Showing posts with label Theater Scenes. Show all posts
Showing posts with label Theater Scenes. Show all posts

Saturday, November 23, 2013

GARABATO No.32





      Dos fragmentos de teatro de Eduardo Rodríguez Solís


      Primer fragmento: “Cerca de la luna.”


      UN VIEJO DRAMATURGO, AL CUMPLIRSE 50 AÑOS DEL ESTRENO DE SU OBRA “PASO A LA VIDA”, INVITA A SUS ACTORES (TRES MUJERES Y CUATRO HOMBRES). LA CELEBRACION SE HACE EN UN CUARTO-ESTUDIO-HABITACION, QUE TIENE EL ESCRITOR EN LA AZOTEA DE UN VIEJO EDIFICIO UBICADO EN EL CENTRO DE LA CIUDAD DE MEXICO.
      AL INICIARSE LA ACCION, EL DRAMATURGO ESTA AFUERA, COMO OBSERVANDO LAS ESTRELLAS. SON LAS NUEVE DE LA NOCHE.

     
DANIEL.- Siempre son las mismas. Son los ojos de mi vida. Se desparraman en la noche. Las hay pequeñas y las hay que no se ven… Las grandes están llenas de vida.
      Ustedes, todos los que me miran, pueden echar los ojos para arriba y pueden observar el milagro de la noche… Lo que se puede ver sin pagar.
      Espectáculo para cada uno. Algo que nos acompaña desde siempre. En las buenas y en las malas… Así son las estrellas y su noche. Ahí están, en los tiempos malos y en los tiempos buenos… Son, algunos dicen, un regalo de Dios…
      Luego, esa noche y esas estrellas, se mezclan con el silencio de las horas. La gente duerme y el silencio se engrandece… Crece hasta volverse una música suave, cristalina, tenue… Y los que pueden, sueñan ilusiones, fantasías… Y los que viven con dolores de alma, sufren las pesadillas, los sueños diabólicos…
      Yo prefiero tomar una hoja de papel y un lápiz. Borroneo palabras, frases, verbos. Invento mundos. Pequeños o grandes universos. Dejo que lo que queda del alma se derrame, se vuelque, como un río, como una caída de agua, como una cascada de líquido fresco…
      A veces las palabras se acomodan con armonía y se levantan torres que pueden llevar amor, pasión, dolor y lo que se quiera.
      Surge entonces un paraíso. Vemos colinas y ríos, y observamos el caminar de hombres y mujeres.
      ¿A dónde vas?, le preguntamos a una joven mujer que se tapa el rostro con las dos manos.
      “Busco la puerta del paraíso”, te contesta.
      Ella es el personaje de nuestra poesía, la esencia de todo lo que hemos hecho.
      “Soy la estrella mayor, la que está cerca de la luna”, grita la joven.
      Entonces lanzas tu mirada hacia el cielo, pero no hay estrellas. La noche realmente todavía no empieza…

SUENA EL TELEFONO. DANIEL ENTRA A SU CUARTO. SE DESPLAZA HASTA EL TELEFONO. CONTESTA.

DANIEL.- Sí… Hola, Antonio. ¿Dónde andabas? ¿Ya te vienes para acá? ¿Oporto? Ah, está bueno. Con un vasito revives. Bueno, eso dicen los portugueses… Pero, oye, ¿vienen los demás? No han hablado. ¿Rosita? ¿A qué horas viene? Perfecto. Apúrate. Ya son pasadas las nueve… Chau…

DANIEL CUELGA EL TELEFONO.

DANIEL.- Son siete. Tres actrices y cuatro actores. Tienen que venir. Tienen que estar aquí… Tan culpables fueron ellos como yo… Bueno, yo les di la palabra y ellos pusieron el cuerpo, el gesto, las frases dichas…
      Antonio habló. Ya viene en camino. Traerá una botella. Va a ver si encuentra Oporto. Ese vino rojo, oscuro, que levanta el espíritu, según los portugueses.
      Ahora, a los cincuenta años de aquel parto profiláctico, hay que juntarse. Lo exige el espíritu. La familia alguna vez estuvo unida y ahora se tiene que volver a reunir.
      Primera llamada. Los corazones empezaban a alborotarse. La sangre cambiaba su pulso. Todos terminaban de ponerse polvos y rayas en la cara. También, tomaban el libreto y buscaban las partes que apenas si se sabían. Porquería de actores. Indisciplinados. Flojos esqueletos rumberos.
      Segunda llamada. Algunos se ponían de rodillas y rezaban padrenuestros y Aves Marías. Los corazones como que se vomitaban. La vida como que llegaba al borde de un precipicio… Los actores se apuntaban en las manos “palabras clave”. Ave María, horribles actores desordenados.
      Y luego, cuando casi todo se volvía penumbras, venía la tercera llamada, y se recomendaba al público sentarse en sus lugares, y se terminaba diciendo “tercera llamada, tercera, tercera llamada… Comenzamos”.
      Pero se me hace que estoy brincando de una cosa a otra. Se me hace que estoy volviendo loca a mi audiencia, a este público que son todos ustedes.
      Pero volvamos a los hechos. Yo estaba casi a las puertas de un paraíso. El paraíso que es de todos y que es de nadie. Junto a mí estaba la mujer joven que se tapaba el rostro.
      Ella me decía que me callara, que no hiciera ruido, porque ya estábamos cerca de la gran puerta. Me decía que los guardianes de esa puerta siempre dormían, porque ahí, cerca del muro, tenían un pequeño cuarto con dos camastros y un calentador de carbón. Me decía que había que acercarse casi de puntas, como bailarina de ballet. El ruido estaba prohibido… Si había ruido los guardianes tomaban sus escopetas y empezaban a tirar plomazos al cielo…
      Entonces, casi sin respirar, sintiendo cada uno el calor del otro, nos replegábamos en la pared y bien que escuchábamos el ronca que ronca de los guardianes.
      Y entonces venía la bonita historia que estábamos esperando, la historia de la joven mujer que se tapaba el rostro con las manos…
      Soy la estrella más grande, me decía, la que está cerca de la luna. Nací por accidente y mis padres me aventaron al mundo. Ahí iba yo botando y botando. Brincando de un lado a otro. Sin tener una cobija propia… No había muñecas, no había juguetes, no se conocía el verdadero amor…
      Los viejos, esos dos viejos que me recogieron de ese río lento donde yo navegaba en un “Moisés” de madera y paja, me dieron el poco calor que todavía les quedaba. Me enseñaron el camino del bien y me señalaron los senderos de la gente mala.
      Por ahí puedes caminar. Por ahí te puedes meter al bosque. Por ahí puedes llegar al río. Por ahí puedes encontrar la felicidad… Los otros caminos, conócelos, pero no los uses, no los pises, por Dios…
      Y con esas locas imágenes en la cabeza, con esas palabras que me decía la joven que se tapaba el rostro… Me fui a la mesa y escribí lo siguiente:

            Aparición nocturna,
            amiga del paraíso,
            buscadora de los caminos perfectos,
            levanta la mano para observarte.
            Grita tu nombre para reconocerte.
            Aparición nocturna
            que te escondes a cada instante,
            separa las manos de tu rostro
            y enséñame el perfil que te envuelve.
            Déjame mirarte
            en esta noche que no acaba.
            Déjame mirarte
            en esta muerte que ya se acerca…

      Y yo, echaba mi cabeza para atrás, y cerraba los ojos, y suspendía el aliento, para volverte a ver… Pero todo se desplomaba, todo se lo llevaba el viento, todo se volvía nada…
      Cincuenta años es mucho tiempo. También, cincuenta años puede ser poco tiempo. Todo depende del momento en que se ve, en que se piensa. Si se trata de un nuevo amor es mucho tiempo. Si se trata de una gran guerra puede ser poco tiempo. Pero cuando se habla de lo nuestro, del trabajo de los creadores, de los que levantan los telones de la comedia, de los que ponen las luces de la tragedia, es difícil decir que es poco o es mucho tiempo… Aquí todo depende de la pasión de ese universo que hemos creado… También depende de la calidez y la calidad de los ojos que nos están viendo…
      “Paso a la vida”, aquí está. Con todas sus páginas con anotaciones de colores. Que si esta mujer dice sus cosas con facilidad o con honradez. Que si las dice fuerte, tan fuerte que se deben caer las paredes que nos rodean… Que si aquel actor debe trabajar más su memoria, porque cuando habla como que dice sus partes cayéndose de una cuerda floja…
      En fin, éste es el texto o el libreto… “Paso a la vida”, setenta y cuatro páginas, con todos los colores que se conocen, con todos los verbos que hemos inventado, con la magia de aquellos años, con la fantasía mezclada, con la realidad, con la locura de un escritor que quiere conquistar al mundo, con las razones y las sinrazones que siempre nos persiguen como fantasmas…Como sombras que están pegadas a nosotros…
      “Paso a la vida”. Esta es la obra, La celebración se centra en la vida efímera que surgió de aquí, de estos papeles casi amarillos, papeles que lloran, papeles que ríen.
     
      PAUSA. DANIEL BUSCA. ENCUENTRA UN DISCO. LO PONE EN LA VIEJA TORNAMESA. LA MUSICA SE ESCUCHA. SE TRATA DE LA SONATA PATETICA DE BEETHOVEN.
      DANIEL SE SIENTA EN EL SUELO. ABRE LOS BRAZOS. SE QUEDA INMOVIL.
      DESPUES DE UNA LARGA PAUSA, DANIEL SE INCORPORA.

DANIEL (ASOMANDOSE A LA NOCHE).- Parece que hay más estrellas. Parece que las que estaban escondidas se han animado a salir. Y esta oscuridad del cielo, con esas estrellas desparramadas, se parece a aquella noche… Esta oscuridad se parece a aquella larga noche…
      Veinte escritores competían. Una obra distinta cada noche. Se trataba del Festival de Primavera. Había cuatro premios a las mejores obras. También se daban reconocimientos a actores, actrices, escenógrafos, directores. La ciudad no era tan grande como ahora. Seríamos unos ocho millones. Casi la tercera parte de lo que somos ahora. La gente, en el mundo, era la misma. Guerras por aquí y guerras por allá, y todo, para proteger los intereses de unos cuantos.
      Bum-bum, parecen decir las estrellas, es una guerra que se inventa… Con la guerra la rabia se condensa, la rabia se satisface…

TOCAN A LA PUERTA. PARECE QUE ESTAN TOCANDO UN TAMBOR. DANIEL CAMINA HACIA LA PUERTA. ABRE. ENTRA ANTONIO. LLEVA EN LA MANO UNA BOTELLA.

DANIEL.- Hasta que llegaste. Ya era hora…

ANTONIO.- La ciudad está hecha un desastre. El tránsito patas arriba. No hay control. Todo es un caos.

DANIEL.- ¿Conseguiste el Oporto?

ANTONIO.- La bebida de los dioses. Pero hay que tomarla de poco en poco. Si se toma a lo loco no sirve de nada… Mira…

ANTONIO SACA DE SUS ROPAS DOS VASITOS PEQUEÑOS. LOS MUESTRA A DANIEL.

ANTONIO.- Un vasito diario.

DANIEL LE DA VUELTA AL DISCO. LA MUSICA SIGUE. ANTONIO DESCORCHA LA BOTELLA Y SIRVE LOS VASITOS. EXTIENDE UNO A DANIEL. BEBEN EL VINO.

   Termina el primer fragmento.


   Segundo fragmento: ‘Viaje sideral.”


NARRADOR I.- Dos jóvenes tuvieron la idea de hacer un viaje muy largo. Construyeron un avión de papel y cartón y se fueron volando…

NARRADOR II.- Llegaron así, después de una travesía muy accidentada, hasta la mitad de un desierto… Caminaron entonces y pudieron escuchar el sonido del viento…

TECNICO DE SONIDOS (DICIENDO EL TEXTO Y HACIENDO RUIDOS).- Ruido de viento…

NARRADOR I.- También escucharon los ruidos extraños de miles de insectos…

TECNICO DE SONIDOS.- Ruido de insectos…

NARRADOR II.- Y detrás de las montañas escucharon el canto de un pájaro misterioso…

TECNIDO DE SONIDOS.- Canto de un pájaro misterioso…

EXPLORADOR I.- ¿Y ahora qué vamos a hacer? Se nos está acabando la comida y casi no nos queda agua.

EXPLORADOR II.- Tenemos que resistir. Pronto vendrá un avión con provisiones…

EXPLORADOR I.- Pues yo tengo mucha hambre… Y también miedo…

NARRADOR I.- Los jóvenes exploradores estaban cansados y buscaron un lugar donde dormir.

NARRADOR II.- El sol se ocultó y aparecieron la luna y las estrellas.

NARRADOR I.- El viento ahora silbaba…

TECNICO DE SONIDOS.- Viento silbando…

NARRADOR II.- A lo lejos se escuchaba el aullido de un lobo… Era un aullido prolongado…

TECNICO DE SONIDOS.- Aullido de lobo.

EXPLORADOR II.- Pues yo me duermo… Ya no puedo más…

EXPLORADOR I.- Mañana será otro día… Mañana quizás todo cambiará…

NARRADOR I.- Los jóvenes se durmieron y tuvieron un sueño muy extraño…

NARRADOR II.- En el sueño, una nave especial se acercó a ellos…

TECNICO DE SONIDOS.- Ruido de nave especial.

      Termina el segundo fragmento.

     

Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)


Sunday, March 3, 2013

SEMILLAS CONTADAS



Una obra infantil

Bosque. Ambiente de bosque. Llega el hada con una mochila al hombro y una maleta de viaje. Se sienta en una piedra y se enjuga el sudor de la frente. Saca una lupa de la maleta. Observa el suelo.

Hada: Llovió. (Ríe) Qué blandita. Moriría justo aquí. He buscado tanto un lugar
para mis semillas. Quiero que me entierren con ellas en este claro.

Viene arrastrándose una lombriz de tierra que jadea.
Hada: ¿Eh?  (Se esconde tras una piedra)
Lombriz: ¡Ah! El camino es tan largo. ¡Ofrezco uno de mis anillos por un charquito!
Silbido

Lombriz: ¿Quién?

Hada (Saca la cabeza): Buen día.
Lombriz: ¡¿Bicho?!

Hada: ¿Bicho?

Juegan con los niveles y los arbolitos.
Lombriz: ¿Eres perro?
Hada: No, no.
Lombriz: ¿Entonces conejo?
Hada: Jí, jí.
Lombriz: Águila mala. ¡Socorro!
Hada (Se le acerca): Ssshh, ni águila ni perro. Conejo menos. ¿Son mis orejas
puntiagudas?

Lombriz: Las recortaste.
Hada: Si quisiera podría ser conejo.
Lombriz (trata de escapar por un agujero): ¡Auxilio!
Hada: No te vayas. (Toca el montón de tierra por donde ha entrado la Lombriz)
Qué fría.

Lombriz: ¿Acaso quieres encontrar un volcán en el bosque?
Hada: Puedo hallarlo.

El Hada saca de su maleta una naranja y un cuchillo. Corta la naranja en dos
frente a la Lombriz.
Lombriz (chupando la naranja): ¿Dónde vas?
Hada: A explorar la tierra.
Lombriz: ¿En busca de volcanes o bosques?
Hada: Sólo tierra fresca.
Lombriz (tose, carraspea, con donaire): Toma de aquí cuanto quieras.
Hada: ¿Me permite?

Lombriz: No te lleves mucho.

Hada: Es que traigo unas semillas.

Canto de un pájaro

Lombriz: ¡Un monstruo de pico largo!
Hada: ¿Dónde? (Se esconde)
Lombriz: En el árbol.

El Hada extiende sus manos. El gorrión se posa sobre ellas.

Lombriz: Dos monstruos.

Hada: Espera…

La Lombriz saca el cuerpo de la tierra poco a poco.

Hada: Mira, es tan pequeño.
Lombriz: Confía. Confía.

Hada: Siente qué suave.
Lombriz: Vaya inteligencia: mudo, quieto. Me acerco y aahh...
Tropieza con dos piedras. El gorrión se escapa.

Hada: Lo ahuyentaste.
Suena un reloj. El Hada saca el reloj de su maleta para darle cuerda.
Hada: Tengo muy poco tiempo.
Lombriz: Bueno, te permito que siembres tus matas.

Hada: Gracias, pero las semillas sólo crecen en un sitio especial.
Lombriz: Te presto mi bosque.
Hada: No, las plantas se ahogarían con tanto árbol.
Lombriz: Vendría la lucha. Por un lado las débiles maticas y por el otro,
los fuertes árboles del bosque. Yo y los árboles. ¡Uf!

El Hada corre a ella. Le revisa los ojos. Le toma el pulso.

Lombriz: Me duele la cabeza.
Hada: Come esto. Es mágico.
Lombriz: ¿Qué es?

Hada: Aspirina.
Lombriz: Aspa...
Hada: As pi ri na.
Suena el reloj otra vez.

Hada: Antes del amanecer debo encontrar la tierra, sembrar y despedirme.

Lombriz: Pues voy contigo.

Hada: ¿Quién cuidará el bosque?

Lombriz: El bosque es grande. Puede pelear con maticas indefensas.
Que se cuide solo.

Hada: Menudo dueño.

Lombriz: A decir verdad, yo estoy de paso. Gobierno un poco aquí y otro allá.

El Hada ríe. Va hacia la maleta.

Hada: Que al abrir la  maletica, aparezca  la coronita.
Saca una corona y se la pone a la Lombriz, quien adopta una actitud señorial.
Lombriz: ¿Tierra fresca?
Hada: Es la que busco.

Lombriz: Quizá algún arbolito que proteja a tus semillas…
Hada: ¿Qué más querría?

Lombriz: Hummm. ¿Pájaros y niños jugando a la pelota?
Hada: Sí, sí.

Lombriz: Yo...
Hada: ¿Sabes dónde puedo encontrar lo que busco?

Lombriz: Pues sinceramente no.

El Hada llora sobre su maleta. La Lombriz se acerca a la mochila y
comienza a desanudarla.

Lombriz: Por un chicle te llevo.
Hada: ¿Chicle?

Lombriz: Goma de mascar.
Hada: Cuidado… ¡Se fugan las semillas!
Lombriz: ¿Tienen piernas?

Hada: No.

Lombriz: ¿Alas? ¿Patas?

Hada: Son mágicas. Te descuidas y desaparecen.

Lombriz: Quiero verlas.

Hada: No, no es el momento.  
Lombriz: Este es mi bosque.

Hada: El bosque se cuida solo. Es grande. Es de él mismo.

Lombriz: Yo dije que los árboles se cuidan solos.

Hada: ¿Un árbol, más otro árbol, más otro, a qué es igual?
Lombriz: A tres más o menos.
Hada: Tres. ¿Tres árboles más muchos otros árboles a qué es igual?

La Lombriz cuenta sus anillos.
Hada: Al bosque.
Lombriz: Abriré con cuidado.
Hada: Vamos a encontrar la tierra. Sembraremos luego las semillas.

Lombriz: ¡Bien! El lugar está muy cerca, tanto como para sembrar las
semillas de una vez.                                                    

Relámpagos. Tiemblan los árboles. Hojas volando. Viento.
Hada: Huele a lluvia.

Lombriz: Si aspiras el aire no podrás seguir.
El Hada se sostiene de un tronco. La Lombriz se acurruca entre la maleta
y la mochila.

Hada: El agua es buena para las semillas.
Lombriz: La necesaria.

Entra el Aguarrayo lleno de cascabeles y objetos ruidosos.

Aguarrayo:                Soy un chico muy especial
                                   y vengo mi agua a donar.
                                  ¿Dónde encontrarla mejor
                                   si mis nubes cubren al sol?
                                   Traigo de postre un rayo,
                                   del primer aguacero de mayo.
 Lombriz: La misma canción de siempre.
Aguarrayo: Original. Auténtico.
El Hada estornuda.
Aguarrayo (a la Lombriz): ¿Qué, cuándo, cómo te atreves a zumbarme
tus bacterias?

Hada: Fui yo.
El Aguarrayo se estremece.

Aguarrayo: ¿Qué tenemos...? ¿Y esas alas? ¿Eres gallina, pollo, mariposa,
murciélago, cocuyo o cualquier otro pájaro?

Hada: Soy un Hada.

Aguarrayo: Ha-da. Otra especie voladora. ¿Vienes de una familia poderosa?
¿Tienes chicle? ¿Padres?

Hada: En otra dimensión.
Aguarrayo: Fecha de nacimiento. Carné de identidad. Cursos aprobados.
Diploma de graduación. Dirección particular. Recomendaciones.

Hada: Por favor, no tengo lo que pide.

Lombriz: ¿Te las das de vigilante?

Aguarrayo: Viola las reglas (Saca un par de esposas. Mira al Hada fijamente.
Luego, con una gasita la amarra a un árbol).

Lombriz: Aquí tampoco puedes pisar el césped.

Aguarrayo saca una regadera y se moja la cabeza.

Aguarrayo: ¿Qué día es hoy?

Lombriz: Es martes.
Aguarrayo: Ya tengo marcado el martes.

Aguarrayo ata la Lombriz a la mochila.

Hada: Hoy es sábado.
Aguarrayo: Y caerán sobre la tierra los rayos verdes.

Hada: Dañarás los árboles.

Aguarrayo: ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo le di a usted semejante
confianza, extranjera?
Hada: ¿No siente compasión?

Aguarrayo: Les traigo agua y clorofila.

Lombriz: Pobrecitos. Ni se mueven. ¿Lloras?

Hada: Perderé las semillas.

Aguarrayo: ¡Lluvia, lluvia, fuertes vientos y granizos, los amigos del bosque
esperan nuestros servicios!

Empieza a llover caramelos.

Aguarrayo: Dulces granizos. (Desaparece)
El hada y la lombriz se protegen lo más que pueden.

Hada: Si tuviera mi varita…

Lombriz: ¿Podrías liberarme?

Hada: Sí.
Lombriz: ¿Qué esperas entonces? ¡Búscala!

Hada: La perdí.

Lombriz: Vaya. ¿Dónde tienes la cabeza?

Hada: Mi varita de estrellas para narrar cuentos, cuentos de hadas.

Lombriz: ¡Si alguien encuentra una varita, haga el favor de devolverla!

Hada: ¿Por qué gritas? Asustas a las semillas.
Lombriz: Semillas, semillas, semillas. Si alguien encuentra una semi...

Sale el Escarabajo con sombrilla.

Lombriz: Oye. PSSSS…
Hada: ¡Señor Escarabajo!

Lombriz: Es sordo.

El Hada se mueve para llamar la atención. A la sombrilla del Escarabajo
le cae un caramelito (desprendido de la rama de algún árbol probablemente).

Escarabajo: Oh, no. Mi sombrilla nueva. Pájaro de mal agüero. Te quedarás inmóvil

para siempre.


El Pájaro posado en la rama del árbol queda congelado.

Escarabajo: ¿Ya no se usa decir ABRACADABRA? Todo está tan desarrollado.

Hada: ¡Mi varita!

Lombriz: ¿Esa? Qué poderes. El pájaro se volvió hielo sólo de anunciarlo.

Hada: Señor Escarabajo zafa la soga.
Hacen señas el Hada y la Lombriz. Silencio. Como si los espectadores
vieran por los ojos del Escarabajo y no escucharan por sus oídos.
Debe entenderse una historia conmovedora. El Escarabajo se echa a llorar.
Lombriz: Vaya.
Hada (mira al Pájaro): Ahora.
El Pájaro corta la gasa con el pico. La Lombriz se cubre los ojos.

Lombriz: Me estás picando.
Hada: ¿Dónde estabas?
Pájaro: Vi al Aguarrayo que venía con sus vientos y fui a buscar ayuda.
Por el camino descubrí al señor Escarabajo. Me escondí detrás de unos matojos.
El aire era tan fuerte que el escarabajo tuvo que cubrirse con las alas. Entonces
se detuvo, sacó la varita y consiguió una sombrilla para protegerse. Regresé
tan rápido como pude. ¿Haremos algo no? ¿Dónde se habrá metido ese escarabajo?
Escarabajo: Mi sombrilla nueva echada a perder… ¿Por qué me tiene que pasar
esto a mí? ¡A mí! Yo nada más quería jugar con Pulgarcita y mostrarle el reino.
Jamás me casaría con ella. Tiene muy pocas patas.
Hada: Señor Escarabajo, espere.
Escarabajo (Saca la varita): Atrás rana atrás.
El Hada se transforma en una rana. Máscara que incluye el cuerpo.

Rana: Croac, croac.

Lombriz: Qué graciosa.

Pájaro: Vamos a ayudarla.
Rana: Croac, no lo espanten.

El Pájaro y la Lombriz se acercan con cuidado. La Rana salta sobre la maleta.
Rana: Mis semillitas.

El Pájaro y la Lombriz están a punto de capturar al Escarabajo.

Rana: Amigos, escuchen.

El Escarabajo vuela.

Lombriz: Vaya.

Rana: Mi cuerpo pide agua.
Pájaro: No hay charcos cerca. Tendremos que volar mucho.

Rana: No. Yo me quedo. Lloro para mojarme. Si se acaban mis lágrimas,
por favor, siembren las semillas.

Pájaro: Llora con ella.

Lombriz: ¿Yo? Llora tú.

Pájaro: Me encargaré del Escarabajo.

Lombriz: No, yo soy más fuerte.
El Pájaro revolotea, con el pico y las alas amenazantes.

Lombriz: Está bien, está bien: uuaaaahh, uuaahh.
Entra el Aguarrayo.
Aguarrayo: Multa por llorar sin permiso.

La Rana empieza a croar más y más.
Aguarrayo: No quedará pata de rana viva.   (Se esfuma)
Truena. Empieza a llover.

Pájaro: Que llueva, que llueva que la ranita juega.
La Rana salta de alegría bajo la lluvia. Saca de su maleta dos paraguas.
Uno para cada uno de sus amigos. Empiezan a bailar. El Escarabajo se asoma,
echa  su sombrilla a la basura.
Escarabajo: ¿Por qué yo no tengo un paraguas? (Saca la varita) Un, dos, tres:
mosquitos.

Máscaras corporales, sonidos. Los personajes convertidos en mosquitos pican
al Escarabajo y al público.

Escarabajo: ¡Sáquenme de aquí!

Lombriz: Vaya.
Hada: Devuélvanos la varita.

Escarabajo: Sáquenme de aquí.

Suena el reloj. El Hada va hacia la maleta.

Hada: No podré morir en paz si no siembro mis semillas.
Lombriz: ¿Morir? Nadie ha hablado de morirse.

Escarabajo: ¡Sáquenme de aquí!

Viento. Una lluvia de caramelos sepulta la mochila.

Escarabajo: A la basura estos caramelos.

Entra el Aguarrayo.

Aguarrayo: ¿Qué, cómo, quién?

El Escarabajo empuña la varita. La varita se transforma en una espada.

Aguarrayo: ¿Eh? Dos años de privación de libertad por uso de armas blancas
y palabras ofensivas.

Lombriz: A la cárcel.
Hada: Me siento débil.
Lombriz: ¿No será que tienes hambre?

El Escarabajo hiere al Aguarrayo. De su herida brotan caramelos.

Aguarrayo: Agua, agua.

Lombriz: Muy simpático.
Escarabajo: Aayy lo maté, ja, ja, la maté, lo ma-té. (Da un tropezón.
Cae al suelo desmayado.)
La espada se le escapa, transformándose en una varita nuevamente.
La Lombriz se adueña de la varita.

Lombriz: Al fin.

Hada: Una jarra con agua, por favor.

Lombriz: Pero yo no tengo sed.

Hada: Es para el Aguarrayo.

Lombriz: Mejor pido una bomba para asustar o un tirapiedras.
Hada: Morirán las semillas, el Aguarrayo, el bosque.

Lombriz: Mmmm, las semillas, allá voy.

Hada: Tengo que sembrarlas.

Sonido lejano de un reloj.

Lombriz: Las tiraré.
El Hada suspira, su cara llorosa contra un árbol.

Aguarrayo: Semillas para sembrar…  ¡Árboles en fila!

Los árboles del bosque forman un gran batallón.

Coro de Árboles:     Deja las semillas nacer,
                                  para que puedan crecer.
                                 ¿Te sigues portando mal?
                                  Los árboles te juzgarán.

Coreografía de los árboles.

Árbol Grueso: Yo me adelanto porque soy el mayor.    
                         A mis hermanos el ejemplo doy, sí señor.
                         Adiós al pánico. Adiós al temor.
                         Venga quien venga: soy un gran boxeador.

Árbol Pequeño: No soy tan grande, no soy tan fuerte,
                           pero sí muy osado. Me dicen Valiente.
                           Si quieres algún mal hacer, muy equivocada estás.
                           Danos pronto la varita o me enojaré más.
Coro: Árboles en fila. Árboles en marcha.
           Atrapemos a la Lombriz para que no se vaya.
           Bailemos muchachos. Cortémosle el paso.
           Lombriz testaruda es sencillo caso. Divirtámonos.
Un árbol cubre los ojos a la Lombriz. Se advierten en el juego de la gallina ciega.
Árbol Pequeño: Lombricilla ¿te das por vencida?
El Escarabajo empieza a desperezarse pero al ver los árboles cantando se vuelve a desmayar.

Lombriz: Quiero una correa.

La varita se transforma en látigo. La Lombriz se arrastra hacia la mochila.

Lombriz: ¿Qué hay aquí?
Hada: Son estrellas.

Aguarrayo: Agua, agua.

El sonido del reloj se deja escuchar, muy lejano esta vez.

Hada: Apenas oigo. Son las estrellas. Espera, Aguarrayo.

El Hada parece que vuela ante los personajes deslumbrados.

Hada: Lo hice, lo hice. Ahora sí soy realmente un hada.

La Lombriz lanza con fuerza la varita contra el suelo. La tierra se va tornando
húmeda y fértil. Los caramelos se derriten progresivamente. Los árboles han
quedado plantados otra vez. La Lombriz se ha convertido en un árbol muy gracioso.

Pájaro: Mi pico... Mis alas... (Trina)
Al escucharse el trino debe crearse, con sensaciones muy sutiles, la atmósfera de
un posible amanecer. El Hada saca una jícara con agua de su maleta y salpica
al Aguarrayo.
Hada: Era para las semillas. Me muero sin plantarlas.

El Pájaro se encarga de atarle las patas y alas al escarabajo.
Aguarrayo (Recuperado): Es hora de sembrar.
El hada se anima aunque está muy delicada. Abre la mochila. Saca las semillas: 
Unas  zapatillas de cristal, una calabaza grande, seis ratoncitos, una nariz muy
larga de madera, unos labios rojos en forma de corazón, un ala de cisne, una
pequeña rueca y una princesa de papel dormida. Los rostros de los personajes
se iluminan. Los tres siembran las semillas. El hada, sin que los otros se den
cuenta, cierra los ojos y se acuesta en la tierra. Debe crearse una cadena de
acciones muy llamativa en la siembra, para que oscureciendo un poco la
escena, al volver la luz aparezca una semilla.

Pájaro: ¿Qué será de la vida del Escarabajo?

Aguarrayo: Cumplirá su sentencia.

El Pájaro repara en la nueva semilla.
Pájaro: Mira, olvidamos sembrar esta. ¿Dónde está el Hada?

El Aguarrayo la busca entre los árboles. Luego, vuelven las cabezas hacia
 la nueva semilla y sonríen, llorosos, mientras la siembran en medio de las otras.
Aguarrayo: Multa por morirse sin permiso.

Pájaro: Que duermas bien.
                                                                                                                       

Ms. Dinorah, La Habana, 1998