Friday, April 11, 2014

GARABATO No. 56



     

Por Eduardo Rodríguez Solís


      Este hombre era un artista de verdad. Desde chamaco, desde chilpayate, brillaba como una estrella. Era único en su clase.
      Yo lo vi en muchas películas blanco y negro. Y cada vez que lo veía como que me estrechaba la mano. Entonces, yo siempre lo consideré un amigo, un amigo de verdad.
      Pasaron los años y seguía brillando como siempre. Y lo que hacía mi amigo, que nunca conocí en persona, me sorprendía… Es que era un caso de Ripley… Nadie lo igualaba.
      Y una vez que me fui a Nueva York, quise ir al teatro, y me decidí (albricias y mil albricias) por Sugar Babies, un espectáculo de dos artistas: Ann Miller y mi amigo de siempre que, como he dicho, no lo conocí en persona… Me refiero a Mickey, pero no a Mickey Mouse… Me refiero a Mickey Rooney…
      Teatro a reventar… Y cuando salen los artistas, el teatro se cae de los tantos aplausos.
      Mi amigo Mickey, pero no Mouse, sino Rooney, toca el piano, baila, canta, actúa, como un Leonardo Da Vinci de la escena.
      Y yo lo veo con estos ojos que me ha dado Dios. Y estoy ahí disfrutando del arte de este chaparrito, que comparte la escena con esa mujerona que es Ann Miller.
      Hoy (carajo y más carajo), hay tristeza en nuestras almas, porque el Mickey Rooney, que es amigo de muchos, se ha ido de este planeta, a los 93 años, a las 93 primaveras vividas, a las 93 visitas de Santa Claus, a los 93 días de San Valentín…
      Pero nos ha dejado su arte y su don de gentes… Y su recuerdo lo dejamos al lado de Chaplin, al lado de Shirley Temple, al lado de tantos otros.
      Y entre sus sombras, entre sus espíritus regados por doquier, anda un jugador de soccer, que se le parece, y hasta lleva el mismo apellido: Rooney, británico, gran jugador.
      Y cuando vemos a este Rooney, nos acordamos del otro Rooney, el que tocaba el piano, el que cantaba, el que bailaba, el que actuaba… Allá en Broadway y en todos los escenarios del mundo…


Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)

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