió. Versos inteligentes y soberbios. Palabras que hablan de la grandeza de un artista del mundo. Un gran artista que dependía del mágico grano para las épocas difíciles.
      Hoy Shakespeare es una gloria de Inglaterra, y gracias a su extraordinario prestigio, su pueblo natal vive bien por siempre y para siempre. Las visitas a su pueblo y los souvenirs son como los granos sagrados de las épocas difíciles.



Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)

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