Saturday, October 26, 2013

DESPEDIDAS


Polvo de estrellas


Por José Manuel Domínguez 


Siguen las palabras zumbando en mi oído
y  la certeza de que era hermoso lo que estábamos viviendo
alguien confirmó tímidamente, lo es, lo es, lo es
como si descubriera, no el momento, sino la eterna transparencia que nos envolvía
me preguntaron si todo estaba bien, si era normal tener un corazón tan agitado
¿Que qué cardio hago? y  disimulé mientras abría y cerraba una mano lentamente
por primera vez pensé en volverme polvo de estrellas,
arena, o aire en el pulmón de un rinoceronte
todo con tal de demostrarme que no, que no era posible que aquello fuera nuevo
que lo que estaba viviendo estaba marcado con un sello
con la pátina del tiempo y de lo eterno
con la ingenuidad de los años idos
pero escrito en las células de los cuerpos
yo no quería ser ni cambiar nada
aunque el viento en el camino me lo recordara, lo eres, sí, lo eres,
lo harás, lo harás, lo harás
no buscaba labios ajenos, ni sentir que besaban suavemente mis dedos
pero sí, los besaban, alguien o algo los besaba
y al final de aquella noche
quería seguir colgado del abrazo, del murmullo de un corazón ajeno
que esparcido por el tórax, en el viento, lo dejaba pasar todo y se iba afuera
al reencuentro de otro tiempo, de otro cuerpo  huidizo que lloraba
fui testigo de los que tenían miedo de volver, de que todo terminara
ellos que no sabían nada, como yo que no sabía nada
ahora que se escapan, tiempo, abrazo y despedidas
vuelvo a recordar la frase que se quedó en mi oído: lo es, lo es, lo es
que sí, que aquello era hermoso, que volveríamos a vernos
mientras tanto
recordaré la arena del camino, movida por el viento
besando tímidamente mis dedos, colgando una frase de mi oído y repitiendo
soy un momento del tiempo, soy lo eterno, y sí, esto es bello
lo fue siempre
cuando yo era el aire en el pulmón del primer rinoceronte
ahora que soy el espacio entre los besos en tus dedos
y lo será cuando todos, tú, los que observan sentados el abrazo y yo
solo seamos otra vez polvo de estrellas.



José Manuel Domínguez es director de teatro, poeta y narrador. Estudió dirección y actuación en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Se estableció en Miami, Florida, en el año 2000. Le acompañan en su vida dos mujeres extraordinarias: su esposa Marangeli y su mamá Loli, así como su perro Sombra.

Wednesday, October 23, 2013

GARABATO No. 28





Por Eduardo Rodríguez Solís


      Un sábado, el león, que se creía el rey de la selva, se levantó al canto de los gallos, y se imaginó que se ponía un traje de charro mexicano. Esta vestimenta tenía botones con la bandera de México: verde, blanco y rojo.
      También se hizo ilusiones de que del cielo le caía una guitarra muy brillante, que tenía muchos listones verde, blanco y rojo.
      Ya disfrazado como buen charro mexicano, el león se salió de su escondrijo y se fue caminando entre los árboles.
      Todos los animales (ardillas, conejos y demás) lo vieron pasar y lo siguieron en su camino.
      De pronto, un búho que estaba trepado en una rama de un árbol milenario, le preguntó:
      --Eh, tú, león que te crees el rey de la selva, ¿sabes cantar canciones mexicanas?
      El león sacó de no sé dónde un cancionero, y dijo que todas las canciones que estaban ahí, en ese viejo libro, se las sabía al derecho y al revés.
      Como nadie dijo nada, el león tomó su guitarra y se puso a sacar de ella bonitos sonidos.
      Tomó aire y cantó una hermosa balada que hablaba de una muchacha que iba todos los días a donde caía una cascada de aguas transparentes.
      Cuando el león terminó su canción, le dio a cada uno de los animales que lo escucharon, una banderita mexicana verde, blanco y rojo.
      Entre los árboles, extrañamente, estaba una leona que se había escapado de un circo. Alrededor de su cuello tenía un collar dorado y entre sus orejas llevaba un sombrero rojo con una flor amarilla.
      Años después de esta ensoñación vivida por el león, el señor búho nos dijo que la leona del circo se volvió la esposa del rey de la selva, y que tuvieron dos hijos (macho y hembra), que siempre se distinguieron por tener una buena educación.
      El macho se volvió muy aficionado a la literatura y, con el tiempo, llegó a ser finalista del Premio Nobel de Literatura, de los animales… La hembra, se hizo una perfecta danzarina y pudo incorporarse como prima-dona en los ballets “atigrados-aleonados” de Montecarlo, la Habana y París.
      El padre y la madre de estos artistas hicieron su retiro en una cueva que estaba más arriba de las primeras nubes.
      El padre-león le cantó siempre bonitas canciones a la madre-leona. Esta costumbre diaria hizo que el amor que se profesaban se volviera un elixir que se explayó por todo el planeta.
      Por eso se recomienda aquí la adquisición de un cancionero mexicano. Ahí, y sólo ahí, está la solución que borra tristezas y sinsabores.



Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)


Sunday, October 20, 2013

THINKING OF YOU







I will think of you!

I am writing this today because I’ll be teaching almost all day tomorrow.

I may not be able to sit in front of the computer until late in the afternoon.

Thinking of you has become part of my everyday life.

It’s a joy.

Tomorrow is a special day to me.

I will think of you!

Watch over your soul


Your Wave


Wednesday, October 16, 2013

GARABATO No. 27


  



Por Eduardo Rodríguez Solís


      Sky Low Low era un enanito que se pintaba el pelo. Era un güero artificial, un “pelos de elote”. Se vestía con elegancia y siempre traía un clavel rojo en la solapa de su saco.
      Era medio cabezón, y le costaba trabajo encontrar sombreros de su talla. Y esa prenda para él era muy importante. Es que quería parecerse al famoso Al Capone.
      Cuando ya estaba listo y perfumado, se ponía frente a un espejo, donde se veía de cuerpo entero, y se colocaba en poses, como gánster de primera clase.
      Luego, salía a la calle en busca de aventuras.
      Caminaba Sky Low Low con estilo, y cuando pasaba frente a un escaparate, hacía un alto, y se veía bien reflejado de pies a cabeza.
      --Estoy hecho un guapo –se decía siempre.
      Pero un día le pasó algo terrible. Al dar vuelta en una esquina se encontró con su doble… Otro enanito que se le parecía tremendamente.
      La misma cara, la misma facha, todo igual, como una moneda a otra moneda.
      Sky Low Low le dio la vuelta al otro enanito, lo examinó casi con lupa, y le preguntó:
      --¿Y tú, quién eres?
      --Yo me llamo Joe Everest –dijo el otro.
      Entonces Sky Low Low se carcajeó como marinero de trasatlántico, y gritó:
      --Tú no puedes llamarte Joe Everest. Ese nombre es absurdo para un enanito como tú.
      Sky Low Low corrió hasta un muro negro, que estaba entre una cantina y una tienda de ropa vieja y, con una tiza blanca, puso su nombre, con letras grandes…
      --Sky Low Low. Ese sí es un bonito nombre para un enano –dijo Sky Low Low, señalándose a sí mismo.
      --Ese es mi nombre –dijo con harto orgullo.
      Estos enanitos se hicieron amigos y se volvieron uña y mugre. Sky Low Low era la mugre y Joe Everest era la uña. Andaban juntos como si fueran mellizos, unidos por la espalda o por el vientre.
      Se les veía juntos por todas partes, y a veces, muchos pensaban que estaban viendo visiones sin haber bebido ni una cerveza. Eran tan iguales los dichosos enanitos.
      Compartían las cosas como buenos hermanos… Una vez consiguieron un trabajo para uno de ellos. Era algo muy complicado que requería mucha concentración. Por lo mismo, sin que el dueño del negocio supiera que eran dos los enanos, supieron Sky y Joe repartirse el trabajo. Sky iba a las oficinas lunes, miércoles y viernes, y Joe se presentaba los martes y los jueves, y, desde luego, se cobraba un solo sueldo… En otra ocasión, uno de los dos enanos se hizo de una novia, y la novia veía a un enano un día y a otro el día siguiente… También, por las noches, hasta compartían los sueños. Para esto, se cambiaban de cama.
      Pero un día de mucho calor, cuando fueron a un parque de diversiones, tuvieron la triste idea de treparse a la rueda de la fortuna, de doble aro, y la canastilla que los transportaba se zafó de sus engranes y por allá fueron a caer.
      Sky Low Low perdió la vida y Joe Everest se quedó solo, todo golpeado, en el mundo.
      Y cuando Sky Low Low llegó al reino de los cielos y se formó en la larga fila que se entrevistaba con San Pedro, sentía que le faltaba algo, algo que se llamaba Joe Everest… Claro que sí, una parte de él se había quedado en la lejana Tierra.
      Pero la tristeza se disipó por completo, ya que detrás de una nube azul se topó (¡caramba, carambola!) con Joe Everest, quien se acababa de suicidar.
      Con una navaja de boy scout sellaron su amistad, pues se hicieron cortadas en la mano derecha y mezclaron las sangres.
      Y a la media noche, tuvieron la feliz idea de intercambiar personalidades. Joe Everest se volvió Sky Low Low, y el enano Sky Low Low se tornó Joe Everest.



Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)


Sunday, October 13, 2013

BUENAS NOTICIAS


Even if your teeth are falling out, don’t hide your smile. Stronger ones will grow back in!



Sucesos maravillosos que debemos compartir han sucedido en los últimos días. La escritora Nara Mansur, a quien quiero y estimo mucho, ha recibido el Premio Iberoamericano Julio Cortázar con su historia ¿Por qué hablamos de amor siempre? Su cuento será próximamente publicado junto al trabajo de los finalistas del concurso. Nara no sólo es una excelente creadora sino una persona de gran corazón. La conocí cuando trabajaba en la Casa de las Américas y siempre me cautivó su inteligencia y su bondad. Es un honor poder contar con su amistad y su presencia en mi vida, aunque sea de lejos, porque vive en Argentina, con su esposo y su hija Emilia. 

http://www.elnuevoherald.com/2013/08/27/1552798/escritora-cubana-nara-mansur-gana.html

Por otra parte, la bailarina Aida Ubeto Morales completó un hermoso proyecto que estaba desarrollando con niños en Venezuela. Ya hemos publicado parte de sus experiencias en el blog. Su escrito Texturas fue publicado en forma de libro en los idiomas warao, inglés y castellano. Según sus propias palabras, “Después de haber recibido la noticia de que Texturas fue uno de los artículos más leídos durante el año 2011 en la página thegrowingword, me entusiasmé a llevarlo a otros lugares y comunidades con el propósito de apoyar, difundir conocimiento y dejar una huella en la formación de futuras generaciones”. Le deseamos mucho éxito a Aida en sus nuevas aventuras.




A nuestro colaborador José Manuel Domínguez se le ha otorgado una residencia artística. Junto a su grupo de trabajo Antiheroes Project, Domínguez está actualmente desarrollando el montaje de su obra Nomadis, un proyecto que incluye varias expresiones artísticas, entre las que se encuentran teatro, música, danza y cine. Tanto la escritura como el teatro de José Manuel Domínguez presentan, descubren maneras frescas de entender el fenómeno de la creación, a través de situaciones disímiles, muchas veces metafóricas, que buscan resucitar la memoria, los anhelos, el deseo de navegar múltiples canales de comunicación y expresión poética. Para José Manuel Domínguez, no hay barreras. A pesar de haber perdido la visión completamente hace algunos años atrás, no se detiene. Dirige, escribe, ama a su esposa Marangeli y derrama energía positiva por dondequiera que pasa. Su amor por la vida y el misterio de la creación es infinito.


No puedo dejar de mencionar al escritor azteca Eduardo Rodríguez Solís. Eduardo tiene una inmensa capacidad para convertir sueños en palabras. Sus cuentos siempre vienen cargados de magia para hacernos reflexionar sobre la importancia de mirar la vida con un ojo juvenil. Gracias por compartir su talento con los escritores jóvenes y por alentarlos a explorar la belleza del lenguaje. Soy muy afortunada de tenerlo como colaborador y amigo.


“What about the faithful flying man? Have you forgotten him?” –a tiny robot asks. “The flying man is free, beautiful, and unique,” –replies Ms. Dinorah barely recognizing the somewhat robotic, yet humorous voice from one of her dearest memories. Since she finds it very difficult to explain the reasons why the language (channel) has changed, Ms. Dinorah lets herself just flow. She visualizes some audacious childhood heroes: Ulysses, d'Artagnan, le Chevalier de Lagardère, Arthur Burton... The phrase Si tu ne viens pas à Lagardère, Lagardère ira à toi! from the novel Le Bossu by French author Paul Féval comes to her mind. All the classic heroes have suddenly become one in her imagination, and Ms. Dinorah understands. “The Flying Man is fully committed to our spiritual backbone –also known as resurrecting people’s hearts” –she tells the robot. “Who could ever forget him? Who wouldn’t want to thank him over and over again for his everlasting love? Who wouldn’t want to loooove him in return? Who wouldn’t want to see him fly high and wide among the stars?” 


                (The Flying Man -as learned by Ms. Dinorah at a very young age)




                                      (The Flying Man – Your version)




(The Flying Man –Original)