Friday, May 24, 2013

GARABATO No. 11



     

Por Eduardo Rodríguez Solís


      Un viejo ropavejero, que grita siempre “ropa vieja para regalar”, ha tenido la costumbre de tocar todos los días a mi puerta, para pedir un poco de agua de limón.
      Le gusta mucho mi limonada, y una vez me dijo que esa agüita como que parecía agua bendita de reyes y príncipes.
      Él viste de lo que recoge y trae en su cuello diez corbatas que algún día se usaron en fiestas y ceremonias religiosas.
      Una vez me enseñó la etiqueta de una de ellas. Tenía seda italiana y su diseñador era francés. Era esta prenda su gran orgullo.
      Cuando recogía una corbata “nueva”, si le gustaba, se la ponía al cuello, y con mucho dolor eliminaba una de las corbatas que tenía puestas. Pero la corbata italiana del diseñador francés siempre se quedaba en su sitio.
      Este hombre, que había nacido en la isla Culebra, de Puerto Rico, otra vez me contó parte de la historia de una doble coleccionista.
      Era una niña huérfana que siempre salía de su cueva (ah, porque, la verdad, vivía dentro de una cueva oscura y misteriosa), y se iba a caminar por donde fuera. Llevaba dentro de su morral, que es una bolsa tejida con varas secas, dos frascos.
      En uno echaba los oritos que encontraba. Esas cosas eran como pedazos de oro de muchos quilates… Pero no eran más que envolturas de chocolates y dulces.
      Buscaba estos tesoros en el suelo o en montones de basura, que la gente desordenada tiraba por las calles.
      Luego, ya en su cueva, aplanaba los oritos y los metía en un tomo viejo de poesía de un escritor español llamado Federico.
      En el otro frasco iba metiendo cucaras que le gustaban. Esas cucaras eran lo que conocemos como cucarachas.
      Si eran bonitas, se iban al frasco. Si no valían la pena, se les dejaba en libertad.
      Ya en su cueva, organizaba las nuevas cucaras. En cada caparazón les ponía, con tinta permanente, un número.
      Y cuando una cucara moría, hacía toda una ceremonia, como si se tratara de un ser humano. Hacía un agujero y ahí colocaba el cuerpecito y, luego, con una varita, ponía una inscripción… “Aquí yace mi amada cucara número 435. Descanse en paz.”
      Un día, cerca de la Navidad, me dijo el viejo ropavejero que la coleccionista había desaparecido, con todas sus cucaras y sus oritos.
      O se murió o se consiguió su príncipe azul. Sabrá Dios.



Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)

Wednesday, May 22, 2013

BRIDGE OVER TROUBLED WATERS




Por Nara Mansur

De su poemario Un ejercicio al aire libre (2004)


Avanzar no significa un movimiento hacia adelante
no está relacionado con el después.
Ahora tengo los zapatos puestos, ahora tengo sed
pero no exactamente ganas de tomar agua agua
me refiero a cierta abertura de la boca
una disponibilidad para la rebeldía
el conocimiento de mi cuerpo líquido
las torpezas posibles cotidianas
el crimen de la imprecisión porque me afecta.
Oler a ti.
Leer un apunte nocturno diluido
al público que dice la verdad en el intermedio
que no puede irse como quisiera
y mira las lámparas que no tiene dinero para comprar.
Avanzar se me hace necesario
para dejar atrás los fragmentos de mí misma
una serie de cuerpos, pequeñas cárceles
los casuales sorbos de agua, las revoluciones abortadas
las uñas coloreadas con sus lágrimas secas.
Le confieso a mi madre que en la imaginación
es la felicidad perfecta
aunque no sepa disfrutar casi nada ya
y entre las hebras de mi pelo
aparecen las palabras perdidas
como los platos y las bebidas de un menú.



Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Sunday, May 19, 2013

GARABATO No. 10






Por Eduardo Rodríguez Solís


      Se acerca a la ventana y trata de entender el paisaje que se ve. Entre los árboles hay muchos monos araña que brincan y llaman la atención. Se trata de changos que provienen del trópico, de lugares muy soleados y cercanos al mar.
      Se viste con rapidez y se moja la cara para bien despertar. La noche ha sido de muchos sueños, pero se ha dormido profundamente. Baja las escaleras de dos en dos y sale de su casa sin permiso. Quiere hacerse amigo de los monos araña.
      El capitán Mustafá, quien es el dueño de todos esos animales escandalosos, le ha dicho que sus changos son muy sociables. Por eso va corre y corre hasta donde están esos árboles.
      Él es un muchacho joven, pelirrojo, que le gusta la aventura. Siempre anda inventando qué hacer en los días aburridos, que son muchos en su vida.
      Cuando llega a su destino, los changos araña le hacen rueda, y brincan, como buscando pelea. Entonces el joven pelirrojo busca palabras para explicar su sano comportamiento, pero los changos no entienden su idioma.
      En las caras de los monos araña hay furia, pues piensan, si es que piensan estos animalitos, que el pelirrojo ha llegado a causarles daño. Es que de sobra saben, si es que saben los monos, que el hombre siempre los ha tratado mal.
      El pelirrojo se asusta y empieza a correr como un gamo. Va perseguido por una manada de changos y se imagina que su vida está acabando. Brinca piedras y salta arroyos y está lleno de desesperanza. Su corazón casi se le sale.
      Entra a un túnel oscuro y ahora parece que va solo en su carrera.
      Sale a la luz y camina con sus pies descalzos. Hay vidrios y tornillos y tuercas en el suelo, pero no se sienten. “La vida está cambiando”, piensa.
      Llega a su casa y se llena de tranquilidad. Ahí se puede respirar a gusto.
      Sube las escaleras y se encierra en su cuarto. Se mira las manos y no puede creer lo que le sucede.
      Va al baño y se planta frente al espejo que está del piso al techo. Ya no es el mismo. Ya es otro ser viviente.
      Ahora es un mono araña.


Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)

Thursday, May 16, 2013

GISELLE BEIGUELMAN -THE BOOK AFTER THE BOOK



$4.97 Hallmark Card (Detail)
 


The Book after the Book thrusts us into a new visual aesthetics, using technological devices. The Book after the Book is perhaps closer to the visual arts than to the field of literature. But, these two categories are nothing else than processes of experimentation, or what Italo Moriconi defines as “prácticas de experimentación que afectan o se moldean en diferentes circuitos de recepción.” The Book after the Book develops other zones of perception, in contrast to regular readings, through which content/form is channeled and networked via the virtual space. We can argue that in the Book after the Book era, we should refer to the reader as a user who performs not only a “reading” but also other actions in the process of approaching an online hypertext. As André Lemos affirms, “Today we have to take into account a new form of territory in contemporary societies: the digital, informational one” (4). This informational territory is defined by electronic flows (Lemos 4). The Book after the Book works in this informational territory generating active and interactive responses from the users.


In The Book after the Book, inspired by Jorge Luis Borges’s The Book of Sand, Giselle Beiguelman presents an installative collection of digital screens where mobile messages, letters, numbers, and options appear. She seems to be extending the notion of book in connection with the browsing tools and automatic text generators. The viewer/user is in charge of constructing a story throughout the process of navigating the site which offers a great number of possibilities (shelves, other books, poetry pages, codes, etc.), reminding us of what Borges calls the “infinite” book or monstrous object, without beginning or end. Borges suggests that the Book of Sand, in which no illustration was repeated, kept the main character of the story condemned to stay at home, fearing that it would be robbed. Borges also says that the book tainted reality itself. Something similar happens when people are connected to the internet. They inhabit those “informational” territories which have become “real life,” an engaging domain where virtually anything is possible: from the setting up of creative virtual relationships, to simultaneous readings of images and visual forms, layers of information, and other materials. As Moriconi argues, “la realidad de la producción literaria y de la dinámica cultural colocan hoy como problema la propia realidad: lo real en tanto tal, las relaciones entre creación y realidad, entre ficción y realidad” (179).


Beiguelman’s book brings to mind the optical effects of the interactive sculptures of Venezuelan artist Jesus Rafael Soto. Beiguelman, however, constructs her virtual installations without using three-dimensional objects, but an electronic “writing” that organizes formats, icons, illustrations, web sites, and ideas. Her project is based upon an aesthetic of transmission, dealing with “traffic speed, monitor quality, hardware makers,” and it imposes a reflection on “programming and publication strategies that make the work readable, decodable, and sensible” (Knight 1). She questions the notion of library, arguing that a library does not effectively contain content anymore, in a traditional sense (Knight 2). Kimberly Knight highlights that those bookshelves in Beiguelman’s project link to material held in other locations (2). And yes, indeed: in the process of moving from one location to another, the user experiences other animated resources and forms of reading that give a virtual volume to each section of the book.


Authors/Artists Consulted:

Giselle Beiguelman, Jorge Luis Borges, Kimberly Knight, André Lemos, Italo Moriconi


Monday, May 13, 2013

HELADO TROPICAL ISLAND


Soo Sunny Park: Unwoven Light  (Installation)
On view at the Rice University Art Gallery through August  30th, 2013


Por Nara Mansur

De su poemario Un ejercicio al aire libre (2004)


No huelo, no me duele el dolor.
Estamos tú y yo comiendo helado
lo más barato de lo más barato
el menos helado del menos helado.
Nos comemos la oscura mitad del otro.
Y el deseo es algo imaginado hacia el futuro.
En este momento sólo hay un sentido despierto
se trata de la isla en el trópico congelada, fija en un punto
hecha durofrío.
Como la lengua mordida que no sabe llorar
y se inventa una enfermedad
para que la tomen en cuenta
más allá del quejido y la mueca sexual.
Para que sepamos que dentro de ella
hay sangre, nervios, un dolor atroz
esperando por nosotros
para que paguemos lo más barato de lo más barato
el menos helado del menos helado.
Y sigamos con el deseo de morder al otro
un poco de conocimiento, de “sabor a mí”
de fe, de auto-stop en el decaimiento
por la boca helada aislada boca tropical boca.


Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.