Sunday, October 28, 2012

AUSENCIA NO QUIERE DECIR OLVIDO


Foto: Isabel Pérez Lago

 

Por Nara Mansur

de su poemario Un ejercicio al aire libre (2004)


No memorizo nada.
Tengo que mitificar mi defecto para que me perdonen
para que se olviden de mi culpa
“Dicen que es mentira que te quiero
porque nunca me habían visto enamorada”.
Otros deciden lo que es un acontecimiento
en este corazón.
Sin embargo
me paso las horas culpando a los inocentes sin pasado
culpando al imperialismo, la neurosis, la falta de voluntad.
No memorizo ni siquiera mi temblor, el hipo
“el fuego que me hiela”.
Cada día de ilusiones me engaveta una certeza
mejor no explicar nada, saltarse el orden de los saludos
estar solitariamente solos en la soledad.

 
Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Thursday, October 25, 2012

UNA MUJER CONTRA EL TIEMPO



 


Por Eduardo Rodríguez Solís


      Alguien interpretaba la “Samba de una sola nota”, de Jobim. Pero los acordes sonaban como copas de cristal.
      Y por la ventana vi a una mujer joven, vestida de blanco, que estaba frente a un instrumento musical. Era una extraña marimba que yo ya había visto en algún circo… La pista estaba regada de aserrín dorado, y un payaso triste, pobrecito, con los pantalones remendados, daba sus golpes con unos palitos a muchas botellas colgadas, y llenas de agua.
      Pero esta mujer que yo veía por la ventana, golpeaba sus botellas de una manera muy suave. Y bailaba y disfrutaba de esa música brasileña.
      El payaso hacía su música con agresividad, muy dueño de la situación, y esa mujer que estaba del otro lado de la ventana, creaba su música con delicadeza, con sensualidad.
      Entonces me salí de la casa y me acerqué a la mujer.
      Vi entonces su rostro. Tenía la cara pintada de color aluminio y las sombras de sus ojos eran moradas.
      --¿Te gusta? Es lo único que me sé. Apenas si toco las botellas –me dijo.
      Al lado de su instrumento musical estaba una vasija de barro, que tenía tres patas. Estaba llena de agua y el líquido se le derramaba lentamente, por un agujerito que tenía abajo.
      Me puse a ver este objeto por todos lados.
      La mujer dejó de tocar su música.
      --Esto es una clepsidra. Un aparato fantástico. Mide el tiempo. Es un reloj. A donde quiera que voy, va conmigo –dijo la mujer de blanco.
      Dijo entonces que la clepsidra fue el primer reloj que hubo en el mundo, y que en Egipto todavía se usa. Su fabricación data de 1400 años antes de Cristo.
      --¿Y por qué viajas con la clepsidra? –le pregunté.
      Y dijo que siempre quería saber el tiempo. Y entonces me señaló unas marcas que tenía el aparato.
      Y como sus ojos se me hicieron conocidos, y ella lo notó, me dijo que el primer payaso que había visto tocando las botellas de agua, trabajaba en un pequeño circo, en el pueblo de Tacuba.
      --¿Se llamaba Zanahoria? –le pregunté.
      Todo comenzó a dar vueltas…Éramos niños y estaba yo mirándola, mientras el payaso Zanahoria tocaba su versión de la “Samba de una sola nota”.
      --Y me regalaste una flor –me dijo la mujer.
      --Era una pequeña rosa, color blanco –le dije.
      Cuando la niña llegó a su casa con la flor, la puso en agua, en un vasito que tenía forma de sirena. Y, luego, cuando se secó, la metió entre las páginas de un libro de un poeta llamado Leopoldo Ayala.
      Nos quedamos en silencio, pero en nuestros adentros se escuchaba la música de Jobim… Con una sola nota se alegraban los corazones.
      Luego, hablamos de relojes de cuerda y engranes, y ella, con una ramita, puso en la tierra el año en que esos nuevos mecanismos empezaron a medir el tiempo.
      --Año mil trescientos treinta y cinco, de nuestra era –le dije.
      Y cuando la bonita mujer dijo que alrededor de 1582, Galileo había estudiado la posibilidad de incorporar un péndulo al reloj, yo grité muy fuerte y le dije que dentro de la casa yo tenía uno de esos relojes.
      Entramos y nos pusimos a contemplar ese aparato que estaba colgado en la pared… Y dieron las doce de la noche y sonó el gong, repetidas veces.
      Las percusiones del gong se volvieron un vals muy suave, con la misma melodía de Jobim.
      Bailamos, llenos de felicidad. Caían las paredes y aparecían secciones del jardín… Entonces, sin soltarnos de las manos, nos fuimos hasta una fuente que tenía un gran número de ranas de cerámica por las cuales brotaba el agua.
      --Se parece a la clepsidra –dijo la mujer de blanco.
      Y sí, era nuestra clepsidra, un bello instrumento que nos habían regalado los dioses.
      Entonces, metimos los dos las manos a la frescura de la fuente, y mientras lo frío del agua nos inundaba, la aparición de la bella mujer, con su marimba de botellas y su fabulosa clepsidra, se esfumó… Lentamente…
      Y al final, afuera de mi ventana, sólo quedó el susurro del viento entonando la “Samba de una sola nota”.
 


 

Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Ha recibido reconocimientos nacionales por Banderitas de papel picado, Sobre los orígenes del hombre, Doncella vestida de blanco y El señor que vestía pulgas. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)           

Tuesday, October 23, 2012

DESHECHA EN MENUDOS PEDAZOS



 
Por Nara Mansur
 
 
¿Me siento despedazada?
¿Me siento descubierta?
¿Me siento decepcionada?
¿Me siento golpeada?
¿Me siento alterada?
¿Me siento humillada?
¿Me siento la bandera cubana?


¿Ser una artista o estar en el mailing del señor?
¿Ser una incunable o una firma paródica de la cortesana?
¿Ser la voz o el martillo?
¿Ser el original o el triplicado?
¿Idea o versión libre?


Nara Mansur es poeta, autora de textos para la escena y crítico teatral. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta (2000) y Un ejercicio al aire libre (2004). Recibió el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén 2011 por su cuaderno Manualidades así como el Premio de la Crítica Literaria 2011 por su libro Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro. Sus textos Ignacio & María y Charlotte Corday. Poema dramático han sido llevados a escena por los grupos Teatro D’Dos y la Guerrilla del Golem. Actualmente es colaboradora del Estudio Teatral El Cuervo que dirige Pompeyo Audivert en Buenos Aires.

Sunday, October 21, 2012

A SPIRITUAL ADJUSTMENT


Foto: Marangeli Franco


By Dinorah Pérez-Rementería


“May the words of my mouth and the meditation of my heart be pleasing in your sight,” the Bible says. Wouldn’t it be healthful and freeing if our words and thoughts were aligned with God’s spirit? I am sure we would not have any trouble articulating and living out His much needed “message” for us, no matter where we come from or with what languages we communicate. I believe we would also understand each other perfectly, if only at a spiritual level. Unfortunately, indecision, deception, misunderstanding, vagueness, cynicism, brokenness and other similar issues affect us every day. So, it should not surprise us that very often we tend to look at people through a “broken” lens, projecting in ways that can undermine our experience of ourselves and others, including those whom we love and who know us best.
In chapter 6 of the book of Ephesians, the Apostle Paul recommends that we put on the armor of God, “for we are not fighting against flesh-and-blood enemies but against evil rulers and authorities of the unseen world (…)”. Sometimes the worst of enemies hides within us in the form of deceptive, vague and broken thinking. I don’t hold the opinion that people necessarily wish to develop or become a means for spreading deception, but they are susceptible to fall into a deceptively mental domain in the same way they may suffer from a spinal misalignment. That is why we need endless God adjustments all throughout our lives. A God adjustment can serve to correct, strengthen and activate our spiritual backbone, a beautiful and indispensable part of us. And sure, we may feel a little uncomfortable and naturally ashamed as God works on the scoliosis of our souls, but knowing him as our most committed friend, the chiropractor of our hearts, so to speak, makes each adjustment session a looked-for opportunity.
I love being adjusted by God, and I definitely prefer God’s diagnosis on me above any other account. God’s view of people is not in itself subject to the mediation of brokenness, deception and misunderstanding, but it originates from a spirit of faith, truth, love, compassion and an immeasurable knowledge of us -our strengths and weaknesses. Human beings make mistakes. We are susceptible to deception and misinterpretation. What are we to do when we have been deceived by our own imaginations? Should we allow us to imagine nothing else anymore? Should we ask others, especially our students or the younger people around us, to stop dreaming, to quit envisaging hopeful things in their minds? We all have failed so many times in so many different contexts that the thought of letting God’s spirit adjust and build us up again seems insane. Well, it is not. God knows us better than anybody else. When I think of giving up my dreams, I am always reminded -whether by looking at my phone clock, or a car tag, or the gas prices at the pump, or the duration of a YouTube video- of my favorite Bible verse: “And now, my daughter, don’t be afraid. I will do for you all you ask. All the people of my town know that you are a virtuous woman.”
I am not really sure what a “virtuous woman” is, but I have learned to take what God gives me simply because, as Billy Joel says, it is free. Needless to say, God may have health-giving, loving verses for you as well. Let him rehabilitate you. God’s adjustments allow us to keep pressing forward, no matter how many times we experience failure. As a friend of mine says, if we want to be happy, we must give up perfectionism and learn to accept our limitations so that we can go beyond them. We are not so proficient as to never commit a blunder in life. If we were, what would we need spiritual adjustments for? Plus, the more we acknowledge our own weaknesses, the more able we will be to look at others through a considerate, adjusted lens. We would also be more available to assimilate the unparalleled, restorative and assuring love of God: a love of unthinkable dimensions which, by its very nature, can transform our brokenness and failures into something marvelous.


           


Wednesday, October 17, 2012

A LA NOVIA QUE ME ESPERABA


Foto: Isabel Pérez Lago
 
 
 
Por José Manuel Domínguez


Soy el muerto que mira de lado
a todo lo que quedó por hacer
lo que se convirtió en colinas de amantes y abandono,
los jardines de una ciudad devastada


Qué mal me veo en este paisaje
rodeado por las sillas vacías y ocupadas de los que asisten a mi entierro,
las flores que me han puesto, las cintas, los pañuelos
todo lo que fue y los que fueron rodeando la vida de catafalcos,
de islas entre las que me muevo
de hibiscos, de cayenas, de flores de Jamaica, de pasión, de pacíficos mares
de nervios, de lo mismo con nombres diferentes


Qué ganas de aferrarme a algo que no existe, que no viene, que no llega
tal vez porque no salté el muro de la madrugada
porque tuve miedo de los perros que ladraban en la noche
de que los faros del auto se encendieran solos y me hablaran los fantasmas
por lo que haya sido, no lo hice
y he cargado para siempre ese dolor de las palabras, del susurro
y lo no dicho
el olor de los mangos florecidos que no puse en tu pelo
la miel embriagadora que prometí a tus labios
todo se quedó por dentro, y estalla a veces.
como la fiesta de un siglo que terminó en dos diciembres.



José Manuel Domínguez es director de teatro, poeta y narrador. Estudió dirección y actuación en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Se estableció en Miami, Florida, en el año 2000. Le acompañan en su vida dos mujeres extraordinarias: su esposa Marángeli y su mamá Loli, así como su perro Sombra.