Tuesday, March 13, 2012

AZUL DOS VECES





Por Eduardo Rodríguez Solís


      Este pulpo no se dejaba ver por los demás pulpos. No lo hacía, porque algo extraordinario había en él. Había nacido distinto… Cosas de la naturaleza… Poseía algo que los demás pulpos no tenían… En lugar de ocho, tenía nueve brazos.
      Entonces se andaba ocultando. No quería que lo vieran así… Pero, con todo, el tener nueve brazos tenía su chiste… Su gran chiste… Podía nadar más rápido que los demás pulpos… Resultaba el campeón de todas las competencias… Nadie sabía su mágico secreto…
      Recibiendo clases de inglés, se dio cuenta de que él no podía ser un Octopus, pues “octopus” quería decir “ocho brazos”… Octo=ocho, y pus=brazo…
      Un día, ya crecido, se alejó de la costa y llegó a una isla deshabitada. Corazón del Mar, se llamaba esta isla de forma casi circular. Al Norte, en el mero centro, tenía una hendidura. Al Sur, en el justo centro, había una punta. Y vista desde arriba, desde alguna nube, la isla parecía un corazón.
      No había hombres ni mujeres, pero abundaban los monos araña. Los changos, flacos, esqueléticos, danzaban como poseídos si se les aplaudía… Tenían su guarida en una casita abandonada, que estaba en un montículo. Y había un coronel que los organizaba. Este militar, no era ni un pulpo ni un chango, era un extraordinario perico, que hablaba varias lenguas.
      El perico, que había recibido el grado de coronel mientras pasaba su servicio militar obligatorio, se vestía muy ad hoc. Casco, botas y pantalón verde olivo. Chamarra, con muchas bolsas, de camuflaje, con insignias del U.S. Army.
      Traía colgado del cuello un silbato. Lo hacía sonar a las cinco de la mañana, despuesito del canto del gallo.
      Priiiiiiiii, y todos los monos araña abrían los ojos y se ponían en fila india… Luego venía una especie de desfile. De alguna parte salía el sonido de una marcha de Sousa. Y parecía que estábamos viendo el final de una película de guerra…
      El pulpo de los nueve brazos encontró una entrada de mar donde las aguas estaban bien tranquilas. Ya estaba en la isla de Corazón del Mar, y había que descansar un poco.
      El coronel, el perico uniformado, se asomó detrás de unas rocas. Algunos monos araña le cuidaban las espaldas.
      --Y usted, ¿qué busca aquí? –preguntó el coronel.
      El pulpo habló de su desgracia, de sus nueve brazos… Y de la pena que le salía cuando pasaba cerca de otros pulpos… Luego gritó a todo volumen…
      --Por eso me vine aquíiiiiiiiiii.
      Y el pulpo se puso a llorar… Ya no podía más...
      Entonces el perico militar dijo:
      --Te veo y parece que me estoy viendo en un espejo.
      Y el perico dijo que a él le pasaba lo mismo… Era distinto de los demás pericos, porque a él le gustaba vestirse de militar… Y eso no lo aceptaba la sociedad de pericos… Ellos eran tradicionales… Casi ortodoxos… No aceptaban los cambios… Todo tenía que ser igual…
      Y después dijo el perico militar que por eso estaba ahí en Corazón del Mar, la isla donde se aceptaba todo.
      --Y a mí, ¿se me va a aceptar? –preguntó el pulpo de los nueve brazos.
      --Tendrás que cumplir tres requisitos –dijo el perico militar.
      Primero tenía que dormir una noche entera frente a la luna, lo cual el pulpo hizo fácilmente, flotando en las aguas tranquilas del mar… Relajó sus brazos (hasta el noveno) y se dejó llevar por las olas.
      Luego, debía escribir una carta al sol, de diez páginas como mínimo, pidiéndole fuerzas para enfrentar el día.
      El pulpo pudo afrontar esto, sin problemas, porque con cada mano escribió una página, y con todas juntas escribió la última hoja.
      Al final, tuvo que subir a una montaña, y gritar desde la cima que amaba la libertad, tres veces seguidas.
      El pulpo llevó a cabo el acto de muy buena gana.
      Entonces, una cadena de monos araña le entregó al pulpo su diploma. Y el pulpo aplaudió a rabiar… Todos los monos araña bailaron hasta cansarse…
      El pulpo se acordó de sus primeros años… Nadaba con sus hermanos, mientras su madre los vigilaba… Él, por lo que sabemos, podía moverse más fácilmente en el agua. Siempre iba delante, y nadie lo podía vencer… Una vez llegó a una poza profunda, donde decían había joyas y diamantes… El pulpo de los nueve brazos se fue hasta el fondo y encontró un cofrecillo, que llevó hasta la superficie… Había ahí muchos anillos de oro y un collar de perlas muy largo… Repartió los anillos entre sus amigos y a su mamá le dio el collar de perlas…
      Pero resulta que apareció por ahí un pirata que se llamaba Juan Negro. El había visto a uno de los pulpos luciendo su anillo de oro. Y se puso a reclamar, diciendo que él era el propietario de lo que tenía el cofrecillo… Sacó una espada oxidada y amenazó a todos… Le tuvieron que regresar los anillos, pero la mamá del pulpo de nueve brazos se quedó con el collar de perlas…
      El tonto pirata Juan Negro no se acordaba del largo collar…
      Un buen día, Juan Negro fue a consultar a una adivina, y ésta le dijo que algo importante se le había perdido… Y le dibujó una perla…
      El pirata se enfureció y salió en busca de los pulpos…
      Y cuando logró tener el collar en sus manos, brincó de puro gusto y, se alteró tanto, que su corazón dejó de palpitar…
      Los pulpos echaron el cuerpo al mar, y rezaron por esa alma mala. La mamá del pulpo de los nueve brazos volvió a recibir su collar de perlas y todos los demás pulpos recuperaron sus anillos…
      El tiempo pasó con tranquilidad en la isla Corazón del Mar. El pulpo de los nueve brazos ya estaba integrado a la comunidad de los monos araña, y todos recibían órdenes e instrucciones de aquel perico militar.
      Hasta que apareció algo en el cielo.
      Era un gran cilindro de metal color plata. Tenía muchas estrellas rojas y vibraba a cada rato, moviéndose en círculo. Y todos, absolutamente todos, estaban asustados… Pensaban que algo iba a pasar…
      Y, efectivamente, algo pasó… El cilindro se posó en la tierra, y una puerta se abrió… dejando ver a un ser vestido de rojo… de rostro normal, pero con cuatro orejas…
      El Ser hablaba un idioma universal, que todos los habitantes de Corazón del Mar entendían.
      Dijo llamarse Racarraca. Venía de muy lejos… De una galaxia llamada Azul Dos Veces. Su planeta era el E-725. Tuvo que abandonar a todos los suyos porque se burlaban de él… Todos en el planeta E-725 tenían una oreja, y él era el único espécimen que tenía cuatro… Necesitaba buscar otro mundo y, ahí estaba frente a ellos, esperando compasión.
      Racarraca se metió a su nave y sacó una caja de metal. Dentro había unas frutas de color rosado… Las repartió entre todos y dijo que en las frutas se concentraba la fuerza y el ímpetu de los habitantes del E-725…
      Los habitantes de Corazón del Mar comieron las frutas, y se convirtieron en sujetos semejantes a Racarraca.
      Ese día se inició la gran construcción de un mundo nuevo…. Pero cayó una gran tormenta que desvencijó todo… Entonces los habitantes de la isla salieron a buscar otros lugares.
      Prepararon la nave, trabajando intensamente, pero el efecto de las frutas fue pasando y todo regresó con el tiempo a la normalidad…los monos araña… el perico militar…el pulpo de los nueve brazos…
      Sólo Racarraca seguía siendo Racarraca.
      Aun así se metieron a la nave y empezó la cuenta regresiva… Todos levantaron sus voces…
      Ocho-siete-seis-cinco-cuatro-tres-dos-uno-cero… Y la nave empezó a elevarse… Primero lentamente y después, a gran velocidad.
      Mirando por una ventana, el pulpo de los nueve brazos volvió a encontrarse en el recuerdo…
      Su mamá había utilizado las cincuenta perlas que componían su collar para dejar señales en las rocas. Quería que sus hijos las usaran como referencia, para no perderse… Y las perlas, colocadas ya en las piedras, brillaban en la noche, como pequeños focos de luz.
      Las señales luminosas alteraron la posición de las estrellas. El cielo se volvió distinto y hasta la luna cambió sus formas y colores… Y, extrañamente, las noches se hicieron más cortas…
      A él, al pulpo de los nueve brazos, le gustaba esto… Con todos esos cambios, tenía más tiempo para jugar…
      La nave empezó a perder fuerza, y todos pensaron que se estaba acabando el combustible… Entonces, Racarraca movió controles y la nave se encaminó de regreso a la isla de Corazón de Mar… Había que regresar, era imposible seguir adelante…
      Todos permanecían en silencio mientras la nave aterrizaba… Nadie quería siquiera respirar…
      Y cuando tocaron tierra, todos gritaron y aplaudieron… Y los monos araña danzaron como locos…
      Poco a poco reconstruyeron lo que la tormenta se llevó.
      Racarraca hizo de su nave un hogar… Y algunos monos araña pusieron adornos de flores en el fuselaje… Pintaron el exterior de la nave con rayas de colores, para que pareciera un arcoíris.
      El coronel perico consiguió unas plumas de aves muy exóticas y le fabricó a Racarraca un sombrero muy lindo… Cuando Racarraca se lo puso, se hizo una ceremonia y se le otorgó el grado de sargento, pues estaba ayudando muy bien al perico militar.
      El pulpo de los nueve brazos, personaje de nuestro cuento, empezó a escribir un cuaderno con sus memorias… Puso ahí páginas tristes y hojas muy alegres… La narración se hizo en primera persona del singular, y he aquí el primer párrafo de su leyenda…
      “Cuando abrí los ojos en este mundo, vi colores muy brillantes. Yo, era una especie de hijo del mar, porque de ahí no salía… Mi madre me cuidaba, pero nunca se dio cuenta que yo era diferente… Aprendí a nadar desde el primer día, y me alejaba fácilmente de su lado, luego ella me buscaba, y me regañaba con razón… Yo era verdaderamente un pulpo muy rebelde…”    



Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)

No comments:

Post a Comment