Sunday, October 5, 2014

GARABATO N0. 84


 

 
Por Eduardo Rodríguez Solís

 
      Como pudo, con algo de lodo y hojas secas, se tapó el tercer ojo que tenía en la frente, y se quedó solamente con dos ojos.
      X-46 venía de un planeta que estaba detrás del sol, donde se veían las cosas en cuatro dimensiones. Pero se daba cuenta que en la Tierra no había necesidad de ver con tres ojos, porque la cuarta dimensión no existía, y bastaban dos ojos para verlo todo en tercera dimensión.
      Además, la gente se alarmaría al ver un ser con tres ojos. Dos, como los que tenemos en la Tierra, y un tercero, arriba, entre los dos ojos.
      Entonces, con lodo y hojas secas se eliminó la preocupación No. 1. Pero quedaba la preocupación No. 2.
      Las extremidades. Ocho dedos en las manos, y ocho dedos en los pies. Como si uno fuera personaje de Walt Disney.
      Entonces uno, al ser de ese planeta que está detrás del sol, tenía que ocultar ese segundo defecto, con guantes blancos, como si fuera uno cadete de una escuela militar.
      Y eliminadas las dos preocupaciones, se podía vivir plenamente.
      Pero había una gran ventaja en X-46. Al dormir, podía quitarse lo que tapaba al tercer ojo. Y ese tercer ojo se quedaba abierto, vigilando el entorno de X-46.
      Esa ventaja hacía que el disfrute del sueño fuese integral. Y uno, al ser de ese planeta que estaba detrás del sol, despertaba lleno de energías del sueño, para seguir con la vida.
      Pero la existencia se le complicó a X-46. Y esto fue cuando el amor lo atrapó.
      Ella era de Vietnam y era adoradora de una existencia ordenada, cosa que le encantaba a X-46.
      Y cuando X-46 tuvo que descubrir sus tremendos defectos (su tercer ojo y sus manos y pies con cuatro dedos), no pasó nada.
      La muchacha vietnamita confesó que ella también era de aquel planeta que estaba detrás del sol. Y entonces el cuento que contamos aquí tuvo un extraordinario final feliz.
      Y se vieron con sus tres ojos, frente a frente, y se acariciaron con sus manos que parecían dibujadas por Walt Disney.
      Vino entonces la primera noche donde se desbordó el amor, acto que se hizo frente a un televisor extremadamente plano, que mostraba una escena pintoresca, donde Donald Duck jugaba póker con Mickey Mouse… Los dos muñecos animados mostraban sus cartas. Ambos tenían póker de Reyes.
      Alguien estaba haciendo trampa.
      Cuando la pareja cumplió veinticinco años de unión espiritual, se decidió volver a ese planeta que estaba detrás del sol… Es que francamente estaban muy cansados de ocultar sus “horribles” defectos… Mejor retornar al mundo de las cuatro dimensiones.
      Ahí, después de un largo viaje, caminaron a gusto. Y todo era de todos. Las manzanas azules que crecían a la luz de muchas estrellas eran de quien quisiera. Y el agua de la única cascada, que era dorada y gratis, curaba cualquier mal.


Eduardo Rodríguez Solís (México D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picadoSobre los orígenes del hombreDoncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)

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