These last two months I’ve deliberately taken a leave from
many of the usual inspirational sources that keep me going, except music. Something
required after I realized where my mind had taken me. I had a problem and didn’t
know it. I am still not sure what happened, how it happened, if I will ever be
able to know, but I am okay. I interpret artworks; I interpret poems; I
interpret things. I have the tendency to read beyond what’s given and create
meaning. I guess that’s what I did with your words. My interpretations are not
accurate all the time. I began making up associations until I drowned. It won’t
happen again. I’ll read poetry, watch good movies, write in silence, and work
really hard so it won’t happen again. The last thing I wanted was to make you
feel uncomfortable or give you trouble. I had dreamed of a fairy tale because of
what I believed and felt. No big deal. Having faith in you still doesn’t sound
silly to me although I was heading in the wrong direction. There are things a
thousand times worse than making an interpretational mistake. It was important
for me to try. I don’t get it. I don’t know if I am going to get it. And who
cares if I’ll ever get it. It would’ve been great to clear things up in person
but as you can tell I am a work in progress because we all are, and that’s good
news.
Saturday, November 1, 2014
Wednesday, October 29, 2014
GARABATO No. 87
Por
Eduardo Rodríguez Solís
Del
jardín interior, que tiene muchas tonalidades en verde, salta un juglar
cubierto con rombos de colores.
Da
vueltas como buen artista de circo y hace rodar dos cocos, uno grande y otro
chico. Entonces, esas frutas ya secas, caen al mosaico y se mueven por esa
superficie, como si fueran las bolas de un billar.
El
juglar brinca de gusto y canta una canción antigua, con letra que parece
africana.
Y cuando
surge el ruido de un tambor, ese juglar se vuelve casi danzante de un ritual
afro.
Caen
entonces muchas hojas verdes, que se desprenden de las matas del jardín
interior y, cada una de ellas, se transforma en una bailarina de largas
trenzas.
El
juglar casi enloquece y se acerca a las mujeres, que no han dejado de moverse.
Y bailan
todos hasta que se mete el sol, y los verdes se oscurecen y empieza la noche.
Muchas
pequeñas mujeres, que son luciérnagas, rodean el territorio. Y uno se siente
con ganas de volverse un rayo de luz nocturna.
Vuelan
los minúsculos seres y hacen como un murmullo de olas. Y francamente uno se
imagina sumergido en las aguas frescas del mar.
Y una
tormenta se hace presente. Son vientos que vienen del Norte y te hacen tiritar.
Llega la
madrugada.
La
fantasía ha terminado. El jardín ya está tranquilo y los cocos han recuperado
su sitio.
A lo lejos
se oye el llorar de un niño.
Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y
novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de
Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas
de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella
vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su
cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al
cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las
ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en
Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)
Sunday, October 26, 2014
Friday, October 24, 2014
GARABATO No. 86
Por Eduardo Rodríguez Solís
El hombre está intranquilo. Da vueltas en la cama pero no puede atrapar
el sueño. Se restriega los ojos y no consigue la paz. Respira con profundidad y
suspira. Francamente no sabe qué hacer.
Mira el cielo raso, que parece la superficie lunar. Y con lentitud
extrema ve el movimiento de una araña patona, de las que abundan en los
panteones… El animal se mueve hacia una esquina… Y ahí, se desliza por una
rendija. Desaparece, y la superficie lunar queda sola.
El hombre casi da una maroma y se incorpora. Y se levanta, pero pierde
el equilibrio. Y piensa que la sangre no le está irrigando bien el cerebro.
Pero se pone sus chanclas y empieza a moverse por la habitación.
Truena los dedos y el foco de su cuarto se enciende, y la luz
amarillenta le lastima los ojos.
Truena los dedos y la luz amarilla se vuelve roja, como si fuera señal
de un lugar repleto de mujeres fáciles.
Truena los dedos y la luz roja se vuelve azul, como si fuera lámpara de
enamorados.
Truena los dedos y todo se vuelve penumbras, como si fuera el principio
de la muerte.
Entonces se acuerda que un amigo, a medias de un juego de mesa, le
pregunta:
--¿Y qué sigue después de la muerte?
Y la respuesta que se escucha es
medio surrealista.
--Después de la muerte, viene la escalera y el valiente.
Truena los dedos y la penumbra se vuelve luz rosada.
Entonces se acerca a su ventana.
Truena los dedos y, a través del cristal, se puede ver a un rinoceronte
que juega con una mariposa azul.
Truena los dedos y las imágenes cambian. Ahora, son conejos y ardillas
que saltan llenos de alegría.
Truena los dedos y ahora se ve a sí mismo… En un campo verde corre el
hombre. Y este hombre se acerca al horizonte que está hacia el Sur… Corre
despavorido y nada lo detiene…
Truena los dedos y todas las nuevas imágenes se revuelven y se confunden
entre los colores del arco iris.
Truena los dedos y no pasa nada.
Truena los dedos y parece que el
tiempo se desmorona.
Truena los dedos y no hay luces.
Entonces, sabe que su fin ha llegado.
El hombre se siente convertido en polvo, y se vuelve araña patona, y
camina por ese cielo raso, que es el piso… Y busca alguna rendija.
Finalmente, el hombre, que ya no truena los dedos, encuentra un orificio
y dice para sus adentros, “eureka”, y se desliza y desaparece de la vista.
El hombre está en el principio del fin…
Eduardo Rodríguez Solís (México D.F.) ha publicado libros de
teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester,
del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales
por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella
vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su
cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al
cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las
ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en
Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)
Subscribe to:
Comments (Atom)