Saturday, January 21, 2012

SERVING FREEDOM: A BRIEF ESSAY ON A PIRATE'S TRUTH




                              But what a ship is... what the Black Pearl really is... is freedom.
                             Captain Jack Sparrow in Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl


Intriguing, eye-catching specimens, pirates and privateers have never ceased to exist. Many of us have probably heard about famous historical figures such as Benito de Soto, Nathaniel North or Sir Francis Drake who became very recognized in the English-speaking world for having circumnavigated around the earth as well as defeated the Spanish Armada in 1588. According to research, Drake detested the Spanish and possessed a febrile desire to obtain riches from them. He was considered a heartless pirate in the eyes of the Spanish and a “privateer” by English historians. There exists a common, prefabricated thought that regular pirates proceeded in criminal and immoral ways, randomly assaulting, killing, and stealing commodities from another ship’s crew. In contrast to pirates, privateers may have even been regarded as devoted and patriotic fellows as they held a Letter of Marque (lettre de course) that legally authorized them to capture “enemy” ships, which, later on, would face the courts for judgment and trade. It all had to do with the question of holding a permissible license -to assault, to steal, and to kill. Liars, privateers must have been none other than the same old pirates whose hardhearted actions had become deviously embraced by political powers.
Current privateers operate in the same blurred, dishonest fashion than their predecessors did. They seem to act in the name of Justice, and all the while they steal, manipulate and/or destroy people’s souls in order to secure and position themselves, social, political and financially. Are we to call them privateers or Pharisees? I’ve read about a man who was imprisoned many years for a crime he didn’t commit. Authorities had offered him freedom if he would’ve lied by admitting that he did it. But, the man refused to lie. He stood on the truth and stayed where he was. Eventually, evidences proving his innocence were found and he was set free at the age of 50. (I would dare say that he had been freed from the moment that he decided to hang on to the truth even though he felt subjugated by his circumstances). Yet, something in the man changed while he was in prison. He had become a light heavyweight champion, and two years after having been released, he won an important fight in a professional boxing competition, which inspired him to keep pursuing his dreams.
If I were to choose, I’d rather be a pirate than a privateer. Despite what moral, decent, and legalistic people think, some pirates worked and still continue to operate in faithful and caring manners, at least with their people. They say that earlier pirates had an intrinsic, unadulterated model of organization that resembled a democratized society. A modern pirate, for instance, might willingly sacrifice himself, not with the aim of collecting more wealth or to assure a social standing as a treacherous, self-interested privateer. On the contrary, a caring pirate would go through a process of disguise, which often ends up a very aching, distressing and misunderstood procedure, for the purpose of freely serving his people. Having the opportunity to meet a thoughtful pirate, in battle to share his gathered treasure –money, influences and stories that are as cunningly fictional as they are unfeigned- with the less fortunate is a blessing, a mind-blowing gift. Gaining access to gentle pirates is not easy, but we can be sure that they exist. If we opened our eyes, we would begin to learn the invisible yet priceless means, with which they contribute to adding to and enhancing our lives in this day and age.

Sunday, January 15, 2012

MARÍA DE LA CARIDAD CONGREGA AL PUEBLO





Por Habey Hechavarría Prado


Las filas interminables de personas deseosas de postrarse ante la imagen de la Virgen de la Caridad, o que anhelaban la bendición de un sacerdote o de un diácono, fue la expresión más notable que la devoción popular ofreció a la Patrona de Cuba en la iglesia habanera de los Padres Pasionistas, de La Víbora. Estas manifestaciones públicas de fe, tan inusuales, transformaron el ambiente del barrio e impresionaron mucho porque contrastaron con la rutina cotidiana de sus moradores. Ellos, junto a personas de los barrios aledaños y los transeúntes ocasionales, tuvieron en los días 17 y 18 de noviembre varias ocasiones de acercarse a la venerada imagen que tantas emociones y voluntades ha movido a lo largo del país desde el inicio de la peregrinación.  
Sin embargo, no bastaron las casi 20 horas que esta hermosa representación de María Santísima estuvo en el templo que atienden los misioneros pasionistas. Ni alcanzó la disponibilidad plena de los ministros para atender a tantos devotos pues, desde que, alrededor de las 10 y 30 PM del día 17, la imagen se colocó en el presbiterio, comenzó un fluido de personas que mantuvo el templo abierto durante toda la visitación. Incluso, en cierto momento de la madrugada, cuando disminuyó el paso de los fieles, todavía, y de manera esporádica, entraban personas buscando a la Madre de Dios.
Con el alba, aumentó el número de visitantes, a la vez que re-comenzaron las principales actividades parroquiales, aunque no pararon un instante el cuidado del orden, la atención a los cooperantes y peregrinos, además del aseguramiento general. A las 6 de la mañana se rezó y cantó un Rosario de la Aurora, horas después se brindó una catequesis sobre la Virgen María, más tarde hubo una reflexión sobre la devoción mariana y a las 12 del mediodía, tras el rezo del Ángelus, ante una iglesia ya totalmente llena, las oraciones dieron paso a la gala cultural-religiosa, donde, entre canciones y poemas dedicados a la Caridad del Cobre, destacaron las interpretaciones musicales de Bernardo Lichilín, Félix Bernal, Michel Toll y Ana Hechavarría. A las 2 PM, el inicio de la Santa Misa, oficiada por el párroco Evelio Rodríguez y concelebrada por otros sacerdotes pasionistas, constituyó el momento cumbre de estos homenajes.
Para entonces, apenas se podía caminar en el templo por la cantidad de personas cada vez más interesadas en acercarse a la imagen de la Virgen, concientes de que se aproximaba el momento de la partida hacia la parroquia cercana de Santa Clara. En general, nunca se detuvieron las oraciones vocales o mentales, ni el ofrecimiento de flores que repletó el presbiterio. Las mujeres embarazadas o no, los niños, jóvenes y hombres venían en ritmo creciente. Al respecto, las filas para las bendiciones (una de las cuales llegaba hasta la calle) se detuvieron solo para dar paso a la gala y a la Misa.
Un rato antes de la salida, el pueblo continuó venerando a su Patrona en el pórtico de la iglesia. Como la noche anterior, una multitud se congregó en la Plaza de los Pasionistas. No fueron entonces 5 mil personas sino menos de la mitad, pero sí el miso fervor, los mismos aplausos, aclamaciones y cánticos. Continuaron los rezos, las meditaciones sobre la riqueza insondable de amor y sabiduría que la Santísima Trinidad derrama sobre Nuestra Señora, y el pueblo asentía con un enjambre de voces, brazos y ojos suplicantes. Cuando a las 5 PM se alejaba la caravana de coches y el auto que transporta la bendita imagen se incorporaba a la Calzada del Diez de Octubre, escuché claramente, bajo tantos saludos, una voz femenina joven que susurró: ¡Virgencita, yo te quiero!


Habey Hechavarría Prado es teatrólogo y profesor en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Pertenece a los consejos de redacción de las revistas católicas Espacio Laical y Amor y Vida. Ejerce el periodismo cultural y la crítica especializada.

Saturday, January 14, 2012

APOTEOSIS DE LA CARIDAD

(La Virgen de la Caridad atraviesa en procesión la Calzada del Diez de Octubre)



Por Habey Hechavarría Prado

I

Por “la Calzada más bien enorme de Jesús del Monte”, arteria urbana donde el poeta Eliseo Diego tuvo una de sus más encantadoras visiones líricas, desfiló la Bendita Imagen de la Virgen María de la Caridad, para darle un lustre más espiritual y cristiano a la hoy nombrada con garbo fundacional Calzada del Diez de Octubre. Quienes tuvimos la oportunidad de acompañarla, entre una incalculable oleada de multitudes, desde la parroquia de Jesús del Monte hasta parroquia de Los Pasionistas, atravesando un tramo de esa estrecha pero populosa avenida, asistimos a un evento histórico de fervor religioso y de patriotismo en el municipio más poblado de La Habana.
La convocatoria de la Virgen es impresionante. Días antes hubo avisos, acciones misioneras y muchísimos comentarios personales (principal medio de comunicación en Cuba) para divulgar lo que sucedería en la ya inolvidable noche del 17 de noviembre de 2011, después de las 8 y 30. La imagen que los mambises veneraron y que les acompañó en sus esfuerzos independentistas, movilizó, a lo largo de unas 10 cuadras, a varios miles de personas residentes en los barrios de Santos Suárez, Lawton y La Víbora, según cálculos aproximados. Hasta la banda Municipal se sumó a la procesión aportando una mayor sonoridad. Solo la Virgen en Cuba puede tanto.




La gente se apostó a ambos lados de la calle, inundó balcones y azoteas, salió de tiendas y lugares públicos, se le veía correr por las entrecalles para no perderse el paso de la Señora. Se detuvieron carros y motocicletas. Guaguas repletas de gente, como siempre, detenidas por la procesión, no mostraban caras adustas de pasajeros importunados sino rostros fascinados ante lo insólito o emocionados hasta las lágrimas, cuerpos salidos por las ventanas, cámaras y teléfonos móviles que intentaban eternizar el momento. Pero lo más conmovedor era la voz de las personas, sus aplausos, las aclamaciones que se confundían con los agasajos a la belleza de la imagen iluminada y viajera, peticiones desesperadas, piropos de hijas e hijos enamorados de su Madre que pierden todo tipo de respetos humanos para dejar expresar lo que sale espontáneamente del corazón. Y, gracias a Dios, todo lo que este reportero escuchó, fue hermoso y edificante en medio de la inocencia o de la sencillez popular que se dejaba guiar por cánticos, oraciones y rezos marianos tradicionales, inducidos desde el carro.
Sorprendían, cortaban la respiración, hacían temblar las expresiones de reconocimiento ante una experiencia tan evidente de lo sagrado en los mismos lugares donde sucede nuestra cotidianidad. Unos decían que era muy bonita la Madre de Iglesia, otros afirmaron que se erizaban solo de verla, algunos quisieron abalanzarse sobre el carro que la transportaba; quienes estaban lejos lanzaban flores, si es que no llegaban a besar o tocar el cristal o la carrocería. En aquellas circunstancias, las frases quizá teológicamente discutibles, en medio de aquella fiesta y del homenaje espontáneo, pudieron más que la recta doctrina que el pueblo cubano mayoritariamente ignora. Eso no constituyó un impedimento para manifestar el amor a Dios y a la Virgen con una fe que arrastra a los tímidos, seduce a los reticentes y convence a los desconfiados. Así mismo sucedió con personas que se sintieron bendecidas cuando momentáneamente el carro se detuvo delante de ellos, u otros que participaron en la procesión, convencidos que su lugar estaba al lado de la Auxiliadora de los cristianos que porta la Cruz redentora y muestra al Niño Jesús.


II

A pocos metros de la frontera de las dos parroquias vecinas, en la intersección de la Calzada con la misma calle nombrada Dolores (hacia Lawton) o Lacret (hacia Santos Suárez), se sumó el arzobispo de La Habana, cardenal Jaime Ortega, quien fue recibido con aclamaciones. Desde allí, Su Eminencia presidió la procesión que fue ganando en fervor en la medida que se acercó a la plaza  frente a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y San Pablo de la Cruz (Los Pasionistas). La animación elevó el embullo popular que unas cuadras después, en el cruce de Santa Catalina, había alcanzado un punto casi  de ebullición. Tal situación se hizo más evidente cuando, al llegar el vehículo al borde de la referida plaza, sonaban las campanas, se encendieron las espigadas torres del templo y se desplegó una enorme bandera cubana, mientras el pueblo pedía que sacaran a la Virgen.




Lo que pasó después desató el gozo de una multitud inquieta y apasionada que, a las 9 y 30 PM, había colmado el área con unas 2000 personas. Bajo cierta presión de las masas, la imagen llegó a una tarima apostada en la esquina del templo, sobre la cual, de inmediato, descendió una delicada lluvia de pétalos. La Bendita Imagen de la Caridad, las flores y la bandera dieron paso al canto del Himno Nacional. Se impuso el recogimiento y el respeto ante lo divino y lo patriótico, dos valores y registros que el pueblo de Cuba ha sabido defender y cultivar. Las vibrantes palabras que el señor cardenal dirigió a la inmensa y atenta concurrencia pusieron énfasis en este aspecto y en la presencia y la significación de la Virgen en nuestro devenir nacional. También aludió a los atributos que el pueblo valora en María de Nazareth y describió la riqueza insondable del trato que debemos darle a la Madre de Cristo y Madre nuestra. El arzobispo no desaprovechó la oportunidad para referirse a la próxima visita del Santo Padre Benedicto XVI a Cuba.
Tras la intervención del Pastor de la arquidiócesis, continuó la animación con cantos, oraciones y otras intervenciones de los sacerdotes Israel y el párroco Evelio Rodríguez, pasionista. Una hora después, el pueblo cedió un espacio para permitir que la urna con la imagen de la Reina de todos los Santos, entrara finalmente en el templo, delante de una multitud un poco más calmada que, no obstante, inundó la nave de la iglesia a los pocos minutos. Todos querían ver a la Patrona de Cuba, querían rogarle, suplicarle su poderosa intercesión ante la Santísima Trinidad con la que está en perfecta comunión.




Ubicada en el presbiterio, delante del altar y tras el comulgatorio, la iglesia de Los Pasionistas albergó, no solo la más grande devoción religiosa de nuestro país, no solo a uno de los símbolos principales de la nacionalidad y acogió otra escala en este inimaginable peregrinar de la Virgen por la Isla, sino que fue, por unos instantes, abrevadero natural de la misericordia del Padre Celestial pues mediante las manos de 4 sacerdotes transmitió sus bendiciones al pueblo. Se bendijeron niños y embarazadas, pero hicieron fila para recibir bendiciones personas de ambos sexos, de todas las edades y perfiles raciales. Y todo se hizo bajo la mirada protectora de María Santísima, cuya entronización realzó los fulgores del manto amarillo con pedrerías que, a la 1 y 30 AM, cuando este reportero salía para empezar a escribir, todavía iluminaba las almas de muchos vecinos y fieles que llegaba a su encuentro a esa hora de la madrugada.


Habey Hechavarría Prado es teatrólogo y profesor en el Instituto Superior de Arte de La Habana. Pertenece a los consejos de redacción de las revistas católicas Espacio Laical y Amor y Vida. Ejerce el periodismo cultural y la crítica especializada.

Saturday, January 7, 2012

EL CUATE




Por Eduardo Rodríguez Solís

De la serie Carnets de Eduardo Rodríguez Solís
(Número 129. 12-13-11)


Cuando yo trabajaba con Enrique Bátiz y su Orquesta Sinfónica del Estado de México, encargándome del diseño y redacción de los programas de mano, coordinación de solistas y arreglo de las giras por los Estados Unidos, estacionaba mi tartana (Datsun verde) al final de una avenida en las Lomas, que terminaba en la salida a la carretera a Toluca, frente a dos casas iguales. Ahí dejaba el carro y luego me iba a trepar a un autobús que me llevaba a Toluca…
Me hice cuate de un joven que siempre estaba arreglando las plantas. Supe entonces que las dos casas eran de Cantinflas (una la alquilaba al embajador de los Estados Unidos). El que cuidaba las plantas era muy sociable. Un día, cuando yo regresaba de Toluca encontré mi carro flamante, muy limpio. El ángel del Señor, que era ese cuate, lo había lavado. Pensé que algo de su carácter tenía que ver con el bueno de Cantinflas, pues hasta su pantalón lo traía un poco caído de la cintura…
Una vez, ya con el carro estacionado frente a las dos casas, habiendo saludado a mi cuate (Cantinflas II), iba yo caminando hacia la esquina de la avenida Constituyentes, cuando pasó la comitiva del Gobernador del Estado de México. Se detuvieron los carros y alguien de la escolta del Gobernador vino hacia mí, y me dijo: “Si usted va para Toluca, el Sr. Gobernador quiere que se suba a su carro”… En el viaje, platiqué con él, y ya en Toluca, entramos al Palacio de Gobierno… Y ahí iba yo junto al Gobernador… (Yo iba a Toluca por unos fondos que necesitábamos para un concierto en la ciudad de México)… Entré a las oficinas del Gobernador y hablamos de varias cosas. Aproveché la ocasión para regalarle un ejemplar de mi libro, Primer curso de amor, que publicó la editorial Joaquín Mortiz… Tomamos café con leche… Cuando salí de la oficina, encontré al mero mero de las finanzas, quien me comunicó que mi dinero estaba listo (y en efectivo)… Al saber que no tenía transportación, le pidió a un chofer que me regresara a la ciudad de México…
Desde luego, le comenté a Cantinflas II sobre mis buenas influencias en otra ocasión y juntos recordamos una escena que aparece en una de las primeras películas de Cantinflas. La escena se desarrolla en una cantina. Cantinflas narra a sus cuates una historia. Escribo el relato de memoria:

 El tranvía iba lleno, y nos movíamos de un lado a otro, como si anduviéramos en el mar. Frente a mí iba una muchacha guapetona, que me miraba de reojo. Ella me preguntó: “¿Qué me ve?” Yo le dije: “Es que usted está muy chula, y se ve muy bien.” Y me preguntó: “¿Le gustan mis zapatos?” Yo le dije que sí, que estaban muy a la moda, como debe ser. Y el tranvía seguía moviéndose, como trajinera en Xochimilco. Y me dijo: “¿Quiere que me suba un poco la falda, para que los vea mejor?” Yo le dije: “Pues estaría muy bien.” Y me dijo: ¿Y ahora, cómo los ve?” Yo le dije que se veían mejor, que brillaban de lo lindo. Y el tranvía seguía con sus movimientos, para allá y para acá… Y ella me dijo: “¿Qué le parece si le enseñó un poco la piernita?” Y yo le dije: “Pues no estaría mal.” Y el tranvía seguía con su zangoloteo. Y luego: “¿Quiere que le diga dónde me hicieron la operación del apéndice?” Y yo, tragando saliva, le respondí: “Pues, usted sabe lo que hace.” Y que señala con el dedo, por la ventana, un hospital pintado de amarillo…

 


Eduardo Rodríguez Solís (D.F.) ha publicado libros de teatro, cuento y novela. Fue el primer editor de la revista Mester, del Taller de Juan José Arreola. Su cuento San Simón de los Magueyes ha sido premiado y llevado al cine por Alejandro Galindo, con guión de Carlos Bracho. Su obra de teatro Las ondas de la Catrina ha sido representada en muchos países, así como en Broadway, New York. Actualmente vive y trabaja en Houston, Texas. (erivera1456@yahoo.com)

Sunday, January 1, 2012

BEAUTY AND THE RAIN

Shen Yun Performing Arts



By Dinorah Pérez-Rementería


It is a cold and rainy Saturday and we arrive at Jones Hall fifteen minutes after the performance has started. Apparently, the rain became an obstacle for us today, producing an inconvenient, heavy traffic on the freeway toward the Downtown area. Oh, but I do like the rain. In fact, I find it beautiful, and it soothes me when I feel overwhelmed by sorrows, or work, or thoughts. I believe real beauty generates a calming, comforting effect, for it simply offers itself as it is, like the rain. As we take the stairs that lead to the auditorium, I can perceive my mom’s accelerated breathing. We all feel a little upset because we didn’t make it on time for the beginning of the show in spite of having been expectantly waiting for it for almost three months. And yet, I know that a beautiful production awaits a few steps away that will remind us how enjoyable life was meant to be.  
Brilliant colors, graceful movements and tender smiles generously rain on stage while a large screen displays a Chinese landscape behind the “water sleeves.” A major element in classical Chinese dance, “water sleeves” serve to enlarge a dancer’s arms, swinging and spinning in the air even after the movement has ceased. An abundant harvest is proclaimed and celebrated. Expert in the arts and architecture, the Qiang people, one of China’s most legendary ethnic groups rejoice at a sudden vision of (abun)dance for the years to come. Countless flower petals and butterfly wings mix up together; snow flakes announce the birth of spring. We also see the Monkey King jumping in and out of the big screen, whereas jubilant monks scrub the floors -and each other’s back- in the temple of peace. Bit by bit, my mom’s breathing has calmed down. “Qué belleza,” she says, in a soft voice that only I get to hear.
Created in New York in 2006, Shen Yun Performing Arts is made up of dancers, choreographers and musicians in a mission to revive and refresh their Chinese cultural background. The term “Shen Yun” invites us to associate heavenly beauty with the colorful gestures of an earthly dancer fulfilling his “calling.” Shen Yun dancers seem to have been called to transmit beauty by means of rescuing their national heritage. Meeting our calling is, without a doubt, a significant event in our lives because it reveals the purposes for which we have been designed and that connect to our actual passions, desires and dreams.
But, when one fulfills her calling free of charge, one really experiences the fullness of life. No matter how many obstacles and inconveniences we may face along the way, there can still be found in us a deeper pleasure, the pleasure of God, the immeasurable joy of having him near. Being called to experience, not artificial but authentic, Beauty (mercy, compassion, and grace) is in and for itself a rewarding occurrence and, at the same time, the enterprise of offering it for nothing requires of us a lot of courage. One of my teenage students asked me the other day: “Do you cry at home, sometimes?” Yes, dear, we all cry; some people simply choose to hide their tears. I am glad that my students have already seen me happy, sad, and even very, very mad. I’ve laughed with them, but I have also given them a piece of my mind in several occasions.
Offering beauty is a considerably risky project as we are never given the guarantee ahead of time that what we present will be in fact well-received or whether it will make a difference in a person’s life. Beauty calls upon many but only the available ones will respond to the invitation. I am not saying that it doesn’t produce satisfaction when people confirm that what we can offer has some value, but let’s remember our true calling is to experience and to nourish ourselves again and again from that very splendid resource which has been lavishly supplied to us, like the rain, so that we don’t feel frustrated if we are to share it with others for free.


Happy New Year!