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Monday, December 10, 2012

LA INEVITABLE NAVIDAD


 
 
Por Eduardo Barrios, S.J.
 
 
            No se puede llegar al 26 de diciembre sin pasar por el veinticinco. Guste o no, el recién nacido en Belén de Judá hace 21 siglos se hace presente en la vida pública cuando llega el día de Navidad.
            El Señor Jesús no fundamenta la fe religiosa de todos los habitantes del planeta, pero todos sí tienen que contar con él como personaje imprescindible de la cultura mundial.
            En tiempos de fiestas enraizadas en la religión, algunos se sienten mortificados. Sucede que no sólo hay agnósticos o personas que no creen en Dios, sino que también existen aquellos que se le oponen. Andan molestos durante los días navideños, pues no pueden impedir que salten a la calle algunos testimonios de fe. Los contestatarios se caracterizan por su amargura y militante oposición a las expresiones religiosas. Lo hacen con sospechoso fervor “religioso”.
            En una ocasión, comenzando las decoraciones navideñas, hubo controversia en Miami por un letrero que apareció en un parque público que expresaba en inglés una contundente verdad: “Jesus is the reason for the season” (Jesús es la razón de la estación). Se encolerizaron los contestatarios y los anti-cristianos.
            Lo más curioso es que el influjo religioso en la cultura universal obliga a los que no creen en Dios a valerse inadvertidamente del lenguaje devocional. En la Cuba marxista pueden leerse cartelones como éste: “Gloria inmortal a los mártires del Moncada”. El letrero toma prestadas tres palabras del mundo religioso: gloria, inmortal y mártires. También se reportó que un día Fidel Castro habló en una escuela sobre problemas educativos, señalando que para resolverlos se imponía hacer “un serio examen de conciencia”. Al célebre autócrata se le escapó una reminiscencia de cuando estudiaba en colegio católico. En su memoria afloró la frase “examen de conciencia”, el primer paso, según le enseñaron los jesuitas,  para la confesión sacramental.
            El mes pasado, también en Miami, un contestatario defendía la separación Iglesia-Estado (algo justo, si se entiende bien), llegando a llamar “sagrada” a la primera enmienda de la Constitución norteamericana. No pudo escoger una palabra más religiosa, “sagrada”.
            Pues bien, la Navidad continuará celebrándose el 25 de diciembre. Duélale a quien le duela, existen millones de seres humanos impactados por la natividad, vida, pasión, muerte y resurrección de quien origina la fiesta de Navidad.
            No se puede tapar el sol con un dedo. Aunque no han faltado débiles discípulos de Jesús que han tiznado el buen nombre del Cristianismo, siempre ha existido un gran número de cristianos coherentes. Éstos han hecho de nuestro globo terráqueo un mundo mejor.
            Quienes se quejan de lo mal que va la humanidad, no se imaginan lo mucho peor que estaría si hubiese faltado la luz que trajo Jesucristo.
            El balance es archipositivo. En el mundo nunca ha sucedido nada mejor que el evento-Jesús. Su nacimiento, por tanto, merece celebrarse por todo lo alto. Por encima de los anodinos muñecos de nieve y de los insulsos trineos de las decoraciones seculares, en muchas conciencias siempre emerge cada vez más majestuoso y relevante el nombre de Jesús, el Logos de Dios hecho hombre, el Salvador del mundo. ¡Que siempre disfrutemos de una Feliz Navidad en nombre del Señor!
 
 
Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en Gesu Catholic Church y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald. (ebarriossj@gmail.com)
 

Sunday, November 4, 2012

EL HUMILLANTE CICLÓN SANDY




 
Por Eduardo Barrios, S. J.


            Que el reciente huracán arrasase una ciudad de envejecida infraestructura como Santiago de Cuba, se entiende.
            Pero que haya causado tantos estragos en zonas primermundistas como New York y New Jersey sorprende. El golpe constituye toda una humillación para el desarrollo, las altas tecnologías y las sólidas finanzas.
            Los desastres naturales dejan claro que el hombre no tiene pleno control del Cosmos. Muestran su vulnerabilidad y mortalidad.
            Las catástrofes obligan al ser humano de hogaño, igual que al de antaño, a responder a las grandes preguntas de siempre, las mismas que el Concilio Vaticano II lanzó al mundo hace 47 años:
            "¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte, que, a pesar de tantos progresos subsisten todavía? ¿Qué valor tienen las victorias logradas a tan caro precio? ¿Qué puede dar el hombre a la sociedad? ¿Qué puede esperar de ella? ¿Qué sentido último tiene la acción humana en el universo? ¿Qué hay después de esta vida temporal?" (GS n. 10)


Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en Gesu Catholic Church y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald. (ebarriossj@gmail.com)

Monday, August 22, 2011

MODESTO HOMENAJE AL HERMANO PEDRO ESTÉVEZ




Por Eduardo M. Barrios, S. J.

En Cuba, el Hermano Pedro comenzó trabajando en el Colegio Sagrado Corazón localizado en Sagua la Grande. Después pasó al Seminario diocesano San Basilio, El Cobre, donde colaboró en la formación de muchos candidatos al sacerdocio que ahora son presbíteros y obispos. Por obediencia dejó su patria en 1970. Primero prestó servicios en el Colegio Loyola de Santo Domingo, República Dominicana y por unos años sirvió como enfermero en el Leprosorio de Fontilles, España. Los últimos 20 años de su vida los utilizó  al servicio del “Belen Jesuit Preparatory School” de Miami. Aunque con escaso conocimiento del inglés, acometió su última misión con plena confianza en Dios. En Belén trabajó principalmente en la librería. En la comunidad jesuita mostró carisma especial para el cuidado de los enfermos.
Durante los meses de su convalecencia, su paciencia y espíritu de fe edificaron a los miembros de su comunidad, a los visitantes y al personal sanitario que lo atendía. No se dejó llevar por la autocompasión. No se quejaba ni exigía atenciones especiales. Como ya no podía trabajar, se pasaba buena parte del día en la Capilla preparándose para su pascua. Cumplió como enfermo grave lo que prescribe San Ignacio en las Constituciones: “Como en la vida toda, así también en la muerte, y mucho más, debe cada uno de la Compañía esforzarse y procurar que Dios nuestro Señor sea en él glorificado y servido y los prójimos edificados, a lo menos del ejemplo de su paciencia y fortaleza, con fe viva, esperanza y amor de los bienes eternos que nos mereció y adquirió Cristo nuestro Señor con los trabajos tan sin comparación alguna de su temporal vida y muerte” (595).
            Muchas personas conocen los nombres de Padres Jesuitas que han alcanzado fama en diferentes campos del saber sagrado y profano. La Compañía de Jesús se conoce menos por sus Hermanos. En muchos institutos religiosos, incluyendo la Compañía, hay Padres, es decir, sacerdotes, pero también Hermanos, o sea, religiosos legos.
            En los institutos religiosos, los Hermanos viven la vida consagrada en su estado químicamente puro. Se consagran totalmente a Dios, sumamente amado, mediante la profesión de los consejos evangélicos, sin esperar nada a cambio en este mundo. Los Hermanos Jesuitas no reciben los poderes sagrados que confiere el Sacramento del Orden ni ejercitan poderes de jurisdicción en su instituto. Los Hermanos sólo tienen su consagración religiosa y la viven dedicándose mayormente a la contemplación y al trabajo manual. San Ignacio los llamó “coadjutores temporales”, porque su trabajo se centraba en los asuntos prácticos necesarios para apoyar el servicio sacerdotal de la Orden. Y así muchos hermanos se han desempañado como porteros, cocineros, administradores y técnicos en mantenimiento. También los ha habido arquitectos y pintores de fuste. La Compañía siempre los ha valorado mucho, porque en un ejército la retaguardia vale tanto como la vanguardia. Lamentablemente hoy en día escasean las vocaciones para Hermanos en todos los institutos religiosos.
            En la Misa exequial no sólo encomendamos la eterna felicidad del Hermano Estévez, sino que le pedimos a Dios que suscite vocaciones para entrar en la Compañía de Jesús y en los demás institutos religiosos de la Iglesia.



Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en St. Raymond Catholic Church en Coral Gables y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald. (ebarriossj@gmail.com)

Wednesday, July 13, 2011

LOS INCLASIFICABLES




Por Eduardo M. Barrios, S.J.

             Todos los terrícolas desafían las clasificaciones. Pero los observadores clasifican y generalizan en aras de la  sistematización a sabiendas de las excepciones.
            ¿Es justo decir que los andaluces y napolitanos son alegres  mientras que los catalanes y turineses son seriotes? Sí y no.
            Pontificaba la cajera de una tienda miamense: “Me gustan los cubanos de ahora, sencillos y humildes, pero no los que llegaron primero, arrogantes, prepotentes y que se las dan de aristócratas”. ¿Acertó la cajera? Sí y no.
            Se habla de un exilio histórico, el de cubanos que salieron, según ellos, por amor a Dios y a la democracia. ¿Es cierto? Imaginemos un discurso hipotético de Castro en 1960: “La Revolución controlará la Educación con énfasis en el materialismo ateo; también tendrá dominio sobre los medios de comunicación y el ejército, y habrá un solo partido. Pero las fincas, industrias y comercios quedarán en manos privadas”. ¿Habrían emigrado tantos empresarios que afirman haberlo hecho por ideales democráticos y religiosos?
            También se dice que los cubanos recién llegados vienen sólo porque no pueden subsistir en un país arruinado. ¿Es cierto que a los cubanos de ahora les importa un bledo la religión y la democracia?
            ¡Qué arriesgado es generalizar y clasificar!



Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en St. Raymond Catholic Church en Coral Gables y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald. (ebarriossj@gmail.com)


Tuesday, July 12, 2011

AMAR COMO A SÍ MISMO: CRÓNICA DE HUMOR



Por Eduardo M. Barrios, S.J.

           Si hay algún precepto ético archiconocido es aquél de “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt. 22,39), un mandamiento tan conocido como inobservado. En general, los humanos nos valemos de un doble rasero a la hora de valorar a las personas: nos mostramos severos con los demás, mientras que abusamos practicando la indulgencia y benevolencia en nosotros mismos. Eso se nota al comparar nuestros defectos físicos, psicológicos y morales con los del prójimo. Detallemos:



I. CULTURA FÍSICA

1) Si el espejo o la ropa me dicen que ando sobrepasado de libras, quizás me diga que estoy robusto o envueltico en carnes. Pero al que pesa tanto como yo, lo designo como obeso, bola ‘e grasa, regordete o gordiflón.
2) Si, por el contrario, me encuentro enflaquecido por debajo de la media, me diré esbelto, en buena forma, o que estoy en la línea. Pero al vecino que exhibe tan triste figura como la mía, lo calificaré de alfeñique, suspiro, güin o alambrito.
3) Si al peinarme le doy poco trabajo al peine, admiraré mi frente despejada. Pero si la cabeza de mi amigo se parece a la mía, la tildo de bola de billar, o lo llamo coco pelao.
4) Si mis rasgos faciales carecen de armonía, me consuelo pensando que “el hombre y el oso mientras más feo más hermoso”. Pero de mis semejantes poco agraciados digo que le meten miedo al susto, que son más feos que el pecado, o engendros que sólo una madre podría amar.
5) Si mi estatura supera los seis pies, me considero espigado. Pero al que es más alto de la cuenta, lo llamo vara de tumbar gatos, palma real, o digo que es más largo que el mes de Mayo.
6) Si no llego a los cinco pies de altura me califico como proporcionado. Pero del prójimo bajito digo que es chaparro, patato o tapón de bañadera.
7) Si algún día no visito la ducha, simplemente “volé el turno”. Pero si otro no se ha bañado, ya lo considero bola ‘e churre, o incluso hediondo.


II. A NIVEL PSICOLÓGICO

1) Si soy muy callado, alabo mi prudencia, humildad y reserva. Pero si otro habla poco, diré que es más cerrado que una ostra, que es tímido, hermético, taciturno y acomplejado.
2) Si al final del día he pronunciado miles de palabras, quedo satisfecho de mi carácter social y comunicativo. Pero si alguien ha enunciado tantas palabras como yo, entonces es que habla hasta por los codos, padece de verborrea, no deja hablar a los demás, no hay quien lo aguante.
3) Si no compro nada ni invito a nadie a nada, soy buen administrador. Pero quienes gastan tan poco como yo, ésos tienen el codo duro, son tacaños, ratones, miserables.
4) Si gasto mucho dinero es porque soy espléndido y generoso. Pero el que gasta igual que yo es manirroto, botarate y comprador compulsivo.
5) Si nunca pierdo una discusión es por firmeza de principios. Pero si otro nunca cede, entonces es terco, cabeciduro, intransigente y contumaz.
6) Si ofendo al hablar, me llamo franco o sincero. Pero si otro también dice lo primero que se lo ocurre, entonces es imprudente, desconsiderado e inoportuno.


III. PRINCIPIOS ÉTICOS

1) Si estando casados, tenemos una relación con mujer ajena, quizás piense que sólo fue “una cana al aire”, pero si un amigo cae en lo mismo, entonces lo llamamos por su nombre, es decir, infiel y adúltero.
2) Si preferimos no contar las cosas tal y como sucedieron, decimos que nos gusta adornar la verdad. Pero si otro hace lo mismo, lo calificamos de embustero, inventor, mendaz y charlatán.
3) Si a uno se le pegan cosas, dinero por ejemplo, en el centro de trabajo, justificamos nuestras acciones diciendo que hay que defenderse, que no se puede ser bobo, o tal vez que se trata de una justa compensación por lo poco que nos pagan. Pero si un compañero se comporta de igual manera, entonces es un gato, un corrupto, un ladronazo, abusador, y malversador.
4) Si hablo mal de los demás es sólo por practicar la crítica constructiva. Pero si otros hacen lo mismo, ya son chismosos, criticones y hasta calumniadores.
De lo dicho se colige que los humanos gozamos de una capacidad de autoengaño infinita, y que la caridad fraterna no se nos revela muy fácilmente.



Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en St. Raymond Catholic Church en Coral Gables y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald. (ebarriossj@gmail.com)

           

Wednesday, July 6, 2011

REFLEXIÓN FILOSÓFICO-TEOLÓGICA





Por Eduardo Barrios, S.J.

¿Cómo explicar que hay personas que manejan asuntos serios juguetonamente y que al mismo tiempo asumen tan en serio los juegos?
¿Cómo explicar que existen caballeros que peinan canas o lustran calvas que se lanzan a la calle brincando ebrios de júbilo como párvulos a la hora del recreo?
¿Cómo explicar que incluso hombres con nervios de acero, capaces de enfrentar situaciones estresantes durante horas en mesas de negociaciones, tengan que apagar a ratos el televisor por miedo a que su sistema cardio-vascular sufra un desajuste a causa de las bases llenas, acompañadas de dos outs, tres bolas y dos strikes?
Éstas y otras tantas cuestiones exigen respuestas ponderadas. Intentemos desbrozar el camino esperando que intelectos más agudos logren elucidarnos el misterio del deporte.

IMAGEN DE DIOS
Si el hombre es imagen de Dios, como sostiene la visión antropológica del Judeo-cristianismo, habría que buscar en Dios mismo la propensión de los humanos hacia el juego.
Las páginas bíblicas presentan a Dios disfrutando lo que hace. El relato genesíaco muestra al Dios creador procediendo por etapas, un poco como el niño que se concentra en armar o ensamblar un juguete de varias piezas. Hay un texto sapiencial que llega al extremo de presentar a la Sabiduría Divina en actitud lúdica durante el proceso de creación: “Jugaba sin cesar en su presencia; jugaba con el orbe de la tierra, y mi alegría era estar con los hombres” (Proverbios 8, 30-31).
Si Dios juega, también se espera que jueguen sus criaturas, sobre todo las que fueron inspiradas por la naturaleza de Dios, sus imágenes. De aquí se desprende que la propensión a lo lúdico pertenece a la raza humana. Aunque la necesidad de jugar se acentúa en los primeros años (infancia), esa tendencia se mantiene viva durante el resto de la vida, volviéndose a intensificar en la tercera edad (¿segunda niñez?).
Nuestra reflexión nos lleva a concluir que el ser humano no es solamente “homo sapiens”, sino también “homo ludens” [1].


AGRESIVIDAD
Aunque el ser humano sería elegido como reflejo de Dios desde el principio de los tiempos, el hombre debe admitir que la suya no es sino una imagen desfigurada por el pecado, en la que se encuentran actitudes que no reflejan la santidad de Dios, como, por ejemplo, la agresividad. Los seres humanos tienden a reaccionar violentamente en situaciones de conflicto, lo cual desata las guerras.
La agresividad humana se exacerba en tiempos de paz. ¿Cómo encontrarle un cauce no cruento a tan vehemente pasión? Parece que el deporte serviría como válvula de escape a la agresividad reprimida.
De hecho los analistas deportivos suelen valerse del léxico castrense cuando exponen las maniobras del juego en términos de ofensiva y defensiva. Los redactores deportivos también hacen uso frecuente del vocabulario bélico al redactar sus crónicas. Como resulta poco atractivo decir que los jugadores le batearon al pitcher, entonces dicen que lo “bombardearon”. Si, en cambio, el pitcher lanza dominante, entonces “liquida” a los bateadores. Para no repetir que el catcher sacó out a un corredor que estaba en camino hacia segunda base, escriben que “fulminó al osado corredor en su conato de robo”. A veces los cronistas se pasan de raya en su fervor belicista y llegan a escribir que “un equipo aniquiló, trituró, demolió, masacró, aplastó al equipo contrario”. ¡Por favor! Bueno, menos mal que, como dirían los niños, “son guerras de mentirita”.


IMPREVISIBILIDAD
Al ser humano le fascina lo impredecible e imprevisible. El deporte fascina, porque nadie sabe el resultado final. Quienes afirmaban que ganarían los Yankees o los Marlins pecaban de adivinos. No se sabía. No hay equipo cabecero que no pierda juegos, ni equipo sotanero [2] que no gane algunos. El béisbol mantiene en vilo a jugadores y espectadores hasta el último out, porque “el juego no se acaba hasta que se acaba,” como diría el legendario atleta Yogi Berra.
La fascinación por lo desconocido aumenta a medida que disminuye el campo de lo imprevisible. Por ejemplo, nuestros antepasados no sabían el curso que seguirían los ciclones. ¡Cuánto naufragio! Actualmente nuestros meteorólogos caribeños predicen la trayectoria de los huracanes con precisión suiza.
El deporte va quedando como la última frontera para el suspense.


 REFLEXIÓN MARGINAL
Es legítimo alegrarse por cada triunfo de los Marlins que nos posibilita saltar como estado (de la Florida) a los titulares mundiales no por coleccionar funcionarios corruptos, narco-tráfico o escándalos faranduleros, sino por algo sano y refrescante como son las hazañas deportivas que nos recuerdan el pasaje bíblico de David y Goliat. Ojalá los funcionarios públicos lograran dotar a Miami de un stadium bajo techo, donde se pueda jugar sin temer a los aguaceros estivos, tan imprevisibles como el resultado mismo de los juegos.


Notas


[1] Este término nos refiere al concepto del “hombre que juega” defendido por el historiador y teórico holandés Johan Huizinga.
[2] La palabra sotanero se utiliza para describir al equipo que ocupa el último o uno de los últimos puestos en la escala oficial de la competencia deportiva.


Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en St. Raymond Catholic Church en Coral Gables y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald.  (ebarriossj@gmail.com)

Monday, July 4, 2011

PULIENDO LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA



Por Eduardo Barrios, S. J.

Se acerca la puesta en vigor de un nuevo Misal en inglés. Se prepara también nueva edición en español. Buena ocasión para un renovado esfuerzo por celebrar devotamente la Santa Misa.
Lo principal es prepararse espiritualmente para cada liturgia por medio de la oración. Se debe preparar también materialmente el Misal, poniendo las marcas o cintas antes de la Misa, no al comienzo.
En general la mayor deficiencia proviene de una mal entendida creatividad. Al celebrante le toca ser creativo en la homilía, pero no al rezar las oraciones prescritas. No se puede privatizar la liturgia; debe ser la misma para todos los católicos. A veces se observan omisiones, adiciones y mutaciones que lastiman la celebración.

1) La Misa comienza con la procesión de entrada. Es importante que los ministros vayan en el orden correspondiente. El Canto inicial no debe alargarse demasiado.
2) Ante el altar se hace la “debida reverencia”. Si el Sagrario está detrás, procede la genuflexión. Si el Santísimo se reserva en una capilla lateral, basta venia profunda.
3) “Besar el altar”. No hay por qué omitir tan piadoso gesto. El altar representa a Cristo. El prefacio V de Pascua lo llama “sacerdote, víctima y altar”.
4) El celebrante dirige los ritos iniciales desde la sede. A veces por falta de acólito lo hace desde el altar, pero mejor no ir al altar hasta que comience la Liturgia de la Eucaristía.
5) Hay varias fórmulas para el saludo inicial en Tiempo Ordinario. También las hay propias de otros Tiempos. Debe procurarse la variedad.
6) Si el sacerdote hace una monición inicial, no debe tener visos de homilía, sino de breve introducción a la Liturgia.
7) El Acto Penitencial también cuenta con diversidad de formularios. Debe evitarse la rutina.
8) El celebrante tenga presente si la Liturgia exige canto del Gloria. Se reza en solemnidades y fiestas, no en memorias o ferias.
9) La primera gran oración de la Misa se llama, “Colecta”. Se introduce con la invitación, “Oremos”; no diciendo, “El Señor esté con Ustedes”.
10) La primera lectura, y la segunda cuando hay, concluye con la expresión, “Palabra de Dios”; se responde, “Te alabamos, Señor”. En cambio, al final del Evangelio se dice, “Palabra del Señor”; la respuesta es, “Gloria a ti, Señor Jesús”. Antes del evangelio, el sacerdote dice una oración “en secreto”, es decir, en voz baja.
11) Después de las lecturas viene la homilía. Obligada, los días de precepto, pero se recomienda diariamente. El predicador debe prepararla bien mediante la meditación y estudio de los textos. No se acoja a homilías de otros predicadores, pues cada cual tiene su carisma profético.
12) Después del Credo en domingos y solemnidades se reza la Oración de los Fieles. Las peticiones deben proceder comenzando por las necesidades más universales para acabar con las más particulares de la comunidad. Aquí conviene ejercitar la creatividad, y no limitarse a copiar peticiones importadas de otros lugares.
13) El sacerdote no debe mirar a los feligreses cuando se dirige a Dios. Está bien que mire hacia a los fieles cuando predica.
14) Al comenzar la Liturgia Eucarística se coloca abierto el corporal sobre el altar, y no antes. Como la palabra “corporal” indica, esa pieza es para el “Corpus”, para que no se dispersen partículas de hostias consagradas. El Misal no debe colocarse sobre el corporal.
15) Es significativa la procesión con las ofrendas, a saber, del pan, vino, y otros dones, como lo recolectado en los cepillos.
16) El sacerdote eleva un poco el pan y el vino por separado, y los presenta a Dios con oraciones independientes; no hay que fusionarlas en una. Antes de presentar el vino, el sacerdote o diácono prepara el cáliz; al añadir unas gotas de agua, dice oración “en secreto”, o sea, no voceada.
17) No debe omitirse, como algunos hacen, el lavatorio de las manos, gesto humilde y devoto. Se hace acompañado de otra oración “en secreto”.
18) Después de esa ablución viene una exhortación a orar. Existen tres fórmulas en aras de la variedad. La respuesta del pueblo es invariable.
19) La Oración sobre las Ofrendas no va precedida ni de “El Señor esté con Ustedes” ni de “Oremos”.
20) La plegaria eucarística comienza con el Prefacio. Nótese que hay prefacios unidos inextricablemente al resto de la plegaria eucarística. Las tres primeras plegarias eucarísticas admiten variedad de prefacios. No así la cuarta, que tiene prefacio fijo. También tienen su prefacio inmutable la quinta plegaria eucarística en sus cuatro versiones y las dos plegarias sobre la reconciliación. Dígase lo mismo de las tres plegarias para Misas con niños. Hay catorce plegarias eucarísticas en español, pero algunos celebrantes abusan de la segunda, la más breve de todas.
21) Los sacerdotes deben cumplir los gestos prescritos durante la parte central de la Liturgia, como extender las manos, juntarlas, ponerlas sobre las ofrendas, etc.
22) No debe fraccionarse la hostia antes de la consagración. Esa fracción se hace después del Padre Nuestro, dentro del Rito de la Comunión.
23) Para introducir el saludo de paz hay cuatro fórmulas que dan variedad a la exhortación. Aunque la paz se desee a todos los presentes, los fieles no deben recorrer toda la iglesia dispensando besos y abrazos por doquier. El gesto de paz, sobrio, se hace a los cercanos.
24) Los fieles reciben la Comunión. No está bien que se apoderen de la hostia con los dedos. Se recibe directamente sobre la lengua o sobre la palma de la mano, en gesto de receptividad, no de apropiación.
25) La oración después de la Comunión va precedida de “Oremos”, no de “El Señor esté con Ustedes”.
26) Luego de esa oración puede haber “oportunos anuncios, si es necesario y con brevedad”. No conviene sacar del recogimiento con saludos informales o avisos sobre temas banales, como excursiones o rifas de pavos.
 27) Después del rito de conclusión, los feligreses deben evitar levantarse en estampida hacia las puertas. No comiencen a salir hasta que el sacerdote y sus ministros hayan llegado a la sacristía.



Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en St. Raymond Catholic Church en Coral Gables y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald. (ebarriossj@gmail.com)


Saturday, July 2, 2011

LA DIETA ADELGAZANTE DEL PADRE BARRIOS


Por Eduardo M. Barrios, S.J.

Con ocasión de la pasada Cuaresma, decidí reducir el insumo de comestibles para sintonizar con el tiempo litúrgico, y de paso desprenderme del lastre de unas libritas extras que comenzaban a agobiar mi anatomía.
En vez de echar mano a una de las tantas dietas que circulan en las publicaciones, opté por inventar la mía, pero sin hacerme millonario con ella. La comparto gratuitamente:


GENERALIDADES

1) Servirme un plato moderado de comida, y nunca repetir. Jamás de los jamases debe uno servirse por segunda vez.

2) Dieta variada. Me inspiré en lo que decía un jesuita, el H. Juan J. Muñoa, que falleció a edad provecta: “Comer de todo con moderación”. El buen hermano murió casi nonagenario por descuidos comunes en personas que nunca se enferman. Él llamó “catarrito” a lo que en realidad era una neumonía…típica.

3) Bueno, tanto como “comer de todo”, no. Eliminé totalmente las galleticas dulces (cookies), los bombones, las papitas empaquetadas (chips) y todas esas golosinas que los dietistas americanos justamente llaman “junk food” (alimentos basura).

4) Reduje al máximo la ingestión de calorías líquidas. Nada de vinos, cervezas y refrescos. Jugo, una vez al día, y en vasito. Algo de té, café y leche sí, pero sin azúcar.

5) Nada sólido entre comidas. Si acaso a media mañana y en la tarde un poco de café o té con una salpicadura de lecha magra.

6) Cenar a las 6:00 p.m. y después no tomar nada más, excepto agua, hasta el día siguiente. Si alguna vez tenía muchas actividades después de cenar, antes de dormir me concedía un vasito con dos magnánimos dedos de leche o la alternativa de una gelatina, como para acallar el clamor de los jugos gástricos.


PARTICULARIDADES

A) DESAYUNO
Antes comía huevos dos veces por semana: Fritos, con jamón o bacon,” más dos tostadas generosamente embadurnadas de mantequilla.
Ahora sigo comiendo huevos de vez en cuando, pero pasados por agua, sin jamón ni “bacon”. Y sólo una tostada de pan integral sutilmente ungida con mantequilla ligera (light).
Antes era capaz de tomar jugo de naranja y banana (guineo) en el desayuno. Ahora si como banana descarto el jugo. Tener presente que no todas las bananas han sido creadas iguales; las hay gigantes y enanas. Se eligen las pequeñas. Existen unas diminutas llamadas “manzanos”.
Antes tomaba cereal algunos días. Ahora también, pero no lleno el pozuelo ni de cereal ni de leche.

B) ALMUERZO (LUNCH)
Antes me preparaba un señor sándwich de jamón y queso a medio día, es decir, con varias lascas de lo uno y de lo otro entre las dos paredes de pan, aunque no tan exagerado como esos rascacielos que ofrecen algunas cafeterías. Por ahí venden sándwiches que para abarcarlos casi hay que desencajar la mandíbula como hacen las boas constrictoras. Masticar tales sándwiches constituye un maltrato a los músculos buco-maxilo-faciales.
Ahora me contento con un “sandwichito” de planta baja, es decir, con una sola lasca de queso y dos de jamón. Se puede variar con atún, pavo u otro fiambre. De postre, una fruta. Para beber, agua.


C) CENA
Antes me servía un plato de comida que exigía pulso y equilibrio para que no se desbordase. Ahora me sirvo moderadamente, como para que quede mucha porcelana visible. Arroz y frijoles, poco. Carne, pescado o pollo, poco también. De guarniciones fritas, nada. Algo de liberalidad con el vegetal hervido y con la ensalada. De postre, una mandarina o un pellizco de dulce de guayaba con queso blanco como para neutralizar el sabor a lo salado. Si de bebida se trata, elijo la reina de los fluidos: el agua.

D) EJERCICIO
Las dietas no funcionan sin el complemento de ejercicios físicos. Antes yo me ejercitaba “religiosamente”: Caminaba veinte minutos y luego hacía tres o cuatro flexiones, culminando con un solemne, “Amén”.
Ahora me ejercito “fervorosamente”: Camino cuarenta minutos y al llegar a casa me meto en un pequeño gimnasio doméstico a maniobrar todos los aparatos por un buen rato, resoplando “hosannas” y “aleluyas”.


Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en St. Raymond Catholic Church en Coral Gables y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald. (ebarriossj@gmail.com)

                                                

Monday, June 27, 2011

EUFEMISMOS BÉLICOS

       


       Por Eduardo Barrios, S. J.


        Las guerras, justificadas o no, nunca tienen buena cara. Se procura mejorarles el rostro con un maquillaje de términos eufemísticos. Veamos cómo la entidad guerra se manifiesta en su cruda realidad y su representación maquillada:

1) En vez de la escabrosa palabra “guerra”, se prefiere la expresión “conflicto armado”.
2) Cuando comienza la “pelea”, se dice que se abren las “hostilidades”.
3) Cuando los hombres están peleando, se sugiere que han “entrado en campaña”.
4) A los muertos se les designa como “bajas”. O también como “cuerpos en fundas plásticas”. Luego, en vez de pasar a fosas comunes o individuales, se convierten en “estadísticas”.
5) A los disparos les dicen“golpes” (en inglés, “strikes”o “hits”, como en el baseball).
6) Los edificios por atacar se llaman “objetivos”.
7) Al aniquilamiento de los jefes enemigos se le denomina “decapitación de la cúpula.”
8) A los soldados del bando contrario se les instruye sobre el modo de rendirse para evitar “destrucción”, es decir, ser “masacrados”.
9) Las armas no resultan“mortíferas”, sino “letales”.
10) Los soldados no “matan” a nadie; “dan en el blanco”. Hay términos más eufónicos que matar. Se dice, “liquidar”, “neutralizar”, “eliminar”.
11) Los ataques al ejército enemigo pueden presentarse como procesos para “ablandar resistencia”.
12) Cuando por error unos soldados disparan contra compañeros, éstos mueren bajo “fuego amistoso”.
13) Cuando uno de los bandos en conflicto no ha dejado títere con cabeza, entonces “se ha restablecido la paz”.

De donde se colige, transformando el refrán, que “la guerra, aunque se vista de seda, guerra se queda”.


Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en St. Raymond Catholic Church en Coral Gables y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald. (ebarriossj@gmail.com)



Saturday, June 18, 2011

JUAN PABLO II: ¿BEATO POR QUÉ?



Por Eduardo M. Barrios, S.J.


            La Iglesia no beatifica a sus hijos ejemplares por su inteligencia, sagacidad o cultura humana, ni por sus aciertos en asuntos políticos, económicos o sociales.
            La beatificación se basa en la ortodoxia (recta doctrina) y en la ortopraxis (virtudes heroicas) del candidato. La intensidad de la fe, esperanza y caridad determina la idoneidad de un siervo de Dios para llegar a beato. Añádase un milagro.
            Un “defecto” de la persona bondadosa es la dificultad para creer que algún individuo, religioso o no, pueda ejecutar actos malos contra los demás. Parece que a Juan Pablo II le costaba digerir lo que se rumoraba contra el P. Maciel, tremendo histrión, y otros clérigos. Lo cual no significa que no hubo sanciones contra curas durante su pontificado, cuando se trataba de casos comprobados.
            Aunque en la Iglesia no se hayan manejado bien todos los casos de abusos clericales, de ningún  modo se puede implicar al difunto pontífice en complicidad o encubrimiento.
            El artículo de Jorge Ramos, “El beato y los abusadores sexuales” publicado el 26 de abril yerra de punta a cabo. Niega la posibilidad de milagros; desconoce el rigor con que la Santa Sede dictamina, mediante médicos, la inexplicabilidad de una curación.
El articulista, además, se arroga clarividencia infalible sobre lo que sabía o no sabía el Papa; eso sí que es un milagro de Ramos.


Eduardo Barrios es escritor y sacerdote de la orden jesuita. Ha trabajado como consejero en el Colegio de Belén y celebrado misas en varias parroquias de la ciudad de Miami. Actualmente oficia en St. Raymond Catholic Church en Coral Gables y escribe artículos controversiales para El Nuevo Herald. (ebarriossj@gmail.com)